La Ascensión del Señor: aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre
"Siempre hay que aguardar con confianza lo que Dios tiene programado para cada uno de nosotros y dejarnos conducir por la manifestación del Espíritu Santo"
Jesús ha caminado con sus discípulos, a él lo han visto revelándose, lo han conocido, lo han escuchado. Se han llenado de gozo con Jesús, han sufrido con él, han sido acogidos muchas veces y han sufrido la expulsión de los lugares donde no los han querido.
Los discípulos han conocido al Padre a través de Jesús y ahora toca esperar para recibir al Espíritu Santo, quien los llenará de fortaleza para ser testigos de Jesús ante las naciones, bautizándolas y enseñándoles a cumplir todo cuanto Jesús ha enseñado.
Caminarán en la obediencia de la fe, asistidos y acompañados por el Espíritu Santo, haciendo el mismo camino que Jesús ha hecho.
Ellos, los humildes galileos, los pescadores serán testigos del poder y de la sabiduría de Dios, que quiere seguir su obra en ellos.
Así como el humilde carpintero que sorprendió a los suyos con la sabiduría para hablar y el poder de hacer milagros, así los humildes galileos sorprenderán a sus oyentes con la elocuencia de sus palabras y con el poder con el que actuarán en el nombre de Jesús sea predicando como curando enfermos y expulsando demonios.
Jesús sube al cielo a la derecha del Padre pero se queda vivo por el poder del Espiritu Santo en cada uno de sus discípulos que él ha llamado y escogido.
Nosotros también hemos sido llamados y escogidos para ser testigos de Jesús, para que él se manifieste a través de cada uno de nosotros.
Jesús espero años en Nazareth antes de ir al Jordán para recibir la fuerza del Espíritu Santo que ahí descendió sobre él, enviado por el Padre. Desde allí se movió a la misión que el Padre le confió y cumplió plenamente.
Los discípulos tendrán que esperar un tiempo corto para la manifestación del Espíritu Santo para partir a la misión que se les confía como apóstoles de Jesús
Sin esa manifestación del Espíritu Santo no podemos partir para la misión, porque no actuamos por cuenta propia sino que en el Espíritu Santo se va realizando la obra de Dios en nosostros.
Siempre hay que aguardar con confianza lo que Dios tiene programado para cada uno de nosotros y dejarnos conducir por la manifestación del Espíritu Santo.