La autoridad debe ejercerse buscando el bien de los demás. Cuando, en vez de buscar el bien de los demás, uno se aprovecha del encargo recibido, su autoridad se corrompe, deja de ser autoridad y se transforma en poder.
A los apóstoles les costó comprender quién era Jesús y la fuerza de su mensaje. Poco a poco Jesús les iba instruyendo, con paciencia y pedagogía, y así avanzaban en la fe y en el conocimiento del Maestro. A veces esta incomprensión sobre la enseñanza de Jesús llevó a los apóstoles a discutir entre ellos. Una de las discusiones más frecuentes que tenían era sobre quién de ellos era el más importante.
Hoy, la obediencia está un tanto desprestigiada, sobre todo cuando por obediencia se entiende una sumisión, sin reservas, a la autoridad. Curiosamente quienes acostumbran a quejarse de falta de obediencia suelen ser siempre los que mandan. Ya es más extraño que esos que mandan se planteen si mandan mal.
En estos últimos tiempos está apareciendo un fenómeno nuevo, no por el fenómeno en sí mismo, sino por la extensión con que se está dando: cada vez hay más personas adultas que solicitan el bautismo.
Basta ver durante cinco o diez minutos los titulares de alguno de los informativos de cualquier canal de televisión para darse cuenta de que el espíritu que penetra las almas de muchas personas, empezado, por supuesto, por los poderosos de este mundo, no es un espíritu de luz, sino de oscuridad.
El próximo viernes celebramos la fiesta del Corazón de Jesús. El Corazón de Jesús nos recuerda su amor íntegramente humano, sus sufrimientos humanos, su afectividad humana.
El Santísimo sacramento es el centro de gravitación de la liturgia católica. Santo Tomás de Aquino es uno de los teólogos que mejores reflexiones nos ha dejado sobre la eucaristía. Y es también un gran poeta que ha compuesto preciosos himnos en honor del sacramento. Ofrezco una muestra de su arte.
La clave, la luz, la perspectiva de todo amor cristiano es el Dios trinitario, en el que las tres personas divinas se aman con un amor total, incondicional y sin reservas, compartiéndolo todo y dándolo todo.
El lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen María, Madre de la Iglesia. Si María es madre de Cristo, y Cristo es el primogénito entre muchos hermanos, el primero de una larga lista de hermanos que somos los cristianos, entonces María es madre de los hermanos de Cristo, que somos nosotros.
El Espíritu Santo es la forma como Dios se hace presente en nuestras vidas: llenando nuestro corazón de alegría, poniendo nuestra inteligencia en sintonía con el modo de pensar de Dios, haciéndonos capaces de amar sin condiciones, llenándonos de fuerza para ser testigos de Jesucristo, y sosteniendo nuestra esperanza en medio de las dificultades.
Resucitar y subir al cielo son dos afirmaciones equivalentes, porque la resurrección no es una vuelta a la vida de este mundo. Si así fuera, la muerte no habría sido vencida.
Tradicionalmente, en el mundo católico, el mes de mayo es un mes dedicado a María. María es un nombre de origen hebreo que significa “excelsa” o “elegida de Dios”. Por tanto, es un nombre muy adecuado para designar a aquella que fue elegida por Dios para ser la madre de su Hijo. Por este motivo “todas las generaciones la llaman bienaventurada”
Incluso los seres más perversos conservan su dignidad. La dignidad es algo propio y constitutivo de cada persona y nadie puede perderla. Pero la persona puede comportarse indignamente. Cuando eso ocurre vive en contradicción consigo misma, en contradicción con lo que ella es.
Todas las tendencias contrarias a la fraternidad pueden resumirse en una palabra estrechamente relacionada con una ideología: individualismo, resultado de una mentalidad económica liberal, que conduce a pensar sólo en los propios intereses y utilizar a los demás en mi propio provecho.
El doble simbolismo negativo y positivo del agua nos permite entender el bautismo como un abandono del pecado, pasando por las aguas de la muerte, para vivir una vida nueva, vida que Cristo hace posible
Jesús crucificado ama a quienes le crucifican y este amor revela el amor de Dios hacia todos los seres humanos, incluso hacia quienes se diría, según nuestros juicios humanos, que menos se lo merecen. Dios rompe todos los esquemas.
El poder de Jesús resalta cuando lo comparamos con el del cruel gobernador romano Poncio Pilato que, como él mismo confiesa, tiene poder para mantener a alguien en vida o para matarlo.
La Iglesia reconoce la dignidad y grandeza de san José debido a su papel central en la historia de la salvación: es el esposo de la Madre de Dios y es el Padre legal de Jesús. José ha sido el hombre en quién Dios ha depositado su confianza para que cuidara de María y de Jesús.
Dios en este mundo se nos hace presente a través de mediaciones. En ellas descubrimos su voluntad. Pero las mediaciones nunca son claras del todo. Están lastradas de una ambigüedad ineliminable.