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'Intinerar': Amor y projimidad en el nuevo libro de Pepa Torres 

"Tras la lectura solo queda agarrar la vida, agarrar la Palabra, agarrar a quienes nos precedieron, agarrar la vida comunitaria y ponernos manos a la obra"

Imagen de la portada del libro de Pepa Torres | ST

La errata fortuita en el título del último libro de Pepa: Guiadas por el deseo. Intinerarios de amor y projimidad, nos lleva a exprimir el neologismo y a ponerlo al servicio de la intención del libro. In-terior e in-tinerar quedan conectados para caminar de un lugar a otro, por el interior y por el exterior, en una línea contínua donde la frontera entre “dentro” y “fuera” se ha desdibujado. Y en esa línea contínua que fluye sin rupturas, Pepa nos propone experimentar los llamados “ejercicios espirituales” en un lenguaje actualizado. 

Intinerar por las páginas del libro de Pepa, tiene como consecuencia “transfigurar” nuestra vida, al interior y al exterior porque, todo lo que nos pasa dentro, se manifiesta en la vida que nos acontece. 

Margarita Saldaña ya lo adelanta en el Prólogo: Pepa nos cuenta su experiencia del Evangelio desde un deseo que crece cuando se comparte. Va a presentar, desde la propuesta ignaciana de ejercicios, una actualización del verbo reflectir, donde el dinamismo propio de esos ejercicios nos empuja a salir al encuentro de las innumerables necesidades de sanación que portan las personas que nos cruzamos cada día. 

Todo ello, atravesado de la perspectiva de las mujeres, el compromiso con la justicia y el cuidado de la casa común. 

¿Qué llevamos para este “intinerar” en esta propuesta? Leemos con gozo que vamos cargadas del Amor contemplado del que nos habla Ignacio y que se pone en las obras. Y que a modo de provisiones para el in-tinerario tenemos: la dimensión comunitaria, las paradojas del Evangelio, los hombres y mujeres testigos que nos han precedido, el espabilarse, el estar en el mundo y el escuchar la Palabra de Jesús. Con todo ello, y con actitud agradecida, podemos empezar, ahora sí, a “in-tinerar” por las páginas del libro. 

Pepa Torres

En cada uno de los 8 capítulos, Pepa nos expone una reflexión propia enriquecida con textos bíblicos y con textos de quienes nos han precedido en el camino, armándonos con palabras para caminar desde nuestro pozo interior hacia los itinerarios de la cotidianeidad. Leemos textos del Evangelio, de la Fratelli tutti, de Juliana de Norwich, de Desmond Tutu, de Hadewich de Amberes, de Leonardo Boff, de Luis Espinal, de María de Oingt… en común unión, andando sobre sus pasos. 

La sorpresa, el asombro, el deseo. El primer capítulo nos invita a permanecer, a saborear. Sustantivos y verbos que sugieren otra forma de intinerar: expuestas al Amor, expuestas a la experiencia de ese Amor. Un inicio con parada. La paradoja de este principio es toda una declaración de intenciones. Un parar para salir, un ver para actuar, un contemplar para la conversión. Un Amor. 

Un Amor que se hace cuidado en los cuerpos concretos de quienes están en nuestro radio de projimidad. Intinerarios del cuidado propio, del cuidado de los demás y del cuidado de la casa común. Un delicado equilibrio, o un contínuo pasar hacia dentro y hacia fuera, cuidándonos y cuidando. No hay en este capítulo sublimación del cuidado, sino acogida del mismo en las personas humanas que habitamos un cuerpo, para vivir como pensamos, en el ahora. 

Un Amor en el que somos, nos movemos y existimos. Dice Pepa que acuerpadas. Lo ha anticipado en el capítulo anterior y tenemos además que la Buena Noticia llega en el “cuerpo a cuerpo” de Jesús con quienes se encuentra. Soy porque somos, es un intinerario por los cuerpos como templos sagrados. 

Las heridas de la vida aparecen expuestas por Pepa sí, pero con la capacidad de obrar el milagro de la metamorfosis

Habitadas por el Amor, nos ancla a la tierra porque nos sabemos vulnerables y con capacidad de vulnerar. Las heridas de la vida aparecen expuestas por Pepa sí, pero con la capacidad de obrar el milagro de la metamorfosis: la oruga que se hace mariposa, cíclicamente. Los textos nos preparan para intinerarios de fragilidad, donde la mujer del perfume y la hemorroísa son ejemplos de mujeres de Espíritu que empujan a vivir transformaciones insospechadas. 

Mediadoras de sanación es el puente que nace de forma natural entre nuestras propias sanaciones y el deseo de que ese Amor se concrete en justicia, cuidado y ternura en su dimensión social y política. Amor al estilo de Jesús, con un Evangelio no tranquilizador, sí, en cambio, lleno de ternura. Amor que nos quita la serenidad para adentrarnos en el sufrimiento humano real. Amor que experimenta necesidad y urge a la acción. Y en los intinerarios de este capítulo, Pepa nos recuerda que Jesús colocó la totalidad de la historia de la humanidad bajo la autoridad de quienes sufren. La palabra compasión se convierte así en una imagen de rostros reales, caras de las personas que miran y ven, y caras de los hospederos: las redes que se tejen y las sinergias. Sin olvidar a quienes plantan cara al sistema, como la mujer sirofenicia, en pie de igualdad, cuestionando el plan de Dios. 

Mesa de debate con Pepa Torres, Teresa Casillas, Raquel y Lala Franco | RMEI

Como pan que se parte y se reparte nace de la experiencia de comensalidad de Jesús a lo largo de su vida con personas de todo tipo y condición. Leer los párrafos de este capítulo nos sitúa críticamente delante de unas eucaristías donde no hay diaconía, no hay servicio a la vida y a sus aspectos más básicos y materiales como hizo Jesús. Nos preguntamos al leerlo si nos hacemos pan partido y repartido para la comunidad humana que sufre la pesadilla de vivir en los márgenes. Pepa recuerda en este capítulo el servicio que prestamos las mujeres, nuestro diaconado, desde los inicios del cristianismo. Servicio no reconocido ni valorado, siendo como somos, pan partido y repartido a diario en la Iglesia. 

Amando sin límite y hasta el fin, así es nuestra cruz al estilo de Jesús. Una cruz que es consecuencia de opciones de ternura amorosa y de compromiso con los últimos. Una cruz sí, que no nos ahorra sufrimiento y es muy incómoda. En este capítulo, Pepa nos invita a no banalizar el mal, a no ocultarlo y a confrontarlo señalándolo. Jesús lo experimenta en su encarnación. No queda luz. Solo queda permanecer. 

Rasgar la vida para alumbrar lo inédito viene tras permanecer. Se cierra el círculo con el primer capítulo donde se nos invitaba a “permanecer”. La pasión por la vida atraviesa tiempos oscuros para llegar a la vida “otra” nos dice Pepa. De la mano de María Magdalena, dejamos el pasado y la nostalgia para actualizar el rostro y la Palabra de Jesús, en un proceso de evangelización de los sentidos que nos convierte en anunciadoras de esa vida “otra”. Es para mí, este capítulo, el más conmovedor, el que más invita a intinerar. 

Y todo ello gratis, gratis, gratis

Tras la lectura solo queda agarrar la vida, agarrar la Palabra, agarrar a quienes nos precedieron, agarrar la vida comunitaria y ponernos manos a la obra. Este libro es una buena herramienta para agarrar intinerarios de amor y projimidad. Es una buena herramienta para enseñarnos a contemplar en la acción y en la relación. 

Invitadas quedamos. 

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