León XIV 'conquista' Notre Dame, y lanza un mensaje a los católicos franceses: "Sean una Iglesia multiforme, viva y cercana"
El Papa proclama un nuevo impulso para la Iglesia francesa, que cuide la liturgia, pero esté abierta al mundo, que sea fiel al Sucesor de Pedro y no tenga miedo a renacer, como lo hizo la catedral de París después del aterrador incendio de hace siete años. "Antepongan la comunión con el Sucesor de Pedro a sus intereses personales (...). Juntos demostraremos que un mundo reconciliado es posible"
Tardó el Papa León XIV en detenerse a contemplar la absoluta belleza de la fachada de Notre Dame. Prefirió abrazar la belleza de los fieles que le esperaban, algunos al borde de la histeria, en la plaza. Tras su histórico discurso en la Unesco, el blindado papamóvil (los cristales tintados tenían un espesor bastante más grande que en Madrid) recorrió las calles de la ciudad de la luz, observado desde cualquier rincón por la torre Eiffel, y por miles de fieles (París, blindada, no impidió que la gente saliera a la calle), hasta detenerse frente a la catedral de Europa, pasto de las llamas el 15 de abril de 2019 y que hoy luce, de nuevo, en todo su esplendor. Como un símbolo del renacer de la Iglesia en la ya no tan laica Francia. Con todos los matices del mundo.
Entró finalmente León en la basílica, donde le esperaba una nutrida representación de la Iglesia francesa. Obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos, cooperadores de la Iglesia... Más de ocho mil personas que rezaron las vísperas con el pontífice, el primero en visitar la nueva Notre Dame.
Un impresionante coro de voces infantiles, y un no menos sobrecogedor órgano acompañaron el recorrido del Papa por las naves del templo que hizo inmortal Víctor Hugo, mientras León rezaba ante las reliquias de la corona de espinas de Cristo, un fragmento de la cruz y un clavo, que el pontífice besó. También tuvo un momento para saludar a los cristianos de Oriente, presentes en la ceremonia.
Tras la visita, la oración. El arzobispo de París, monseñor Ulrich, dio las gracias al Papa por su presencia en la catedral. "Hace poco más de un año, cuando me tomé la libertad de invitarle a París, usted me dijo que deseaba ver Notre Dame. Este deseo lo comparten los parisinos", apuntó el prelado, quien sacó 'músculo' de las nuevas vocaciones surgidas en Francia, más de 45.000, que "rezan por todos". "Gracias por presidir esta oración vespertina, gracias por animarnos, por su palabra. Rezamos por usted cada día, y nos llena de alegría rezar con usted, aquí y ahora", culminó Ulrich.
La liturgia, rezada (más bien cantada, magníficamente interpretada) en latín, desde fuera, y desde dentro, de la catedral. El calor no impidió que miles de fieles y paseantes acompañaran a través de las pantallas gigantes instaladas por el Ayuntamiento la oración, en la que Léon XIV pronunció una homilía. "Han pasado siete años desde que el mundo entero, conteniendo el aliento, contemplaba cómo la catedral fue devorada por un cruel incendio", arrancó, destacando la "impotencia humana".
"Aquel dolor no fue únicamente el de los católicos o los creyentes. En aquella hora dramática, comprendimos que Notre Dame es mucho más que un monumento", señaló. "El esplendor del resultado de su reconstrucción muestran que en este lugar late el corazón de un pueblo, que nos encontramos en el corazón vital de una civilización, donde el cielo y la tierra se encuentran".
El pontífice agradeció la contribución de todas las instituciones para la restauración de Notre Dame y sus caminos, culturales, espirituales y religiosos que trae consigo. "Se ha hecho vivir la tradición con la audacia de quienes tienen fe y miran al futuro con esperanza" proclamó León, quien agradeció a toda la comunidad de París. "La reconstrucción de la catedral ha sido ocasión de un encuentro que ha ensanchado los espacios de acogida y participación más allá de las fronteras de pertenencia eclesial", subrayó el Papa, quien pidió a obispos, sacerdotes y seminaristas "dejarse inspirar por lo ocurrido aquí".
"Den prioridad a la conversión misionera de la que Francisco nos dio testimonio desde su primera exhortación apostólica", proclamó. "No debemos tener miedo (...). Los cristianos no huyen de la complejidad, Dios les ha mandado a un mundo ya construido, ya marcado por la bondad y las miserias de los seres humanos", subrayó el Papa, defendiendo cómo "el amor de Dios triunfa sobre la muerte".
"En la catedral se funden piedra y luz", como el propio tejido humano, que "construye un lenguaje vivo a través de miradas diversas, constituidas en una unidad". "De la Encarnación brota la identidad de la Iglesia, llamada a estar siempre en salida" añadió. "como discípulos, saben bien que la comunidad cristiana no es un refugio para protegerse de su época. Al contrario, se ofrece, como las antiguas catedrales como un espacio de acogida y respeto para todos. Ahí reside la identidad de una Igelsia, en acoger a quien está lejos pero está cerca, acoger al extranjero en quien Cristo llama a la puerta".
"Sean una Iglesia multiforme, viva y cercana", reclamó, pidiendo ser reflejo "de un estilo evangélico", y agradeciendo la presencia de los fieles laicos, "avanzada" de la presencia católica en las sociedades laicas, para ser "capaces de desenmascarar relaciones injustas de poder y de preservar las semillas de justicia y de paz".
"La catedral no es una envoltura de piedra destinada solo a ser admirada", advirtió, invitando a la oración y la proclamación de la Palabra. "La comunidad está en el corazón de este templo", dijo, apuntando al altar. "La Iglesia es un cuerpo, que al celebrar manifiesta a todos la razón de su existencia".
Dignidad de la liturgia, y fidelidad al Papa
"Hoy más que nunca vivimos una época privada de plenitud y promesas", admitió León XIV, quien vio en la oración y la liturgia "un destello de esperanza, un oasis de paz en una sociedad hiperconectada y ruidosa". "Es la esperanza la que nos anima, no la resignación", subrayó, clamando por la "dignidad y decoro" en la liturgia. "Sean herederos conscientes de los padres y los santos de la Iglesia que a lo largo de los siglos nos han dejado el testimonio de la belleza de la liturgia", añadió, con un guiño a esta herencia en el Vaticano II. "Les exhorto a todos ustedes, a cultivar un amor auténtico por la liturgia y a ser testigos y servidores de la condición profética y sacerdotal de todo el pueblo de Dios".
"Anteponed la comunión con el sucesor de Pedro y con la Iglesia a vuestras sensibilidades personales, para cultivar la unidad del pueblo de Dios. Juntos, seremos la profecía de que un mundo reconciliado es posible", abundó, en lo que muchos interpretaron un recuerdo al cisma lefebvriano. "Que todos puedan sentirse en casa sin sentirse marginados", culminó. "Esta catedral ha renacido para que ustedes también puedan renacer con ella".
Tras la ceremonia, el Papa salió al exterior y, junto a la imagen de Nuestra Señora de París, rezó el Salve Regina. El sol del atardecer parisino impelió al pontífice para lanzar un último mensaje a los fieles: el de la oración con el pueblo y con la Virgen.