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El primer debate sobre Magnifica Humanitas, #primeroRD

Juan Vicente Boo: "León XIV dejó claro que seguiría todas las grandes líneas de Francisco. Al cabo de un año, vemos que lo está haciendo"

El veterano vaticanista publica 'León XIV, el Papa de la Nueva Era' (Espasa), un relato imprescindible para entender la figura de Prevost, a dos semanas de que visite nuestro país, y en vísperas de la publicación de 'Magnifica Humanitas', su primera encíclica

Juan Vicente Boo, con su último libro

"León XIV pasará a la historia como 'el Papa de la unidad', por su insistencia en la concordia y promoverla mediante gestos serenos, sin levantar la voz, consultando sinodalmente a todos en la Iglesia e invitando continuamente a la concordia a las sociedades y países". Palabra de Juan Vicente Boo. El veterano vaticanista publica 'León XIV, el Papa de la Nueva Era' (Espasa), un relato imprescindible para entender la figura de Prevost, a dos semanas de que visite nuestro país, y en vísperas de la publicación de 'Magnifica Humanitas', su primera encíclica. Conversar con él, todo un lujo. Coincidir en sus análisis, y en su mirada de luces largas, una satisfacción.

Pregunta. Publicas el libro justo antes de la nueva encíclica papal, y el inminente viaje a España. ¿Son dos acontecimientos que pueden marcar su pontificado? ¿Por qué?

Respuesta. Puedo equivocarme, pero creo que la encíclica “Magnifica humanitas” va a marcar no solo su pontificado sino un “despertar” de los cristianos y de mucha gente para enfocar, por fin, correctamente las IA, actualmente desbocadas. Es decir, aprender a verlas como herramientas, sin dejarnos engañar por sus antropomorfismos ni sus falsas empatías, de modo que sea la persona quien lleve las riendas de la propia vida. Ya en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, León XIV advirtió que las IA son “arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales” al servicio de un reducido oligopolio de gigantescas empresas tecnológicas. El viaje a España, un país que Robert Prevost conoce a fondo por haberlo visitado cincuenta veces, será una gran fiesta para todos pero, al ritmo en que está programando viajes internacionales, creo que en un par de años será visto como uno más.

Boo, con su libro sobre León XIV

P. Hablas en el título de León como ‘el papa de la nueva era’. Una era marcada por la IA, la polarización, las guerras larvadas, la ‘era Trump’…. ¿Cómo ser un pontífice que aboga por la unidad en mitad de un mundo que se rompe?

R. Pues este es su gran desafío, pero lo está abordando muy bien. Tengo la corazonada de que pasará a la historia como “el Papa de la unidad”, por su insistencia en la concordia y promoverla mediante gestos serenos, sin levantar la voz, consultando sinodalmente a todos en la Iglesia e invitando continuamente a la concordia a las sociedades y países. Siendo realistas, la probabilidad de que Trump le escuche es penosamente baja pero, en cambio, los norteamericanos le miran cada vez con más interés. Por desgracia, no le escucharán ni Putin ni los ciudadanos rusos, debido a la férrea censura. En Israel, a su vez, buena parte de la población judía está envenenada por el odio y la indiferencia ante las continuas matanzas de civiles en Gaza —que los principales expertos en la Shoah han calificado de genocidio—, en Cisjordania y en Líbano, donde se están produciendo continuos crímenes de guerra. León XIV ha dicho muchas veces que no podemos dejarnos insensibilizar ante esas atrocidades.

En la etapa de Francisco el problema no era tanto de división entre dos bandos enfrentados —pues había ruido y protestas solo por un lado— como de pura desobediencia de algunos eclesiásticos conservadores y politizados, sobre todo de Estados Unidos, a los que medios “católicos” financiados por millonarios de ese país hacían continuamente de altavoz

P. ¿Y en mitad de una Iglesia fracturada?

R. Bueno, en este terreno llevo tiempo pensando que en la etapa de Francisco el problema no era tanto de división entre dos bandos enfrentados —pues había ruido y protestas solo por un lado— como de pura desobediencia de algunos eclesiásticos conservadores y politizados, sobre todo de Estados Unidos, a los que medios “católicos” financiados por millonarios de ese país hacían continuamente de altavoz. La experiencia sinodal en los dos últimos años de Francisco puso en el camino del diálogo y de la escucha a todas las mentes abiertas. Las cerradas tienen mal arreglo.

El papa de la nueva era

P. ¿Cómo definirías a León XIV?

R. Su personalidad es tan rica y multifacética que me resulta imposible definirla en una frase corta. En el libro “León XIV, el Papa de la nueva era” utilizo muchas, desde “un matemático, teólogo y jurista con una capacidad de análisis extraordinaria” hasta “un seguidor sencillo y alegre de Jesús” o “un hombre extremadamente libre que reflexiona y decide sin ataduras”. Y muchas otras, pero todas son fragmentarias, insuficientes. A medida que profundizaba en su personalidad me iba dando cuenta de que estamos ante un gigante, y mucha gente lo irá descubriendo.

P. Cada Papa es un mundo, un estilo, un modo de ser, pero es imposible no comparar a Prevost con Bergoglio. Dos caracteres distintos, distintos énfasis, pero… ¿el mismo programa? ¿Crees que el Papa continuará con las grandes intuiciones de Francisco?

R. Externamente, son dos tempermentos muy distintos. Uno era vivaz y exuberante y otro es sereno y sistemático. Pero lo importante es que son dos personas de corazón grande, absolutamente centradas en Jesucristo. Desde sus primeras palabras en el balcón, León XIV dejó claro que seguiría todas las grandes líneas de Francisco y, al cabo de un año, vemos que lo está haciendo. Que se ponga con frecuencia una muceta roja es solo un aspecto formal, que a muchas personas le gusta, y que no disminuye en absoluto su énfasis explicito en aplicar “La alegría del Evangelio”, en la sinodalidad —ahora también cardenalicia— o su amor a los más desfavorecidos —personas sin hogar, presos e inmigrantes africanos paupérrimos— como veremos en cuatro momentos de su visita a España.

Mi impresión es que Trump va camino de la autodestrucción —arrastrando en ella a muchos inocentes— y no necesita una némesis externa. Lo que llevamos visto en este año y medio era inimaginable. Lo que todavía no veo claro es cómo será el futuro, pues un porcentaje amplio de norteamericanos, azuzados por mensajes de crispación y odio, se han vuelto muy amargos e impredecibles

P. Volvamos por un momento a Trump. Tú, que conoces perfectamente tanto EEUU como el Vaticano, ¿crees que Prevost será la ‘némesis’ de Trump? ¿O más bien preparará el futuro pos-Trump?

R. Puedo equivocarme, pero mi impresión es que Trump va camino de la autodestrucción —arrastrando en ella a muchos inocentes— y no necesita una némesis externa. Lo que llevamos visto en este año y medio era inimaginable. Lo que todavía no veo claro es cómo será el futuro, pues un porcentaje amplio de norteamericanos, azuzados por mensajes de crispación y odio, se han vuelto muy amargos e impredecibles. Me duele comentarlo en público, porque amo a ese país, donde fui corresponsal ocho años, pero creo que los europeos debemos despertar y asumir las riendas de nuestro futuro en todos los terrenos en la línea de aquel gran mensaje —«un grito lleno de amor»— que Juan Pablo II lanzó a la «vieja Europa» en 1982 desde Santiago de Compostela.

P. ¿Qué esperas de su viaje a España? ¿Cuáles crees que pueden ser las claves?

R. Ante todo, un reencuentro de familia. Después de cinco viajes de Juan Pablo II y tres de Benedicto XVI era lógico que España tuviese que esperar un poco “el siguiente turno”, que ya no llegó con Francisco debido a que la pandemia trastocó el calendario de viajes y después su enfermedad lo hizo imposible. Espero que nos ayude a “alzar la mirada”, a no dejarnos empequeñecer y a no dejarnos manejar por políticos y redes sociales sin escrúpulos que nos incitan a la crispación y al enfrentamiento mutuo, convirtiendo la vida social en una pesadilla que pone de mal humor. En “alzar la mirada” incluyo nuestra responsabilidad exterior: España puede hacer más en el terreno de ayuda a otros países. Los voluntarios —sean jóvenes o mayores— vuelven siempre más maduros y felices. Los que se quedan en España quejándose, o salen solo a hacer turismo, caen más fácilmente en el negativismo inútil ante lo que funciona mal aquí.

Juan Vicente Boo, en Santa Anna | Flama

P. ¿Cuál es el momento, o los momentos, que dejarán huella?

R. Lo más específico de este viaje es la bendición de la torre más alta del mundo en la Sagrada Familia, y el realce a la figura de Gaudí, que era un genio de la arquitectura, pero también de la generosidad, la espiritualidad y la humildad, por eso está avanzando en Roma su causa de beatificación. El segundo aspecto único es la primera visita de un Papa a la “ruta atlántica”, desde África a Europa, que intentará humanizar como Francisco hizo con la “ruta mediterránea”. Me encanta que León XIV haya decidido celebrar el 4 de julio, 250 aniversario de la independencia de su país, en Lampedusa, con los refugiados africanos y quienes les ayudan.

P. ¿Cuánto ha cambiado el Vaticano desde que llegaste en 1998, cuando parecía que el rápido declive de salud de san Juan Pablo II pronosticaba un final de pontificado?

R. ¡Ha cambiado muchísimo y para bien! Yo venía de Bruselas y después Hong Kong y Nueva York, por lo que el clericalismo, carrerismo y exceso de italianismo o de autorreferencialidad me repelían. Francisco hizo una limpia gigantesca de esos problemas, de la corrupción económica y del encubrimiento de los abusos sexuales, aunque nunca hay que bajar la guardia. Ahora tenemos dicasterios todos de igual nivel, encabezados por el de Evangelización; tenemos prefectas de dicasterio y una gobernadora del Estado del Vaticano. Por no hablar de las 54 madres sinodales con voz y voto entre los 348 miembros de la última Asamblea. Ha sido también espectacular el cambio hacia una cultura de servicio a las diócesis y conferencias episcopales, entre las que tienen ahora nuevo protagonismo las continentales. Para octubre de 2028 esta convocada la Asamblea Eclesial —eclesial, no episcopal— que será otro gran paso.

P. ¿Con qué Iglesia sueña Juan Vicente Boo?

R. Desde hace mucho tiempo mi referencia favorita son los primeros cristianos, sobre todo por su actitud positiva y su sentido de responsabilidad evangelizadora, aunque no faltaran problemas y errores. Desde el siglo IV contamos afortunadamente con iglesias para el culto, pero tenemos que volver a las “iglesias domésticas” como lugares de transmisión natural de la fe y del ejemplo de vida de los cristianos para otras familias y ciudadanos. “Magnifica humanitas” nos animará a dejar de lado las pantallas y a prestar más atención a las personas, a las “voces y rostros humanos” como nos dice León XIV.

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