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Liturgia del 4º DOMINGO de CUARESMA 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Jesús y el ciego

El amor permanente de Dios Padre que nos sostiene, la presencia de Jesús resucitado y la luz del Espíritu está con vosotros. 

MONICIÓN DE ENTRADA 

Domingo a domingo, la Cuaresma está jalonada con símbolos muy potentes. En esta ocasión reflexionamos en torno a la ceguera con el episodio del ciego de nacimiento al que Jesús unta los ojos con barro y saliva. Este detalle es la clave para interpretar el relato, «El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu». La curación física es una excusa para hablarnos de la liberación a la que está llamado el ser humano. Jesús es el primero de muchos Ungidos que tratamos de experimentar la libertad del espíritu y una vida llena de sentido.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

A veces somos ciegos que no sabemos reconocer la presencia de Dios en nosotros: en las cualidades y dones que nos ha dado.

Le damos gracias por ellos y nos comprometemos a seguir poniéndolos al servicio de nuestro crecimiento personal y del bien común de todos.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

ORACIÓN COLECTA

Venimos a tu presencia,

Señor, como pobres ciegos.

Cúranos, como sanaste

al «Ciego de nacimiento».

Tienes compasión de nosotros.

Hemos perdido el sendero.

Pones tu «barro» en nuestros ojos

con el amor de tus dedos.

Háblanos al corazón

y manda que nos lavemos

en las milagrosas fuentes

de tus Santos Sacramentos.

Si te escuchamos con fe,

si acatamos tus deseos,

nos llenaremos de luz

y seremos «hombres nuevos».

Viviremos los valores

que anuncias en tu Evangelio.

Frente a los «sabios» del mundo,

Tú serás nuestro «Maestro».

No queremos caminar

entre sombras y tropiezos.

Llena de luz nuestra vida.

Sal, Señor, a nuestro encuentro.

Hoy confesamos con gozo

que vienes del Dios del cielo.

Como el ciego, de rodillas,

te decimos: «Señor, yo creo».

Lectura del Libro de Samuel. 16,1b.6-7.10-13a

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: Llena tu cuerno de aceite y vete, Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí.

Cuando se presentó vio a Eliab y se dijo: «Sin duda está ante el Señor su ungido»

Pero el Señor dijo a Samuel:

- No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.

Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:

- A ninguno de éstos ha elegido el Señor.

Preguntó, pues, Samuel a Jesé:

- ¿No quedan ya más muchachos?

El respondió:

Dijo entonces Samuel a Jesé:

- Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.

Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia.

Dijo el Señor:

- Levántate y úngelo, porque éste es.

Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos.

Palabra de Dios

Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar,

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia

me acompañan todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R/.

Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios. 5,8-14

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia.

Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.

Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz.

Por eso dice:

"Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz."

Palabra de Dios

Lectura del santo Evangelio según San Juan. 9,1-41

R/Gloria a tí Señor

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: ¿Señor quién pecó él o sus padres para que sea ciego?

Jesús les contestó: Ni él pecó ni sus padres, pero así se manifestarán en él las obras de Dios. Mientras es de día, nosotros tenemos que trabajar realizando las obras del que me envió. Se acerca la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, soy luz del mundo.

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, le untó el barro en los ojos y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían: «El mismo.»

Otros decían: «No es él, pero se le parece.»

Él respondía: «Soy yo.»

Ellos le preguntaron: ¿Y cómo has conseguido ver?

Él les contestó: -Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de lodo con su saliva, me lo extendió sobre los ojos y me dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé». Fui, me lavé y comencé a ver. Le preguntaron:-¿Y dónde está ahora ese hombre? Él les dijo: -No lo sé.

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. 

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo».

Algunos de los fariseos comentaban:

- Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.

Otros replicaban:

- ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

- Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?

Él contestó: «Que es un profeta».

Los judíos no querían creer que aquel hombre había estado ciego y que había comenzado a ver. Llamaron, pues, a sus padres, y les preguntaron:

- ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

Los padres respondieron:

- Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve no lo sabemos, ni sabemos quién le ha dado la vista. Preguntádselo a él; tiene edad suficiente para responder por sí mismo.

Los padres respondieron así por miedo a los judíos, pues éstos habían tomado la decisión de expulsar de la sinagoga a todos los que reconocieran que Jesús era el Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Preguntádselo a él, que ya tiene edad suficiente».

Entonces llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron:

-Dinos la verdad delante de Dios. Sabemos que este hombre es un pecador.

Entonces él respondió:

-Yo no sé si es un pecador o no. Lo único que sé es que yo antes estaba ciego y ahora veo.

Y volvieron a preguntarle:

-¿Qué fue lo que hizo contigo? ¿Cómo te dio la vista?

Él les contestó:

-Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso, ¿para qué queréis oírlo otra vez? ¿O es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?

Ellos entonces se pusieron a insultarlo:

-Discípulo de ese hombre lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos muy bien que Dios habló a Moisés; en cuanto a éste, ni siquiera sabemos de dónde es

Él replicó:

-Esto es lo sorprendente. Resulta que a mí me ha dado la vista y vosotros ni siquiera sabéis de dónde es. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; en cambio, escucha a todo aquél que le honra y cumple su voluntad. Jamás se ha oído decir que alguien haya dado la vista a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniese de Dios, no habría podido hacer nada. 

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»

Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

A continuación, Jesús declaró:

-Yo he venido a este mundo para un juicio: para dar la vista a los ciegos y para privar de ella a los que creen ver

Al oír esto, algunos fariseos le preguntaron:

-¿Acaso también nosotros estamos ciegos?

Jesús respondió:

-Si estuvieseis ciegos, no seríais culpables; pero, como decís que veis, vuestro pecado permanece

Palabra del Señor.

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

San Ignacio de Loyola decía que para comprender bien el evangelio ayuda mucho representarnos la escena como si estuviéramos dentro de ella, viéndola en 3D.

Hoy para comprender el episodio del ciego de nacimiento vamos a imaginarnos que este se llamaba Mateo, y acude a casa de María, discípula de Jesús para contarle su experiencia. Que cada uno saque las conclusiones que el Espíritu le sugiera. 

"Soy María, discípula de Jesús de Nazaret. Es de noche, ya he apagado la luz del candil y espero que llegue discretamente mi vecino Mateo. Si los fariseos nos sorprenden en mi casa, pueden apedrearnos, pero merece la pena el riesgo.

Mateo sabe que desde hace tiempo acompaño al Maestro, junto con un pequeño grupo de hombres y mujeres. Me ha pedido que hablemos, porque está desconcertado. Nació ciego, pero ayer su encuentro con Jesús de Nazaret le cambió la vida. Parece que llaman a la puerta.

– Gracias María, necesito que me ayudes. Desde ayer han ocurrido tantas cosas…

– Me alegra mucho que hayas venido Mateo. Dicen que te has vuelto loco, que todo es mentira, y que os van a impedir a toda la familia que entréis en la sinagoga. Pero yo creo que te ha pasado lo mismo que le pasó a Zaqueo, que al encontrarte con Jesús ha entrado la salvación en tu vida. ¿Cómo fue el encuentro?

– Me conoces desde niño, cuando pedía limosna a la salida del pueblo, en el cruce de caminos. Ayer estaba en ese mismo sitio, cuando oí un gran revuelo. Se notaba que había mucha gente. En el grupo venía Jesús de Nazaret. Me dolía no poder verle, pero no me atreví a decirle nada. Cuando pasaron a mi lado alguien le preguntó porqué yo había nacido ciego.

Sentí como si una espada me atravesara el corazón. Esa pregunta se la habían hecho mis padres muchas veces, y en cuanto crecí, me lo preguntaba yo también, casi a diario. No podía jugar con los muchachos en la aldea, ni podía ir a trabajar con la cuadrilla de segadores, he vivido de la limosna. Algunos días volvía avergonzado a casa, porque solo podía entregar un mendrugo de pan a mis padres.

Jesús le dijo a la gente algo que no entendí muy bien. Y añadió: “Yo soy la luz del mundo”. Luego noté que me untaba los ojos con algo húmedo, como si fuera lodo. No podía abrirlos. No entendía nada de lo que estaba pasando. Me dijo:

Vete a lavarte a la piscina de Siloé.

Pero Jesús – le dije- dicen que esa piscina está al final de un túnel. No puedo ir yo solo. Además, allí va la gente a purificarse antes de entrar en el Templo a orar, y no es hora de oración. ¿Para qué me mandas a Siloé? Jesús no respondió. Alguien me tomó del brazo, atravesamos el túnel y llegamos a la piscina.

– ¿Y nada más entrar en el agua recuperaste la vista?

– Poco a poco, despacio. Primero noté un resplandor que desconocía, luego formas borrosas, y cuando vi el agua, el cielo y a la gente que nos rodeaba, rompí a llorar. Pero lo más importante no ha sido recuperar la vista, sino que Jesús me ha abierto otros ojos, me ha curado otra ceguera.

– No te entiendo.

– ¿Te acuerdas que hace tiempo el Maestro le dijo a Nicodemo que podía nacer de nuevo, y ni tú ni yo lo entendimos? Pues creo que ahora sí lo entiendo. Yo tenía dos cegueras: la de la vista y la del corazón. Y Jesús me ha curado las dos. Vivía lamentándome, me sentía desgraciado porque me comparaba con los demás y echaba de menos lo que me faltaba. Pensaba cómo podíamos librarnos de los romanos con violencia. Y escurría el bulto ante las necesidades ajenas. Iba al Templo para intentar contentar al Altísimo, y recibir a cambio sus bendiciones, pero mi corazón estaba en otro sitio. Mis días se parecían a esas conchas que mueve el mar en la orilla, de un lado hacia otro, pero están vacías por dentro.

– ¡Cómo te entiendo Mateo! Algo semejante me ocurría a mí. Y ahora ¿en qué vas a trabajar? ¿Irás a segar al campo?

– No. Le he pedido a Jesús que me admita en su grupo y ha accedido, con mucha alegría. Quiero ir con vosotros, de aldea en aldea, dando testimonio, contando lo que el Señor ha hecho conmigo. El pueblo está sorprendido y se hace muchas preguntas. Le diré que el Señor es nuestro pastor y nada nos falta y que soy testigo de que su misericordia nos acompaña todos los días de nuestra vida. Animaré a la gente a que, por la noche, en lugar de decir una larga lista de oraciones con rutina, pidan desde lo más hondo: ¡Señor, que vea! Y que con esa mirada contemplen lo que hay a su alrededor y se pongan en camino.

Y en el silencio de la noche, María y Mateo dan gracias al buen Dios porque han salido de las tinieblas y quieren vivir como hijos de la luz.

María, discípula amada".

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, este domingo la Palabra nos invita a ver, a mirar, a ir a lo profundo de los acontecimientos y de las personas; a no quedarnos en la superficie. Oremos.

Jesús es nuestra luz

• Necesitamos que la Iglesia sea escuela de bien mirar, acierte a discernir saludablemente los signos de los tiempos y busque ser Buena Noticia hoy.

Jesús es nuestra luz

• Queremos que nuestra mirada tienda siempre hacía lo positivo, rescate y realce el lado bondadoso y bello de cada persona y acontecimiento.

Jesús es nuestra luz

• Deseamos que nuestras comunidades parroquiales y religiosas sean espacios referentes de luz, de horizonte, de compromiso, de sentido, de fraternidad, de unidad.

Jesús es nuestra luz

Padre Madre buena, queremos dejarnos iluminar, acompañar y guiar por la palabra de Jesús que nos urge siempre a vivir con más verdad. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino te ofrecemos nuestras vidas: vidas de personas sanas, o vidas llenas de dolor y sufrimiento. Te ofrecemos nuestras manos y corazón para ayudar a los que sufren, y alegrar esos momentos de tristeza y soledad. Te lo ofrecemos por Jesucristo Nuestro Señor.

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos las gracias, Señor,

porque Tú te preocupas de nosotros

cuando estamos sanos,

y cuando sufrimos por la enfermedad.

Nos enseñas a estar junto al que sufre,

y a alegrar la vida del enfermo.

Tú nos tienes preparado un lugar en tu casa,

donde no existen el dolor ni la enfermedad.

Además nos enviaste a Tu Hijo Jesús,

que a su paso por este mundo

nos enseñó a ser fuertes ante el dolor

y a consolar al enfermo y al que sufre.

Ahora queremos unirnos a los santos

y a las personas de buena voluntad

para entonar un himno de alabanza

diciendo:

SANTO, SANTO, SANTO 

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo: 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio

y la entrega de su vida

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

 

Fortaleces a tu pueblo con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, con la Persona y la Vida de Jesús que representan, y nos renuevas a todos a su imagen.

Derramas tu bendición abundante sobre el Papa León, sobre nuestro Obispo N… y sobre todos tus hijos.

Para que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; preocupándonos de compartir, en la caridad, las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y mostrándoles así el camino de la salvación.

 

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

a todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad

 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José a los apóstoles, a los santos y a todas las personas de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amen

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

 

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Señor, que vea…

que vea tu rostro en cada esquina.

Que vea reír al desheredado,

con risa alegre y renacida.

Que vea encenderse la ilusión

en los ojos apagados

de quien un día olvidó soñar y creer.

Que vea los brazos que,

ocultos, pero infatigables,

construyen milagros

de amor, de paz, de futuro.

Que vea oportunidad y llamada

donde a veces sólo hay bruma.

Que vea cómo la dignidad

recuperada

cierra los infiernos del mundo.

Que en el otro vea a mi hermano,

y en el espejo, un apóstol.

Que en mi interior te vislumbre,

porque no quiero andar ciego,

perdido de tu presencia,

distraído por la nada…

Equivocando mis pasos

hacia lugares sin ti.

Señor, ve vea…

que vea tu rostro en cada esquina

y que tu LUZ sea mi medicina. Amén.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN

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