La fórmula del Papa para crecer en el "amor mutuo" frente a "las lamentaciones y maledicencias"
Después del rezo del ángelus, León XIV reiteró su llamamiento a detener la guerra en Ucrania, mostrando su deseo de que "los diálogos de los últimos días puedan dar frutos y abran el espacio a la diplomacia"
La corrección fraterna frente a la maledicencia y ponerse de acuerdo para crecer en el amor mutuo. Dos formas a las que invitó este mediodía el Papa en su reflexión previa al rezo de la oración del ángelus desde el balcón del Palacio Apostólico, ante un numeroso grupo de fieles y peregrinos que le escuchaba desde la plaza de San Pedro.
"La corrección fraterna", comenzó señalando, "es un arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad. Hablarse con sinceridad —primero de tú a tú; después, si es preciso, entre dos o tres personas; finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad— significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento".
Frente a esta actitud, el papa Prevost aseguró que "la lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad". En este punto, León XIV señaló que "hay un segundo modo de amar fraternalmente, que para Jesús transforma incluso la oración: ponerse de acuerdo. No solamente cuando hay un conflicto, sino para pedir a Dios cualquier don".
"Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos. Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor", remarcó finalmente el Papa, dando la fórmula para crecer en ese amor fraterno.
Tras el rezo del ángelus, el Papa volvió a tener un emocionado recuerdo hacia Ucrania, al hacerse eco de los violentos ataques de los últimos días contra objetivos civiles, que han causado numerosas víctimas "inocentes". "Mi corazón se une al sufrimiento de la población que desde hace años vive en la angustia y en el miedo", expresó.
"Hago un nuevo llamamiento a poner fin a la violencia, a detener la destrucción y a abrir los corazones al diálogo y a la paz. Deseo que los diálogos de los últimos días puedan dar frutos y abran el espacio a la diplomacia. Elevamos nuestra oración al Señor para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo".
Las palabras del Papa antes del rezo del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
La Palabra de Dios proclamada en la liturgia de este domingo nos ofrece algunos criterios fundamentales de pensamiento y de acción. Leemos en la Carta a los Romanos que todos los mandamientos «se resumen en este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”» (Rm 13,9). San Pablo insiste en este punto con una imagen muy fuerte, presente también en el “Padre nuestro”. Escribe: «Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo» (v. 8).
Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar el perdón de las deudas. Sin embargo, hay una heredad que nos debemos los unos a los otros, sin quedar atrapados por ella: es la deuda de un amor mutuo. Toda la atención, el cuidado y el bien que hemos recibido nos hacen más libres y responsables.
En el Evangelio de este domingo, Jesús sugiere a cada comunidad cristiana al menos dos modos de ejercitar el amor mutuo. El primero es ser capaces de realizar la corrección fraterna. Es un arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad. Hablarse con sinceridad —primero de tú a tú; después, si es preciso, entre dos o tres personas; finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad— significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento. La lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad.
Además, hay un segundo modo de amar fraternalmente, que para Jesús transforma incluso la oración: ponerse de acuerdo. No solamente cuando hay un conflicto, sino para pedir a Dios cualquier don. Dice el Señor: «Si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá» (Mt 18,19). Esta promesa sugiere que podemos tener deseos comunes, dolores comunes, esperanzas comunes y, a través de la oración, crecer en la unidad. Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos. Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor.
Pidamos a María, quien tras el anuncio del ángel fue deprisa al encuentro de su prima Isabel para compartir la alegría y el cansancio del embarazo, que nos enseñe también a nosotros la gozosa deuda del amor fraterno.