El Papa exhorta a acoger a los refugiados: "Nadie puede ser indiferente ante quien busca protección y ayuda"
Tras el rezo del ángelus, León XIV recordó la celebración, ayer, de la Jornada Mundial del Refugiado y apeló a "las conciencias de los responsables de las naciones"
Una invitación a "contemplar" para hacernos "apóstoles creíbles y libres". A esto ha invitado este mediodía el Papa en las palabras introductorias al rezo del ángelus que, glosando el evangelio del día, efectuó León XIV desde el balcón del Palalacio Apostólico, tras la intensa jornada que le llevó ayer sábado a peregrinar a Pavía para venerar las reliquias de San Agustín y visitar posteriormente la parroquia de santa Francisca Javiera Cabrini, patrona de los migrantes.
Pero quiso advertir el Papa, para no asustar tal vez con la imagen de ese empeño, que no hay que pensar en el hecho de "contemplar" como si se tratara de "una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o a los monjes y a los ermitaños. Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida", indicó.
"Esto –prosiguió–nos hace, cada vez más, personas de fe sólida y consciente, y por consiguiente apóstoles creíbles y libres, hombres y mujeres capaces de reflejar la luz del Evangelio en todos los ambientes y en todas las situaciones de la vida, testimoniándolo también allí donde su valor no es comprendido ni es aceptado".
Reconcoció también el Papa en este punto que "tanto hoy como ayer, es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia. Por eso es necesario que profundicemos en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en una relación intensa con Él", remarcó citando Evangelii gaudium, la exhortación apostólica del papa Francisco.
"Esto nos da la fuerza para no rendirnos y seguir transmitiendo a todos, en cualquier circunstancia, su mensaje de esperanza, de amor y de paz. ¡Al mundo le hace mucha falta!", subrayó Robert F. Prevost.
Jornada Mundial del Refugiado
A la hora de los saludos a los miles de fieles congregados bajo un sol ya plenamente veraniego en la plaza de San Pedro, el Papa recordó que ayer se había celebrado la Jornada Mundial del Refugiado, mostrando su "deseo de que el espíritu que animó la elaboración de este importante instrumento internacional continúe hoy iluminando las conciencias de los responsables de las naciones".
"Nadie puede ser indiferente ante quien busca protección y ayuda. Exhorto a todos a acoger a quienes son víctimas de persecución para que puedan vivir en paz, con dignidad y mirar al futuro con esperanza", subrayó el Papa.
Las palabras del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En el Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 10,26-33) Jesús, al enviar a los discípulos a la misión, les dirige esta exhortación: «Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea» (v. 27).
Establece una relación entre lo que escuchamos “al oído”, es decir, en lo secreto del corazón, y lo que estamos llamados a proclamar a todos, recordándonos que el anuncio del Evangelio es ante todo compartir un encuentro personal con Él, único para cada quien.
La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la autenticidad de nuestra respuesta. Santo Tomás de Aquino hablaba de la predicación como la transmisión a otros de lo que hemos contemplado: “contemplata aliis tradere” (cf. Summa Theologiae, III, q. 40, a. 1, ad 2).
Sin embargo, no hay que pensar en el “contemplar” como una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o a los monjes y a los ermitaños. Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida. Esto nos hace, cada vez más, personas de fe sólida y consciente, y por consiguiente apóstoles creíbles y libres, hombres y mujeres capaces de reflejar la luz del Evangelio en todos los ambientes y en todas las situaciones de la vida, testimoniándolo también allí donde su valor no es comprendido ni es aceptado.
San Mateo —autor del pasaje bíblico al que nos referimos—escribía para comunidades que no tenían una vida fácil. Debían afrontar hostilidad y persecuciones, como sucede aún hoy a muchos cristianos en tantos lugares de la tierra, y además había una gran tentación de desanimarse y dejarse vencer por el cansancio o el miedo.
Tanto hoy como ayer, es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia. Por eso es necesario que profundicemos en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en una relación intensa con Él (cf. FRANCISCO, Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8). Esto nos da la fuerza para no rendirnos y seguir transmitiendo a todos, en cualquier circunstancia, su mensaje de esperanza, de amor y de paz. ¡Al mundo le hace mucha falta!
Que la Virgen María nos ayude a ser discípulos misioneros del Señor Jesús, cada uno conforme a su propia vocación.