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Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

Obedecer a Dios y reconocerlo en Jesús, haciendo viva su palabra en cada uno, eso es construir en roca, con firmeza, si miedos ante los zarandeos de los vientos fuertes que arrecian contra el portador de esa palabra de Dios

Pedro y las llaves

En este domingo 21 del tiempo ordinario, la liturgia de la palabra nos conduce para entender que todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él.

La riqueza de la sabiduría de Dios que san Pablo nos refiere en la carta a los Romanos nos mueve a poner toda la confianza en Dios.

Dios se forma un pueblo elegido en la persona de Abraham, el cual crece y se multiplica.

De ese pueblo nace Jesús, el cual elige a sus apóstoles, entre los que se encuentra Simón Pedro.

A estos apóstoles Jesús les dice que al guardar y obedecer sus palabras serán amados por el Padre y el Padre y Él vendrán a hacer su morada en quien guarda su palabra. Y que se parecerán a quien construye su casa sobre roca y que ni huracanes, ni vientos contrarios, ni lluvias fuertes podrán contra ella, porque serán sostenidos por él mismo, que es la palabra, y que es capaz de caminar sobre agua en tiempos de la tormenta.

A quienes se les dan las llaves para abrir y cerrar, son custodios y siervos de la casa Dios les confía.

Ellos como siervos deben velar de principio a fin en esa puerta que son colocados por Dios. Jesús mismo es la puerta para acceder al Padre, como el mismo Jesús lo dice: nadie va al Padre sino es por mí.

Así también, no accedemos a Jesús sino es a través de quienes él ha puesto en la puerta con sus llaves para abrir y cerrar.

La fe es un don divino comunicado, que nos hace vivir con convicción que ese Jesús de Nazareth es el ungido de Dios Padre.

Es Jesús quien ha recibido toda la fuerza de lo alto por el Espíritu Santo que se ha manifestado sea en su encarnación en el vientre de María como en el bautismo, al ser bautizado por Juan en el Jordán.

Así se le dio la señal a Juan el Bautista: a aquel en quien veas descender el Espíritu, ese es.

Así también los apóstoles reciben el Espíritu de lo alto el mismo día de Pentecostés, cuando aparecen sobre ellos lenguas de fuego y hablan de las maravillas de Dios.

La sabiduría de Dios conduce por caminos, tiempos y formas que Dios conoce y que nos llevarán a feliz término en la misión y meta a la que somos conducidos por parte de Dios.

Hacer este camino en Dios, que es de inmensa sabiduría, nos lleva a dar abundantes frutos, porque es Dios el que siembra, el que cuida, el que poda y que hace florecer en cada uno esa gracia que el mismo comunica.

Quienes han hecho posible la obra de Dios que hoy vemos en una iglesia milenaria que ha atravesado los tiempos, las fronteras , que ha unido pueblos, lenguas, ha sido posibles a través de la obediencia en la fe como Abraham, La Virgen María, los Apóstoles( Pedro y compañeros), los Santos, etc.

Obedecer a Dios y reconocerlo en Jesús, haciendo viva su palabra en cada uno, eso es construir en roca, con firmeza, si miedos ante los zarandeos de los vientos fuertes que arrecian contra el portador de esa palabra de Dios.

Por lo tanto, nos toca siempre fortalecernos en el Espíritu de Dios en las fuentes de donde emana ese Espíritu: la oración, la meditación de la palabra de Dios, la caridad, el ayuno, la misericordia, la reconciliación, la fraternidad, etc. Todo lo anterior nos llevar a estar unidos, primero con Dios y entre nosotros, y estar unidos nos hace siempre muy fuertes e inquebrantables.

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Sophía