Bustillo, tras la visita del Papa: "Francia tiene sed de Dios, de espiritualidad"
El obispo de Ajaccio destaca el impacto de la visita del Papa en una sociedad secularizada pero sedienta de espiritualidad. “Ahora nos toca a nosotros encarnar lo que nos ha dicho”, afirma. Para Europa, el cardenal subraya el llamado de León XIV a recuperar sus raíces, su alma y la vía del diálogo frente a la guerra
(Sebastián Sansón Ferrari, Metz, Vatican News).- El viaje apostólico del Papa León XIV a Francia y su visita a la UNESCO deja, para el cardenal François-Xavier Bustillo, un binomio que resume buena parte del mensaje del Santo Padre: libertad y esperanza. Libertad para hablar al ser humano y a la sociedad sin quedar condicionado por las presiones del momento; esperanza para mirar una realidad marcada por dificultades sin quedar atrapados en ellas.
El obispo de Ajaccio, que acompañó al Santo Padre durante algunos momentos de estos días y que ya había recibido a Francisco en Córcega en diciembre de 2024, considera que León XIV ha encontrado una sociedad profundamente secularizada, pero no indiferente a las preguntas últimas. “Tiene sed de Dios, de espiritualidad”, afirma.
En conversación con Vatican News, este lunes 28 de septiembre de 2026, el cardenal francés, originario de Pamplona, España, destaca también la capacidad del Pontífice para dirigirse no solamente a los católicos, sino a quienes se encuentran “en la periferia del catolicismo”: personas que buscan una palabra de sentido y esperanza.
La libertad de decir una palabra distinta
Bustillo dice haber visto a León XIV “sólido”, con fuerza interior, serenidad y alegría. Pero pone el acento especialmente en otro aspecto de su presencia en Francia: la libertad.
“Vivimos en una sociedad francesa donde hay mucho miedo: miedo a lo que dices, miedo a lo que haces, a lo que van a decir, a lo que van a pensar”, explica. Frente a ello, el Papa -según su lectura- ha ofrecido un testimonio de libertad, sin situarse “en la táctica”, “en la estrategia” o “en la política”, sino en la búsqueda del bien de la persona.
Para el cardenal, esta actitud contiene también una palabra dirigida a quienes ejercen responsabilidades políticas, mediáticas, culturales y económicas: la necesidad de hablar y actuar sin un interés personal, teniendo como horizonte el bien de las personas.
Es, en su interpretación, una de las razones por las que el viaje puede trascender el ámbito estrictamente eclesial. León XIV ha hablado a los católicos, pero también a una sociedad francesa que continúa haciéndose preguntas sobre su futuro.
Una Iglesia que vuelve a ser visible
Uno de los momentos que más impresionó personalmente al cardenal fue la misa celebrada en París. Desde el altar pudo contemplar la multitud que se extendía hacia los Campos Elíseos y el Arco de Triunfo: miles de personas, muchos jóvenes, entusiasmo y alegría.
Bustillo recuerda que existían dudas sobre la respuesta que tendría la convocatoria. Sin embargo, aquella celebración le permitió percibir algo que considera especialmente significativo para Francia: la capacidad de la Iglesia de reunir y crear comunión en un país atravesado por divisiones y confusiones.
“Hablar de comunión es potente, es profético y es oportuno en una sociedad como la nuestra”, afirma.
La escena adquiere un significado particular en un país cuya relación con la Iglesia ha experimentado profundas transformaciones. El cardenal recuerda una historia marcada tanto por una fuerte tradición espiritual como por momentos de ruptura y secularización. Después de Mayo del 68, remarca, se produjo un progresivo alejamiento de la Iglesia, de Dios y de los sacerdotes.
Pero observa ahora signos que invitan a una lectura diferente. Muchos jóvenes, explica, buscan espiritualidad y se acercan a tradiciones religiosas fuera de Europa. Al mismo tiempo, aumentan las personas que solicitan el bautismo y la confirmación.
“Eso quiere decir que hay un vacío y que hay una sed”, sostiene. Y añade inmediatamente dos palabras: alegría y responsabilidad.
No quedarse en las imágenes
¿Qué queda después del viaje? Para Bustillo, la respuesta no puede limitarse a las imágenes de grandes multitudes ni al impacto inmediato de las celebraciones.
El cardenal habla de una “unción”, de una huella que deja el paso del Obispo de Roma por Francia. Y propone una tarea concreta: conservar la memoria de lo vivido y, sobre todo, hacerla fecunda.
“Un pueblo sin memoria desaparece”, recuerda, aclarando que no se trata de nostalgia ni de triunfalismo. La Iglesia francesa está llamada ahora a tomar los discursos, los gestos y las palabras de León XIV, analizarlos y “encarnarlos” en la vida espiritual y pastoral.
El Sucesor de Pedro, resume, ha venido durante unos días para decir “ánimo y hacia adelante”. La responsabilidad pasa ahora a los pastores y a los cristianos: avanzar “con entusiasmo, con alegría y sin desanimarnos”.
Metz, una palabra para Europa
La elección de Metz para concluir el viaje apostólico adquiere, en esta perspectiva, una dimensión que va más allá de Francia. Para Bustillo, el discurso de León XIV sobre Europa ha planteado una pregunta fundamental: ¿qué hace Europa con sus raíces y con su memoria?
El continente, sostiene, no puede entenderse solamente como una realidad geográfica o institucional. Es también una cultura y una historia compartida, en la que el cristianismo ha desempeñado un papel significativo.
El cardenal destaca especialmente la referencia del Papa a san Benito y a los monjes que contribuyeron a la construcción de una Europa civilizada. Y relaciona esta mirada hacia las raíces con otro de los grandes ejes del discurso: la paz.
Prevost, explica, ha recuperado la memoria de los padres de Europa y de figuras como Robert Schuman y Alcide De Gasperi para recordar que, después de dos guerras mundiales, Europa nació también de una intuición: hacer posible el diálogo entre pueblos y evitar que los conflictos desembocaran nuevamente en la guerra.
De ahí la importancia que Bustillo concede al llamado de León XIV a favorecer “más debates, más diálogo” y a recurrir a la diplomacia y a los contactos civilizados para evitar guerras “inútiles” y dolorosas.
Frente a una Europa que el cardenal describe como “cansada”, la palabra del Sucesor de Pedro le parece una invitación a recuperar confianza: Europa “todavía puede hacer algo por la humanidad” porque “tiene un alma” que debe conservar.
Una nueva etapa: volver a Jesucristo
Pero quizá el horizonte más profundo que Bustillo descubre en el viaje se encuentra en la misión de la Iglesia. Francia, reconoce, tiene la tentación de concentrarse en todo aquello que no funciona: la política, la economía, la vida social, la violencia.
León XIV ha propuesto otra mirada: reconocer las dificultades sin convertirlas en la única interpretación posible de la realidad. “Hay cosas que son buenas, hay que celebrar lo bueno”, afirma el cardenal al sintetizar el mensaje recibido.
Y ahí aparece nuevamente la esperanza.
Francia necesita esperanza, sostiene Bustillo, pero una esperanza que no sea ingenua. Se trata de atravesar las dificultades sin olvidar que los cristianos son “hijos de la resurrección”: después de la muerte viene la vida.
La misión de la Iglesia entra así en una nueva etapa. El cardenal recoge una de las claves que, según su punto de vista, León XIV ha dejado a los católicos franceses: volver a Jesucristo y al Evangelio.
Porque, explica, hoy se conocen muchas cosas de la Iglesia, incluidas algunas de sus páginas oscuras, pero se conoce poco a Jesús y al Evangelio. “El alma del cristiano está en el Evangelio”, afirma.
El desafío, por tanto, no consiste solamente en recuperar presencia social, sino en volver al centro de la fe y proponer nuevamente a Jesucristo.
“Empezar por Jesucristo y por el Evangelio”, resume Bustillo. Y concluye con una convicción que puede sintetizar el horizonte que deja el viaje: si el Evangelio vuelve a ser anunciado y vivido, “entonces el mundo tendrá la vida”.