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El Papa, en un hospital psiquiátrico: "Fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad"

"Cada vez que visito un hospital, tengo un doble sentimiento: por un lado, siento dolor por los pacientes y sus familias; por otro, experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario para servir a la vida humana"

El Papa en el psiquiátrico

El Papa León XIV fue recibido a la entrada del hospital 'Jean-Pierre Olie' por el director y la subdirectora del centro, y juntos se dirigieron al patio principal, donde se encuentraban los pacientes y el personal del hospital. Tras un canto y una danza de bienvenida, seguidos de las palabras de bienvenida del director del hospital, el testimonio de un paciente y la lectura de un poema de un antiguo paciente, el Santo Padre pronunció su saludo.

Coro del psiquiátrico

En él, León XIV, comenzó hablando de sus sentimientos: "Cada vez que visito un hospital, tengo un doble sentimiento: por un lado, siento dolor por los pacientes y sus familias; por otro, experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario para servir a la vida humana". Y añadió que "un centro de cuidados como este puede convertirse, con la ayuda de Dios y el compromiso de todos, en un signo de la civilización del amor".

Porque, según el Papa, "Jesús vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos. Y un hospital, especialmente uno de inspiración cristiana, es precisamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, respetadas en su fragilidad, pero para ayudarlas a estar mejor, con una visión integral". Y, además, aseguró el POntífice que "fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad"

El Papa en el psiquiátrico

Discurso del Papa

Distinguida señora, 

señor Director General, 

distinguidas autoridades, 

queridos hermanos y hermanas: 

Les agradezco de corazón su hospitalidad, sus cantos y sus danzas. ¡Gracias! Cada vez que visito un hospital, tengo un doble sentimiento: por un lado, siento dolor por los pacientes y sus familias; por otro, experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario para servir a la vida humana. Esto también me sucede aquí, pero hoy, dentro de mí —y espero que en todos ustedes también—, prevalece la alegría; la alegría de reunirnos en el nombre del Señor y de cuidar a quienes viven en condiciones de fragilidad. 

Algunas palabras que escuché me han conmovido. 

El Director dijo: “Una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor”. Sí, así es. Este es un principio de civilización con raíces cristianas, pues fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad. Pero el Salvador no quiere ni puede salvarnos sin nuestra colaboración, tanto a nivel personal como social. Por esta razón, nos pide que amemos a nuestros hermanos y hermanas no de palabra, sino con hechos. Un centro de cuidados como este puede convertirse, con la ayuda de Dios y el compromiso de todos, en un signo de la civilización del amor. 

El señor Pedro Celestino quiso concluir con una expresión conmovedora: “Gracias por amarnos tal como somos”. ¡Gracias a usted por su testimonio! Sí, Dios nos ama como somos. Sólo Dios, en verdad, nos ama tal como somos. ¡Pero no para dejarnos como estamos! No, Dios no nos quiere siempre enfermos, ¡nos quiere sanos! Esto se ve muchas veces en el Evangelio: Jesús vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos. Y un hospital, especialmente uno de inspiración cristiana, es precisamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, respetadas en su fragilidad, pero para ayudarlas a estar mejor, con una visión integral. Para ello, la dimensión espiritual es esencial; me gustó mucho que el Director hiciera hincapié en esto.  

Para concluir, gracias al señor Tarcisio por su poesía. Quisiera decir que en un ambiente como este, se componen cada día muchos “poemas” ocultos, no con palabras, sino con pequeños gestos, con sentimientos, con atención a las relaciones entre ustedes. Es un poema que sólo Dios puede leer plenamente y que consuela el Corazón misericordioso de Cristo. 

Queridos hermanos, les pido que transmitan mi cercanía a todos los enfermos del hospital, especialmente a los más graves y a los que sufren más la soledad. A cada uno de ustedes —a los pacientes, al personal sanitario y a los demás empleados— les imparto de corazón mi bendición, encomendándolos a la protección de María, Salud de los enfermos. 

Papa en el psiquiátrico

Poema de Tarcisio Cervera, paciente reinsertado de la comunidad

¡Oh Santo Padre!

Oh Su Santidad  

Representante de la deidad  

Es de gran complacencia su presencia  

Porque a todo mal ahuyenta  

Y al alma da fortaleza.  

Yen gran humildad mostramos reverencia  

Yen nuestra euforia damos voces de alegria.  

Llegaste desde lo alto  

Para mostrarnos lo excelso  

Y con tu ejemplo de mansedumbre,  

Empatizas con lo humilde,  

Visitando a los enfermos,  

Guiando a los ciegos,  

Consolando a los afligidos,  

Y ante el Padre por los fieles intercedes.  

Seas de bendici6n al alma en aflicci6n  

Y consuelo al ser menesteroso  

Desde ahora y por siempre.  

El autor del poema, Tarcisio Cervera

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