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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

El Espíritu conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios

El salmo que proclamamos en este domingo nos dice: "dichoso el que es fiel a sus palabras y lo busca de todo corazón"

Fidelidad de corazón

En este domingo VI del tiempo ordinario se nos invita a seguir el camino de fe cristiana con un corazón sincero, sin doblez, no como el corazón de escribas y fariseos, quienes actúan con un corazón engañoso.

Por eso en el salmo que proclamamos en este domingo se nos dice: dichoso el que es fiel a sus palabras y lo busca de todo corazón.

Como bien dice la primera lectura del Eclesiástico: Él lo ve todo… el Señor conoce todas las obras del hombre.

De ahí que nuestra relación con Dios debe ser siempre en una comunicación sincera, con la transparencia humilde de reconocer delante de él quienes somos sin buscar ni pretender engañarlo. A los hombres los podemos engañar, pero a Dios nunca lo engañaremos.

Dios es Espíritu y el Espíritu que todo lo conoce es el que nos va ampliando o achicando, en la medida de la gracia que nos comunica de acuerdo con ese corazón sincero.

Espíritu

Es decir que el corazón es el que va ampliando el volumen del Espíritu en nosotros en la medida de la sinceridad. Si nuestro corazón abriga la mentira, el engaño, la traición, el adulterio, el abuso, el desprecio, el enojo, el odio… ciertamente la gracia del espíritu viene a menos en nosotros.

Por eso Jesús en el evangelio de Mateo nos dice que, si nuestra justicia no es mayor a la de los escribas y fariseos, quien actúan con un corazón engañoso y fraudulento, ciertamente no entraremos en el Reino de los cielos.

Jesús al decirnos que no ha venido a abolir la ley sino a darle plenitud, nos está conduciendo en el Espíritu que debe prevalecer en el cumplimiento de la voluntad de Dios, en los mandamientos que nos han sido dados y transmitidos.

De ahí la precisión cuando Jesús dice: quien mira con malos deseos a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón.

El corazón es lo más íntimo de nosotros y la relación entre nosotros se da en una comunicación del Espíritu. Por eso cuando hay engaño entre nosotros, al relacionarnos, es lo que percibe inmediatamente nuestro espíritu para tener cuidado y no confiarnos con quien se acerca a nosotros con doblez de corazón, y de igual manera, cuando nosotros nos acercamos a los demás con doblez de corazón.

Cuando las personas son buenas de corazón siempre prevalece como una nube la presencia del Espíritu sea en la oración, en la convivencia fraterna, en el trabajo, en la liturgia. Una presencia del espíritu quien nos hace sentir el gozo de su paz, de la armonía, de la claridad para escucharlo y sentirlo todo al comunicar en los diversos signos de comunicación. Y en esos ambientes nos sentimos gozosos, paz, felices como Pedro dice a Jesús en el monte de la transfiguración: que a gusto estamos aquí.

El Espíritu es el principal radar para detectar la veracidad de la comunicación, porque el Espíritu revela lo que hay en el corazón del hombre.

Esa es la sabiduría misteriosa que Dios revela a los adultos en la fe, como dice san Pablo en la segunda lectura de su primera carta a los Corintios y en el Eclesiástico: Es infinita la sabiduría de Dios…lo que nosotros predicamos…Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios.

Decir perfectamente, da a entender que ni coma ni letra más pequeña de la ley debe dejar de cumplirse, con el rigor del corazón, donde debe abrigarse la sinceridad, la bondad, la rectitud, el no querer abusar y donde la misericordia es madre de paciencia y compasión.

Conexión

No en el rigor de lo externo engañoso sino en la sabiduría del espíritu que ve el corazón, y transita y alimenta nuestra vidas y relaciones en la sinceridad de nuestros corazones.

La superficialidad no es de Dios, el corazón del hombre es lo que hace posible la presencia o ausencia de Dios en él.

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