León XIV: "'Ven afuera' de los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad"
El Papa reivindica el episodio de la Resurrección de Lázaro como pórtico para la celebración de la Semana Santa, recordando que "es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida"
La Resurrección de Lázaro, el Evangelio de este domingo, fue el eje de la reflexión, previa al Ángelus, de León XIV. Muchos fieles, algunos que acababan de pasar por allí tras correr la mítica (y hoy, lluviosa) Maratón de Roma, a cuyos participantes el Papa saludó tras el rezo de la oración mariana. Muchas banderas españolas, también ucranianas, también israelíes, algunas de ellas unidas a la enseña vaticana.
En sus palabras, Prevost destcó este episodio, previo a la propia Resurrección de Jesús, como "un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo". El domingo previo al comienzo de la Semana Santa, no está de más recordar que el fin de la historia no está en la cruz, sino en el sepulcro vacío.
"De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida", glosó León XIV. " Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales".
Es, como lo definió, "el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero", y es que "estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él".
"El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad", advirtió el Papa, haciendo suyo el grito de Jesús a Lázaro, "¡Ven afuera!".
¿Cómo lo hará? "Animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites", finalizó el Papa, pidiendo a María que "nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado".