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Liturgia del 15º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Diáconos sembradores de esperanza

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu ESTÁN con todos vosotros.

Y con tu Espíritu

MONICIÓN DE ENTRADA

Hemos reflexionado sobre la parábola del sembrador una y mil veces y podemos seguir aprendiendo con ella. La lectura del evangelio es algo vivo. Siempre hay algún aspecto que nos remueve e incluso podemos escuchar alguna idea en la que nunca habíamos reparado. Es el caso de este pequeño detalle, con muchísima miga.

La semilla que se siembra a voleo no es solamente la Palabra de Dios. ¿Y entonces, qué es “La verdadera semilla”?Es lo que hay de Dios en nosotros. Hay que dejar que germine nuestra propia semilla y dar frutos de compasión, entrega, paz y plenitud humana. Por ello renovamos nuestra adhesión a Jesús el Maestro y la fraternidad entre nosotros.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

Si la semilla es lo que hay de Dios en nosotros, debemos, ante todo, reconocerla y darle gracias por ello. Por todo lo bueno que hay en nosotros.

Por la semilla del amor que nos has dado para compartir con los demás. Gracias Señor

Por la semilla de la palabra que nos permite comunicarnos con los hermanos. Gracias Señor.

Por la semilla de la sensibilidad que nos impulsa a estar atentos para ayudar a los hermanos. Gracias Señor.

Dios, Padre amoroso, nos impulsa con su Espíritu, comprende nuestros fallos y nos guía a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, Tú tienes piedad de nosotros

ORACIÓN COLECTA

Padre amoroso y bueno,

sembrador incansable de los tiempos,

Tú que, desde el principio del mundo,

saliste a los caminos de la historia

con tu costal repleto de semillas generosas

y fuiste repartiendo con paciencia

los gérmenes fecundos de una vida nueva y crecedera:

No nos dejes caer en la tentación

de meternos por caminos resbalosos

que desprecian las maravillas infinitas

de tu exuberante creación.

Señor Jesús,

semilla primordial,

Tú que sabes de siembras dadivosas,

de dar sin recibir,

de amor hasta el extremo,

enséñanos a estar dispuestos

para acoger tu vida

que explota hasta nosotros.

No nos dejes caer en la tentación

del crecimiento fácil y veloz,

que brota sin raíces

y muere prematuro,

sin ofrecer al mundo

una cosecha preñada de belleza.

Espíritu de sabiduría,

Luz que penetras las almas,

e iluminas sin descanso

nuestras oscuras tinieblas,

queremos que tus palabras de vida

germinen en nosotros.

No nos dejes caer en la tentación

de ahogar en nuestro surco

la semilla humilde y débil

que crece vacilante

en medio de las preocupaciones,

las riquezas y placeres de la vida.

Dios uno y trino,

que sigues repartiendo tus semillas

con paciencia sin fronteras

y la libertad del viento,

queremos ser “tierra buena”,

que se abre a tu Palabra,

para recibir sin condiciones

tu semilla siempre nueva.

Hágase tu voluntad en nuestra tierra

y que nuestro corazón sea perseverante,

como tú quieres,

para ofrecer al mundo

los desbordantes gozos

de una cosecha centuplicada,

que salte con la alegría

de la espiga agradecida. Amén

Lectura del Profeta Isaías. 55, 10-11

Esto dice el Señor:

Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.

Palabra de Dios

Salmo 64

- La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua.

Tú preparas los trigales:

riegas los surcos, igualas los terrenos,

tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes.

Coronas el año con tus bienes,

tus carriles rezuman abundancia.

Rezuman los pastos del páramo,

y las colinas se orlan de alegría.

Las praderas se cubren de rebaños,

y los valles se visten de mieses

que aclaman y cantan.

- La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Lectura de la Carta de San Pablo a los Romanos. 8,18-23

Hermanos:

Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

Porque la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que, hasta hoy, la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. 13,1-23

R/Gloria a ti, Señor.

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

- Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.

El que tenga oídos que oiga.

Palabra del Señor.

R/Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Jesús sale al encuentro de las personas. Las espera, se deja encontrar. Se dirige a todos, desde el lago, en el ambiente habitual de quienes le escuchan.

No necesita un púlpito especial de bella hechura, como tantos de degradantes épocas posteriores, en que se dio más importancia a la belleza del púlpito que a lo que desde allí se decía.

Jesús utiliza parábolas, comparaciones tomadas de la vida cotidiana, como forma corriente de enseñanza a la gente sencilla, para hacer comprensible su mensaje.

Es un mensaje de ánimo, de fe y esperanza. Jesús, con las parábolas, convierte en buena noticia y magnífica lección los acontecimientos de cada día.

La LUZ de las lecciones de Jesús sigue siendo actual. No pertenece al pasado. Es válida para todas las épocas.

El sembrador es Jesús y nos invita a confiar en Él y en la calidad de la semilla.

Jesús nos anima también a ser sembradores esperanzados y nos recomienda recibir y ofrecer cada día buenas semillas: palabras, miradas, encuentros, silencios, armonía, fraternidad, amabilidad, bondad, ayuda, comentarios constructivos, buenos ejemplos, etc.

Por eso hoy es oportuno que nos preguntemos:

¿Siento que Jesús siembra en mí su Palabra y su ejemplo?

Pero lo más importante:

¿Cuál es mi disposición ante la “siembra luminosa de Jesús”? Porque soy yo el que puedo, desde mi libertad, acoger o rechazar la LUZ de Jesús.

Pregúntate:

En ese caso las zarzas de la vida animal han ahogado mi parte humana y espiritual (pensar, querer, decidir, ser libre, evolucionar, descubrir mis valores profundos y ser verdaderamente humano). En ese caso, moriré sin haber conseguido superar mi parte animal, sin haber llegado a conseguir la “humanidad” que la LUZ de Jesús nos mostró.

En ese caso se puede decir que eres “tierra buena” y a lo largo de la vida lograrás muchas buenas cosechas. La LUZ de Jesús te ha enamorado y fecundado, te ha conducido a una humanidad auténtica, antesala de la LUZ eterna.

Y termino con una poesía que me acompaña desde hace tiempo y que recito de vez en cuando, escrita por una joven, Cristina de Arteaga, que se pasó seis meses en una cama paralítica, y cuando se recuperó profesó como religiosa jerónima.

 

"Sin saber quién recoge, sembrad,

serenos, sin prisas,

las buenas palabras, acciones, sonrisas…

Sin saber quién recoge, dejad

que se lleven la siembra las brisas.

Con un gesto que ahuyenta el temor

abarcad la tierra,

en ella se encierra

la gran esperanza para el sembrador.

¡Abarcad la tierra!

No os importe no ver germinar

el don de la alegría;

sin melancolía,

dejad al capricho del viento volar

la siembra de un día.

Brindará la tierra su fruto en agraz,

otros segadores

cortaran las flores …

¡Pero habré cumplido mi deber de paz, mi misión de amores!”

CREDO

Sacerdote. - ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote. - ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos. - Sí, Creemos.

Sacerdote. - ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive en nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, la Palabra de hoy nos ha recordado que “salió el sembrador a sembrar”, qué bueno sería que cada uno de nosotros nos preguntáramos qué es lo que sembramos en nuestro día a día. Oremos.

Queremos ser sembradores de vida e ilusión

• Haciendo que la comunidad eclesial sea encarnación de la vida de Jesús de Nazaret.

Queremos ser sembradores de vida e ilusión

• Esforzándonos para que nuestras comunidades parroquiales, siembren vida, acogida, paz, escucha y servicio en nuestros barrios y ciudades, junto a los más pequeños y necesitados.

Queremos ser sembradores de vida e ilusión

• Y que nuestra siembra no se vea ahogada por las dificultades, que seamos conscientes de que sembrar Reino supone, casi siempre, ir a contra corriente de lo establecido y valorado socialmente.

Queremos ser sembradores de vida e ilusión

Padre bueno, no queremos olvidar que la parábola del sembrador nos asegura una gran cosecha al final, queremos perseverar en nuestra siembra cada día, en cada circunstancia, al estilo de Jesús, que vive por los siglos de los siglos. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso.

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino, ofrecemos nuestras vidas. Estamos dispuestos a escuchar a Jesús, y a quitar las zarzas y las piedras, para que la Semilla de su Palabra, nazca, crezca, se desarrolle, y tenga frutos entre nosotros. PJNS

PREFACIO

El Señor está con vosotros

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias, Padre, Dios de la Creación,

porque has sembrado en este mundo la Semilla de Vida para que todo crezca y se desarrolle hasta la plenitud.

Obediente a la voz de tu Palabra el mundo se llenó de vida, de plantas y animales.

Les diste al hombre y a la mujer gérmenes de vida

para que tu imagen se multiplique en la humanidad.

Tu palabra es semilla sembrada en todos los lugares

y en todos los corazones de los humanos.

Un día nos enviaste a Jesús, que vivió entre nosotros,

y murió como la semilla que muere

y desaparece para dar frutos generosos.

Pero Jesús resucitó y es hoy la Nueva Vida de nuestra sociedad.

Por eso ahora nos unimos a toda la creación,

a los ángeles y santos

y a las personas que reciben y acogen la Palabra de Dios para entonar un himno de alabanza diciendo:

SANTO, SANTO, SANTO, es el Señor, Dios del Universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo:

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

 

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio

y la entrega de su vida

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

 

Fortaleciéndonos a cuantos nos disponemos a recibir el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo para que, unidos al Papa León, y a nuestro Obispo N… seamos uno en la fe y en el amor.

 

Nos das entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspirándonos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayudándonos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Tu Iglesia, Señor, quiere ser un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

 

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad

 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación

para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo, en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José

a los apóstoles, a los santos y a todas las personas

de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amen.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles: “la paz os dejo,

la paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad.

Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Jesús nos dice hoy:

Sois semillas del Reino

plantadas en la historia.

Sois buenas

y tiernas,

llenas de vida.

Os tengo en mi mano,

os acuno y quiero,

y por eso os lanzo al mundo:

¡Perdeos!

No tengáis miedo

a tormentas ni sequías,

a pisadas ni espinos.

Bebed de los pobres

y empapaos de mi rocío.

Fecundaos,

reventad,

no os quedéis enterradas.

Floreced

y dad fruto.

Dejaos mecer por el viento.

Que todo viajero

que ande por sendas y caminos,

buscando o perdido,

al veros,

sienta un vuelco

y pueda amaros.

¡Sois semillas de mi Reino!

¡Somos semillas de tu Reino!

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

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