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Liturgia de PENTECOSTES 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Pentecostés

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu están con todos vosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA 

En estas semanas vamos rumiando diversas facetas de la experiencia Pascual. Como se contemplan diferentes caras de un mismo poliedro, en esta ocasión celebramos Pentecostés, la fiesta del Espíritu. Sentimos que Jesús está vivo en nuestras comunidades, sus ideales son los nuestros. Su Espíritu nos anima desde dentro.

Celebremos la Eucaristía unidos a Jesús y unidos entre nosotros.

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros

ORACIÓN COLECTA

Creo en el Espíritu, que da la fuerza, que infunde aliento, que hace que dentro de cada uno resuene el eco de Dios.

Creo en el Espíritu, que con el Padre y el Hijo es Dios con nosotros y en nosotros.

Creo en el Espíritu, lámpara encendida en las noches oscuras, alivio en la hora difícil, viento que empuja cuando fallan las fuerzas.

Creo en el Espíritu, sabiduría inmortal, que orienta a la gente, que inquieta a los necios, que guía a los pueblos, que mueve a la Iglesia.

Creo en el Espíritu maestro de una lengua común construida con palabras de compasión, con frases de justicia, con sentencias de misericordia y con proclamas de fe.

Creo en el Espíritu, más allá del cansancio, más allá de la muerte, más allá de la duda, abrazo último del Dios de la vida.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11):

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios

Sal 103

R/. Envía tu Espíritu, Señor,

y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:

¡Dios mío, qué grande eres!

Cuántas son tus obras, Señor;

la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran

y vuelven a ser polvo;

envías tu espíritu, y los creas,

y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,

goce el Señor con sus obras;

que le sea agradable mi poema,

y yo me alegraré con el Señor. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,3b-7.12-13):

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios

SECUENCIA

¡VEN, ESPÍRITU SANTO!

¡Ven, Espíritu Santo!

Anima a todos los cristianos

a recorrer los caminos abiertos por Cristo 

¡Ven, Espíritu Santo!

Que nuestra alegría, lejos de apagarse,

se encienda una y otra vez

con el calor de tu fuego divino

¡Ven, Espíritu Santo!

Reúnenos en un solo pueblo

en el que no exista ninguna división

y en el que, con la Palabra de Dios,

nos sintamos peregrinos interpelados

y en busca de la eternidad

¡Ven, Espíritu Santo!

Que los miedos cesen

Y se amortigüen nuestros llanos

Y desaparezcan nuestros temores

Y brille, de una vez por todas,

el esplendor de la Verdad

¡Ven, Espíritu Santo!

Que sea posible el entendernos

a pesar de nuestras discrepancias

Que sea posible el amarnos

a pesar de nuestros caprichos y egoísmos

Que sea posible el respetarnos

a pesar de nuestras ideas y genios

¡Ven, Espíritu Santo!

Que, Dios, sea bendecido y alabado

Que, Jesús, sea exaltado y amado

Que, tu voz, sea reconocida y acogida

¡Ven, Espíritu Santo!

Derrama, en el cántaro de nuestra vida,

tus siete sagrados dones

para que, lejos de resquebrajarse,

se fortalezca y pueda seguir ofreciéndose

a todos aquellos que nos necesitan

¡Ven, Espíritu Santo!

Sigue edificando, consolidando

y purificando a nuestra Iglesia

para que, hoy y siempre,

pueda ser fuego abrasador

en un mundo frío y desolador

¡Ven, Espíritu Santo!

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):

R/ Gloria a tí Señor

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra de Dios

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Dicen que Dios, que tiene buen humor, quiso jugar al escondite con el hombre y se puso a discutir con sus consejeros dónde estaría mejor escondido: Hubo opiniones para todos: que si en el bosque, que si en el fondo del mar, hasta que si en un cajón de un armario. 

Pero el más anciano y sabio de sus consejeros le dijo:

Señor, escóndete en el corazón del hombre. Es el último sitio donde se les ocurrirá buscarte.

El Espíritu Santo es el Dios escondido y hasta ignorado. Diría yo, que la Cenicienta de la Trinidad. Siendo indispensable para la vida del hombre y de la Iglesia es el menos protagonista, como suelen ser las amas de casa que sólo se les nota cuando faltan. 

En japonés a la esposa, ama de casa, se le llama Oku-sama. Que significa la señora que está dentro, la que no aparece. ¡Pero verás si se declara en huelga…!

 

También el Espíritu Santo es “el Señor que está en el interior”. El que no aparece. El que habita en el corazón del hombre, donde rara vez el hombre le busca.

Buscamos a Dios, a veces, en los montes, en el mar, en una maravillosa puesta de sol, en árboles grandiosos o en las pequeñas flores del campo. o en las capillas e imágenes que nos hemos hecho. Y es que, tal vez, nos parezca imposible que quiera habitar en un sitio donde tantos deseos, poco dignos y honorables, salen afuera. Y sin embargo, el Espíritu de Dios habita en nosotros.

HABITA, NO ESTÁ de paso. No es un huésped de un día. Habita. Tiene allí su casa. Es Señor del sitio que ocupa.

NO ESTÁ como un cuadro, un retrato o una estatua. Es un ser viviente que ha hecho de nuestro corazón su morada.

Allí podemos encontrarlo siempre cercano, compañero de mi soledad, amigo sentado a mi vera en la penumbra de un suave atardecer.

San Agustín que lo buscó locamente a través de la hermosura y los placeres de afuera, al fin lo encontró dentro y exclamó: “Señor, más íntimo y mío que yo mismo”. Lo encontró comprensivo, bondadoso, perdonador, amigo, más adentro de mí que yo mismo.

 

El Espíritu de Dios que se nos ha metido en casa es viento y es fuego, mezcla peligrosa, un rescoldo mal apagado en el monte azuzado por viento sabemos de lo que es capaz. Lo sabemos muy bien, por desgracia, en nuestra tierra.

Soplando sobre el rescoldo de la Fe que hay en el corazón, el Espíritu de Dios puede levantar imprudentes llamas. Lo ha hecho a lo largo de la Historia cuando ha encontrado hombres y mujeres, que se han dejado arrasar y quemar por el Espíritu.

San Francisco de Asís se entrega con toda determinación a salvar a infieles. La Madre Teresa de Calcuta sale de una Congregación Religiosa para entregar valientemente su vida a los hambrientos y agonizantes.

Y es notable que este Espíritu, cuando levanta llamas en un rescoldo olvidado, primero abrasa el corazón propio para inmediatamente calentar a los demás.

Es fuego, es luz y tiende a comunicarse, se expande por naturaleza.

¿No estará este buen amigo tratando de encender una buena hoguera dentro de tu corazón? ¿No nos pide alguna determinación en el darnos a los demás? ¿No nos pide algún cambio en nuestras vidas dejándonos llevar por su suave invitación? ¿No nos pide dejarnos llenar del AMOR TOTAL que es el Padre que nos ha creado?

Mirad, creo que todos nosotros tenemos instalado un perfecto sistema contra incendios. En cuanto sentimos que el Espíritu de Dios nos intranquiliza echamos toda la ceniza que podemos en el rescoldo y lo apretamos bien, como se hacía con los braseros con la paleta, para dejarlo siempre en rescoldo y que no haya peligro de que se convierta en llamas. Nosotros mismos vamos vestidos de amianto y con casco para no quemarnos.

Hoy es el día en el que ese Espíritu de Dios abrasó a los apóstoles y gracias a ello llegó a nosotros la Fe. Dejémonos iluminar y encender bajo el soplo del Espíritu. No hay que pedir nada, solo dejarse encender por el fuego que llevas dentro.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, la comunidad cristiana se constituye en torno a Jesús vivo y presente. El es el centro y los discípulos optamos por su Reino con la fuerza del soplo del Espíritu.

Oremos.

Nos dejaremos impulsar por el Espíritu

• Y que el soplo del Espíritu sea quien aliente la vida y el gobierno de cada uno de los responsables de la comunidad eclesial; y así la autoridad sea servicio gratuito y comprometido en favor de los más desfavorecidos.

Nos dejaremos impulsar por el Espíritu

• Que nos hace conscientes de que la fe nos compromete con la comunidad y con el Reino desvelado por Jesús de Nazaret, siendo puentes de bien para toda la humanidad.

Nos dejaremos impulsar por el Espíritu

• Para despertarnos por dentro, salir de nuestras zonas de confort y decidirnos a atender las periferias de nuestros pueblos y ciudades, sanando la vida herida y suscitando siempre vida más fraterna.

Queremos dejarnos vivificar por el soplo del Espíritu

Padre bueno, en esta fiesta de Pentecostés queremos abrirnos a la acción de tu Espíritu y vivir lo de cada día como Jesús de Nazaret: con sencillez, apostando siempre por los más pobres, confiando en tu Palabra y promesa. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino, que son frutos de la tierra y del trabajo humilde de los hombres y mujeres que la cultivan, te ofrecemos Señor nuestras vidas, sus alegrías, sus tristezas, sus errores y aciertos. Ofrecemos también el deseo y el compromiso de dejarnos guiar por tu Espíritu. Te lo ofrecemos con Jesucristo nuestro Señor. Amén

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Hoy queremos agradecerte, Padre, 

de manera muy especial

que nos estés enviando permanentemente 

tu Espíritu,

que vemos reflejado

en el amor que sentimos hacia los demás,

en el impulso a tender nuestras manos

al que nos suplica ayuda,

en la fuerza interior

que nos mueve a hacer siempre el bien,

en la aspiración a elevarnos sobre las cosas materiales

y encontrarnos contigo en la oración.

Queremos que todos los seres humanos

reconozcan tu amor y bondad,

y te den gracias

porque has derramado tu Espíritu 

a toda la humanidad.

Te dirigimos contentos y agradecidos

este himno de gloria y alabanza.

SANTO SANTO SANTO

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo:

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

Queremos, Padre santo, proclamar ante el mundo

la verdad de Jesús,

su vida y muerte terrenal, su vida eterna y feliz en Ti.

Deseamos, impulsados por tu Espíritu,

que nuestra Iglesia se renueve constantemente a la luz del Evangelio y encuentre siempre nuevos impulsos de vida; consolidando los vínculos de unidad entre los laicos y los pastores de tu Iglesia, entre nuestro Obispo N..., y sus presbíteros y diáconos, entre todos los Obispos y el Papa N...

Queremos que la Iglesia sea, en medio de nuestro mundo, dividido por las guerras y discordias, instrumento de unidad, de concordia y de paz.

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad.

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación

para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José,

a los apóstoles, a los santos y a todas las personas

de buena voluntad, diciendo

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a rectificar nuestros errores.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Espíritu Santo

Sé que siempre estás conmigo, que todo lo puedes, que eres luz, sabiduría y amor. Por eso te entrego mi vida, mis caminos, los pasos que daré, y los retos que tendré que superar. Amén

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

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