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Liturgia del 19º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Sálvame, Señor

Comentario Inicial:

Esta Liturgia de la Misa va dirigida a TODOS (de arriba o de abajo) que quieran ORAR con la coherencia de una Religión ACTIVA, poco conocida por la mayoría y nada enseñada.

El Padre lo tiene TODO hecho y bien hecho. Todo concedido y perdonado. Todo está preestablecido en las "leyes de la Naturaleza". Es eterno y habita fuera del tiempo y del espacio. Lo que hizo una vez NO admite rectificación. 

Es absurdo pedirle que meta la mano en nuestro mundo y nos resuelva lo que ya ha delegado en nuestra gobernanza. No existe un "dios por fascículos", al que inútilmente se pretende hacer cambiar. Ni una “marioneta sagrada” que podamos manipular a nuestro antojo.

Somos los gestores de nuestro mundo y de todo lo que en él suceda. Todo depende de nosotros, que contamos con el regalo de la "imagen y semejanza". Dios no puede contravenir nuestra LIBERTAD y meter la mano en nuestras decisiones. Contamos con el “reino de Dios” que yace o vive en nuestro interior para iluminar y fortalecer nuestras decisiones.

El reconocerlo y vivirlo en COMUNIDAD nos ayuda, contagia, responsabiliza e impulsa. Todo lo demás es "placebo ingenuo". De arriba no bajará nada. Solo de nuestra conciencia y nuestras manos pueden salir soluciones.

La Religión PASIVA cree fanáticamente que todo depende de Dios, que hace y deshace a su antojo todo lo que nos ocurre. Por eso se insiste en forzar su voluntad con peticiones para que se adapte a nosotros. Torpe, ingenua y desesperante actividad impuesta por “guías ciegos” que conducen masas sometidas y frustradas.

La promocionada INTERCESIÓN es pura IDOLATRÍA. El Abba te constituye y te habita. Es un torrente que te envuelve y protege. Nada ni nadie puede interponerse, ni darte más.

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas bajo la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto…” (Ex 20,4 – Dt 5,8).

“Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo darás culto” (Mt 4,10 – Lc 4,8).

Si aún así, pretendes encender una cerilla para conseguir del Sol que derrame su LUZ, es que estás muy ciego, has sido esclavizado o ignoras por completo quien es y cómo es el Sol.

Y empezamos:

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu ESTÁN con todos vosotros.

Y con tu Espíritu

MONICIÓN DE ENTRADA 

 ¿Podemos encontrar al Señor en el caos de nuestras dudas, nuestra confusión, nuestra fe vacilante? 

¿Podemos encontrarle todavía en el desorden de nuestro tiempo? Él está aquí en las tormentas y dificultades del pequeño mundo de nuestro propio corazón; y también en el ancho mundo, dividido y amenazante, en donde es difícil reconocerle.

Si realmente encontramos al Señor en la fe, en la amistad y en el amor, entonces el Señor hace que todo se vuelva tranquilo, aun cuando el viento huracanado siga soplando, ya que el Señor deja sentir su presencia. Sigamos confiando, sigamos creyendo, pues el Señor está aquí con nosotros.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

Dios está siempre con nosotros, se manifiesta en las cualidades que nos ha dado para que a través de ellas manifestemos su amor y colaboremos en la obra de hacer presente su Reino. Comenzamos la celebración dándole gracias y comprometiéndonos a hacerlas fructificar en nuestra maduración personal y en el servicio al bien común

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, TÚ tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, TÚ atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, TÚ tienes piedad de nosotros…

ORACIÓN COLECTA

Señor, Tú viviste entre nosotros, y supiste lo que es sufrir y padecer, supiste lo que es enfrentarse a los golpes de la vida y a la cruda realidad. Pero lo superaste con valentía, sin dar marcha atrás por miedo.

Siguiendo tu ejemplo y el impulso del Espíritu, queremos mostrar esa fuerza y ese valor para afrontar las dificultades de nuestra vida, para aceptar los cambios y opiniones sin sentirnos nunca derrotados y fracasados. Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén

Lectura del primer libro de los Reyes (19, 9a.11-13a):

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!»

Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes e hizo trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Palabra de Dios

Sal 84, 

R/. Nos muestras Señor, tu misericordia

y nos das tu salvación

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-33):

R/Gloria a ti, Señor.

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua»

Él le dijo: «Ven»

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame»

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios»

Palabra del Señor.

R/Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

En cierta ocasión un gallego hizo un viaje a Tierra Santa. Allí una de las actividades obligadas es dar un paseo en barca por el mar de Galilea.

Entonces se acercó a la taquilla para comprar un boleto de viaje, y vió que costaba 50 dólares. Le pareció muy caro. El dependiente que atendía le dijo:

- Señor piense que este lago es uno de los lugares más famosos, aquí sucedió el milagro de la pesca milagrosa, y, más sorprendente todavía, es donde Jesús anduvo sobre las aguas.

Y el gallego respondió:

- No me extraña con los precios que tienen…

 

El relato del evangelio de hoy es simbólico. No cabe pensar que los discípulos, sobre todo 4 de ellos, que eran pescadores, no supieran afrontar una tormenta en el lago de Galilea, seguramente en sus jornadas de pesca afrontarían muchas.

Nos dice el evangelio: “después de despedir a la gente subió al monte, a solas, para orar”. Aquí tenemos una enseñanza fundamental: Jesús necesitaba de momentos de oración, de contemplación, para estar a solas con su Padre, recibir su fuerza, sentir su amor y su apoyo.

La 1ª Lectura nos recuerda que al igual que el profeta Elías Jesús escucha la voz de Dios en la paz de un susurro, en el silencio sosegado. Esto nos enseña que podemos escuchar a Dios en el silencio de nuestra oración. Mejor todavía: debemos escuchar a Dios en el silencio de nuestra oración. Esa “oración de impregnación” de la que tantas veces hablo.

Busquemos a Dios en la paz de una oración sosegada. En ella encontraremos la fuerza y la paz que necesitamos para enfrentarnos a los desafíos de la vida.

Preguntémonos: ¿Es la oración una necesidad imperiosa para nuestra alma? Si no experimentamos la oración como una necesidad urgente, aún no conocemos ni amamos a Dios como deberíamos.

 

Vamos ahora al mar: Los judíos apenas conocían el mar, no eran navegantes. El mar de Galilea no es propiamente un mar, es un lago de agua dulce de no mucha extensión, 21 km de longitud y 166 km2 de superficie. Pensemos también que los principales enemigos de Israel, los romanos, llegaban por el mar. Por ello para los judíos el mar era la personificación del mal, el signo de la destrucción, del caos, de la muerte.

El hecho de que Jesús camine por el mar significa que está sobre las fuerzas del mal.

Y por otra parte el hecho de que se acerque a los discípulos y les diga “soy yo no temáis”, nos está mostrando dos cosas importantes: Ante todo que es Dios, la presencia de Dios (Yo soy, es el nombre de Dios en el AT). Y por otra parte les demuestra que nunca los abandona.

Jesús nunca nos prometió que no habría tormentas en nuestra vida ni que nuestra travesía sería un crucero de placer, sin viento ni olas. Sí nos prometió que estaría siempre con nosotros, dándonos paz, calma y serenidad.

Por ello debemos preguntarnos: ¿Dónde hemos dejado a Dios? O mejor: ¿Qué Dios buscamos? Quizás el “dios milagroso” de los hechos extraordinarios (somos mucho de buscar milagros) o el “dios de la manga”, al que acudimos para tirarle de la manga y nos suelte los favores que solicitamos.

Pero no existe tal posibilidad, Dios no tiene mangas de las que tirar, nos lo ha entregado TODO en la creación y nos ha delegado la gobernanza del mundo a nosotros.

Y para ese cometido podemos VIVIR a Dios en el interior, donde nos habita, y beneficiarnos de su LUZ y de su FUERZA, SIN NINGUNA NECESIDAD DE PEDIRLO. Es GRATIS. Basta con acudir a ese INTERIOR y VIVIRLO. ¿No fue eso lo que Jesús nos enseñó en el pasaje de La Samaritana? ¿No es eso lo que HOY le dice Jesús a Pedro: ¡VEN!?

Nuestra fe no es un cúmulo de cuentos milagrosos. Nuestra fe, es vivir en la certeza de que el Señor nos acompaña siempre, pase lo que pase.

Pero somos nosotros los que debemos gestionar nuestra vida con inteligencia, voluntad y libertad. Ese es el encargo que Dios nos ha dado desde el principio.

Nada, ni nadie, nos podrá apartar de su dulce presencia interior, de las luces que nos transmite desde dentro, de la fuerza para seguir y triunfar.

¿Lo sentimos así? Para eso hay que sumergirse en el interior y en el silencio. ¿Caminamos sobre las aguas de la vida conscientes de que, el Señor, ¿es dueño del oleaje y de la calma?

En los pequeños detalles de cada día, en la tormenta (cuando nos asolan los problemas y parece que son más grandes que nuestra capacidad para hacerles frente); en la calma (cuando sentimos una felicidad indescriptible pero que llena de paz nuestro interior); en las luchas (cuando procuramos afanarnos en algo y nos superamos a nosotros mismos); en un saludo o un encuentro, en un apretón de manos o en una reconciliación que teníamos como asignatura pendiente. 

¿Nos damos cuenta que el Señor nos habla y espera siempre caminando sobre nuestras tormentas? 

¿Nos damos cuenta que hay personas en nuestra vida que son “ángeles”, es decir, mensajeros que nos muestran el camino correcto o nos ayudan a pasar un mal trago?

Tenemos que acostumbrarnos a sentir a Dios en lo pequeño, en lo ordinario, en lo de cada día. La brisa, de la cual nos habla la primera lectura, o las aguas bravías del Evangelio de este día, nos pueden llevar a comprender dos cosas:

- El Señor nos viene al encuentro en TODAS las situaciones de la vida. 

- Y, por otro lado, sólo nos pide que le busquemos DENTRO, donde vive, y vayamos hacia Él como Pedro, aunque nos de miedo, sobre todo al principio. Después de encontrarnos con el gozo de su presencia todo es más fácil.

La fe cristiana no consiste en pedir milagros y favores, sino en BUSCAR y VIVIR al Autor de tu vida que te dirige y apoya desde tu propio INTERIOR.

Y para eso hay que saltar, muchas veces, sobre las olas y las tormentas, con la seguridad de que Jesús te dice ¡VEN! y te coge de la mano, como a Pedro, y como a todo aquel que le busca.

CREDO

Sacerdote. - ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos. - Sí, Creemos.

Sacerdote. - ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos. - Sí, Creemos.

Sacerdote. - ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive en nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, hoy hemos escuchado las palabras de Jesús que nos invitan a ser valientes, a correr riesgos, personal y comunitariamente, a la hora de seguir sus pasos. Oremos.

Queremos vivir con Jesús sin miedos

• Comprometiéndonos para que la Iglesia, puestos los ojos en Jesús, no tema afrontar los cambios que sean necesarios para seguir siendo Buena Noticia en el mundo de hoy.

Queremos vivir con Jesús sin miedos

• Aceptando y confesando, con sencillez, la enorme distancia que hay entre la fe que decimos profesar y la fe que en realidad vivimos.

Queremos vivir con Jesús sin miedos

• Ofreciendo, en todo momento y circunstancia, una mano tendida, una palabra de aliento, un gesto inclusivo, a imitación de Jesús de Nazaret.

Queremos vivir con Jesús sin miedos

Padre bueno, deseamos que nuestra fe, tantas veces vacilante, encuentre sus raíces en Jesús de Nazaret, nos empuje a acercarnos a los más desfavorecidos y a trabajar, cada día, por encontrarte y anunciarte. Gracias por tu hijo Jesús, que resucitado, vive por los siglos de los siglos.

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso.

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. 

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino, ofrecemos hoy nuestras vidas. Vidas cansadas y fatigadas, pero vidas llenas de confianza, dispuestas a seguir luchando en favor de nuestros hermanos. Vidas llenas de confianza en Dios, porque después de la tempestad y la zozobra, siempre viene la serenidad y la calma. PJNS

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias y te bendecimos

porque de Ti viene nuestra salvación.

Has hecho todas las cosas con amor

y no te olvidas de nadie.

Aunque busquemos pequeñas seguridades,

el Universo descansa en tu regazo,

como una barca en el puerto.

Tú conoces los sentimientos del corazón humano

y sigues con paciencia

el recorrido de nuestras vidas.

Tú haces salir el sol sobre nosotros

y envías la lluvia sobre los campos.

Has amado tanto al mundo

que nos enviaste a tu Hijo Jesús

para que no nos faltara su LUZ humanizadora.

Por todo esto, nos sentimos alegres y confiados,

nos unimos a los santos,

a las personas de buen corazón,

a tu Madre y madre nuestra, la Virgen María,

para entonar, llenos de alegría,

el himno de tu gloria.

diciendo:

SANTO, SANTO, SANTO, es el Señor, Dios del Universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. 

Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

CONSAGRACIÓN y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros en el signo,

el sacramento, del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo:

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús.

 

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio

y la entrega de su vida,

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

 

Fortaleciéndonos a cuantos nos disponemos a recibir el signo del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo para que, unidos al Papa León, a nuestro Obispo N... seamos uno en la fe y en el amor.

 

Nos das entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspirandonos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayudándonos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Tu Iglesia, Señor, quiere ser un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

 

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad

 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación

para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José

a los apóstoles, a los santos y a todas las personas

de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él,a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

PADRENUESTRO

 

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amen.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, Tú nos has lanzado al mar de la vida en un solo barco. Un barco para todos: hombres y mujeres, negros y blancos, sanos y enfermos, ateos y creyentes; un barco que Tú conduces hacia el puerto con mano firme en horas de bonanza y en tiempo de tempestad.

Cuidas, Señor, a cada uno de los que navegamos el mar de la vida. ¿Cómo íbamos a encontrar la paz si un hermano nuestro, un solo hermano, se hundiera ante nosotros y desapareciera para siempre de nuestra vista? ¿Quién podría llenar su hueco en nuestro corazón? A pesar de nuestros egoísmos, de nuestra soberbia, de nuestros miedos, nos arriesgaremos a dar la mano y perdonar a quienes necesiten nuestra ayuda para que, agarrados a Ti, logremos desembarcar un día, todos juntos, en el único puerto: el corazón del Padre, que nos acompaña y vive por los siglos de los siglos. Amén

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

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