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Liturgia del 5º DOMINGO DE PASCUA 2026 (A)

"Una Misa para ILIUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Camino

El amor permanente y entrañable de Dios Padre que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu están con todos vosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA 

El evangelio de Juan, que nos acompaña estas semanas, nos propone esta vez la simbología del camino con una triple imagen: Jesús es camino, verdad y vida. Un camino es algo muy concreto, que se puede transitar imitando el ejemplo de Jesús. 

Conocemos bien su forma de pensar, su escala de valores y su compromiso. Su verdad y coherencia nos llenan de confianza para ese seguimiento. Y anhelamos que la senda nos conduzca a su plenitud de vida. Disfrutemos juntos este encuentro con él y renovemos nuestro compromiso de seguir caminando tras sus huellas.

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros

ORACIÓN COLECTA

No basta un «habría que»

para dar forma a los sueños.

Pintar el amor

en muros de piedra

no garantiza vivirlo.

Conformarse

con listas de canciones tristes

es jugar a los náufragos.

La profecía no puede ser tan solo

un eslogan de camiseta.

No hay expertos en todo.

De poco sirve un quizás

cuando nos pides un “sí”;

de nada, un «alguien lo hará»

cuando tú esperas un «yo»

Es la constante tensión

que atraviesa nuestros días.

sobrevolar, o zambullirnos.

Tú pones la encrucijada,

y nos dejas la decisión:

Vender aire

o ser testigos del Reino.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. 6,1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

- No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para preocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra.

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía.

Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios

Sal 32,1-2.4-5.18-19

R/. Tu misericordia, Señor, viene sobre nosotros.

Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R/. 

Lectura de la Primera Carta de San Pedro 2,4-9

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Dice la Escritura: "Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado".

Para vosotros los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropezar y en roca de estrellarse.

Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.

Vosotros, en cambio, sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Juan. 14,1-12

R/ Gloria a tí Señor

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio.

Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino.

Tomás le dice:

- Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?

Jesús le responde:

-Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

Felipe le dice:

- Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

Jesús le replica:

- Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?

Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre.

Palabra de Dios

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Cuando pides una dirección, puedes tener dos tipos de respuesta:

En una te dicen: “Vaya por esta calle. En la esquina doble a la izquierda. Camine dos calles y entonces doble a la derecha, etc.” Pero es posible que te pierdas. Y seguro que tendrás que preguntar de nuevo a otro más adelante.

La otra forma, mucho más amable, es: “Venga, le acompaño. Yo voy también para allá”.

Esta segunda forma es la de Jesús: “Yo soy el camino”. Él es nuestro guía.

Y lo primero que nos dice es: «No perdáis la calma. No tengáis el corazón agitado. No estéis turbados».

– No es nada sencillo descubrir la presencia del Señor Resucitado en medio de nuestros hermanos, si andamos inquietos y nerviosos.

– No es fácil que la Palabra de Dios nos diga algo para nuestra vida, si tenemos la cabeza llena de otras muchas palabras.

– No es fácil que escuchemos la voz de Dios en los hermanos que se acercan a nosotros (ni siquiera a ellos mismos), cuando andamos ensimismados con nuestras cosas.

 

– Es casi imposible orar seriamente, cuando nuestra cabeza está repleta de «tengo que», los cuáles nos parecen urgentes e irrenunciables y súper importantes. 

 

 «Creed en Dios y creed también en mí», dice Jesús. No es que estas palabras sean una especie de fórmula mágica para que se «esfumen» los problemas, o veamos clarísimamente lo que tenemos que hacer. No dice Jesús que Él nos vaya a resolver las cosas. Ni tampoco que los «tengo que» no merezcan una determinada atención.

Pero nos dice: «fiaos de Dios y fiaros de mí». Es decir: que seamos conscientes de que nuestra vida está en las manos del Padre, y que Él está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para ayudarnos a salir adelante. Él siempre nos va a impulsar y sostener. Y con el corazón y la mente calmados, se perciben mucho mejor las cosas.

Jesús está avisando a sus discípulos de que se va. Y es lógico el desconcierto entre ellos. ¿Y ahora qué?  

Hasta ese momento todo les había resultado relativamente fácil. Estaban a gusto con el Maestro. Siempre tenía una palabra apropiada para cada situación, un gesto oportuno o una solución ante cualquier dificultad que se presentara… Pero ¿si se va, qué hacemos? La respuesta que les dio Jesús es importante y necesaria también para nosotros.

Lo primero es corregir nuestra idea de Dios. Jesús se tomó como primer empeño presentarnos un «rostro» del Padre adecuado: cercano, interesado en nuestra felicidad/salvación, que ya sabe lo que nos pasa antes de pedírselo, que no necesitamos acumular méritos para que nos escuche y atienda, que no se aleja de nosotros, sino que nos busca. Jamás nos tienta, sino que nos ayuda a no caer en las trampas de la vida.

El Evangelio de hoy nos lo dibuja como un «padre hogareño», su casa es un hogar con habitaciones para todos sus hijos, preparadas cuidadosamente por su propio hijo, para que todos los suyos puedan estar con él.

«Creed en Dios» y os sentiréis seguros, confortados, acogidos, protegidos, acompañados y fortalecidos por el Padre Dios.

No terminamos de creérnoslo, o al menos, no vivimos los acontecimientos y dificultades desde ahí. 

¿Tendrá Jesús que reprocharnos, como a Felipe: «¿Tanto tiempo con vosotros, hablándoos del Padre, haciéndole presente, y todavía no lo conocéis?»

Lo segundo es lanzarse al camino de Jesús. Los miembros de la familia de Dios no están nunca quietos. Pueden y deben estar inquietos, pero por las cosas del Padre. Eso es lo que contestó Jesús a sus padres cierto día en que le buscaban angustiados: «¿No sabéis que yo debo andar ocupado con las cosas del Padre?».

Lo más frecuente es que nosotros seamos como los viejos molinos, que recorren su camino siempre en el mismo lugar. Damos vueltas a las mismas cosas, a las mismas historias, a las mismas personas, con los mismos estilos…

En cambio Jesús decidió echarse a los caminos, saliendo al encuentro del mundo y de las gentes del modo más entrañable. 

Pues viendo cuáles eran los caminos que frecuentaba Jesús y cómo era su estilo al recorrerlos, descubrimos y entendemos también cómo es el Padre que lo ha enviado.

Jesús camina perdonando, acompañando, descubriendo la presencia de Dios en las cosas cotidianas: la siembra, la pesca, el sol que sale, el remiendo de las ropas, la mujer que barre buscando una moneda perdida, o que amasa el pan, un árbol en medio de una huerta…

Y haciéndose prójimo de todos los que va encontrándose tirados a la vera de los caminos. Camina orando y procurando hacer en todo momento la voluntad del Padre.

Lo tercero es que quien recorre este camino de Jesús, o mejor dicho, este camino que es el mismo Jesús, acaba siendo uno con Él y con el Padre. El inalcanzable deseo de ver a Dios («muéstranos al Padre y nos basta») se cumple contemplando a Jesús, estando con él, amándole a él, siguiéndole a él.

Y de ese modo iremos reconociendo el rostro de Dios en la historia, en los hombres, en medio de nosotros, entre nuestros pucheros y ordenadores, en medio de nuestra soledad, nuestra enfermedad, nuestros agobios, nuestras heridas… Dios está siempre poniendo esperanza, fortaleza y paz.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, desde el inicio Jesús recuerda insistentemente la llamada a permanecer unidos entre nosotros y unidos a Él. Oremos.

Queremos ser uno en el Amor

• Creemos en una Iglesia que fomente la unidad de todos los cristianos, que nos ayude a crecer en consciencia de unidad y en corresponsabilidad con la humanidad entera.

Queremos ser uno en el Amor

• Anhelamos la unidad de todas las iglesias y religiones: transitemos los caminos comunes que nos unen, buscando el bien de cada ser humano más allá de creencias, razas y diferencia alguna.

Queremos ser uno en el Amor

• Buscamos proclamar con nuestra vida toda la fuerza, la luz, la alegría y la paz que nos ofrece el seguimiento de Jesús, siendo referentes para nuestros niños y jóvenes.

Queremos ser uno en el Amor

Padre bueno, escuchamos con urgencia la llamada de tu Hijo a vivir unidos, a sabernos responsables los unos de los otros, a fomentar lo común, lo vinculante, lo fraterno. El que resucitado vive por los siglos de los siglos. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino ofrecemos hoy nuestra esperanza. Esperanza que nos hace trabajar en la tierra a favor de los necesitados, ayudar a los que sufren injusticias. Con esta tarea de cada día y con esperanza, aspiramos a vivir con Dios para siempre. PJNS

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Gracias, Dios y Padre, porque te has dignado manifestarte

y hemos oído tu voz en las palabras de tu hijo amado.

Queramos o no, conscientes o no,

estás presente en nosotros y nos das la vida.

Tú eres la vida que vivimos,

el amor que sentimos

y el bien que hacemos.

Tu espíritu nos enriquece y nos abre horizontes,

ilumina nuestra íntima conciencia

y nos mueve a solidarizarnos con los demás.

Gracias por ser nuestra fuente de inspiración.

Gracias también, Padre, por tantos testigos y profetas que nos han abierto los ojos

y nos han ayudado a descubrir

el sentido de nuestro propio bautismo.

Gracias por tanta buena gente

que nos ha enseñado el camino que lleva hacia Ti.

Sinceramente agradecidos,

entonamos en tu honor este himno de alabanza.

SANTO SANTO SANTO

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo: 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio 

y la entrega de su vida

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha. 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

Fortaleciéndonos a cuantos nos disponemos a recibir el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo para que, unidos al Papa León, y a nuestro Obispo N... seamos uno en la fe y en el amor. 

Nos das entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspirándonos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayudándonos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. 

Tu Iglesia, Señor, quiere ser un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo 

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu Creación

para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús, 

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José

a los apóstoles, a los santos y a todas las personas

de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

POR TU CAMINO, SEÑOR

Aunque me tiemble el pulso, seré de los tuyos, anunciaré tu Palabra, apoyaré, con mis débiles fuerzas, la Verdad que tu camino me indica.

 

POR TU CAMINO, SEÑOR

Entenderé que, más allá de la casa en esta Tierra, me esperas con un sitio cerca del Padre y volverás para cumplir, como siempre lo haces, con tus promesas que superan las nuestras, humanas, caducas y falsas.

 

POR TU CAMINO, SEÑOR

Te veremos y cantaremos la grandeza de creer en Ti Te conoceremos y, contigo, sabremos de Dios. Te conoceremos y, contigo, viviremos en Dios. Te conoceremos y, contigo, marcharemos al Padre. Viviremos y, viviendo contigo, sentiremos que vivimos en Aquel que te envió. Amén.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN

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