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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

El Papa clama por una Cuaresma "donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación"

“Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”, sostiene León XIV en su mensaje para la Cuaresma de este año

León XIV

“Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”. Así concluye el mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma, que lleva por título ‘Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión’, que acaba de hacer público la Santa Sede.

“Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu”, reflexiona Prevost, quien invita a, en Cuaresma, “escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”. 

La escucha resulta fundamental para el Papa, ya que “la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”. “La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud” recuerda León XIV, abogando por “un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón”.

La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud

Por eso, añade, “la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”, especialmente para “reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta”. Y tratar de “escuchar como Él”, hasta “reconocer que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.

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Ordenar los "apetitos"

En segundo término, el ayuno, que “constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”. La abstinencia de alimento, para Prevost, “es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión”. Del cuerpo, y del “hambre” del alma, y sirve “para discernir y ordenar los ‘apetitos’, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”.

Y, de nuevo, con una mirada hacia las realidades sufrientes, citando a San Agustín: “Es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos”.

Sin embargo, matiza Prevost, “para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad”. Ayunar para alimentarse, bien, de la Palabra de Dios. Así, “el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”. En este sentido, el Papa invita a los fieles “a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”.

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Desarmar el lenguaje, medir las palabras

“Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”, insiste León XIV. “Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.

Finalmente, el Papa propone hacerlo “juntos”, reivindicando la “dimensión comunitaria” de la escucha y el ayuno. “Nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real”, tanto para los individuos como “en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”.  

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