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Ludo Van de Velde

Ludo Van de Velde

23 ene 2026

Más vale ser libre en la verdad.

“¡Lástima tantas plumas vendidas, tantas lenguas que a través de la radio tienen que comer y se alimentan de la calumnia porque es la que produce! La verdad muchas veces no produce dinero sino amarguras. Pero más vale ser libre en la verdad que tener mucho dinero en la mentira.” (7 de mayo de 1978)

Monseñor vuelve a denunciar cómo los medios de comunicación están «vendidos» porque deben generar ingresos.Da igual que sea mentira, media mentira o una pequeña mentira. El criterio de los medios de comunicación en manos de empresas privadas es la ganancia: el periódico debe venderse y circular; el programa de radio o televisión que agrada (aunque sea un engaño) atrae publicidad y genera dinero, y más dinero.

Monseñor considera que «más vale ser libre en la verdad». Recuerdo que, en El Salvador, el padre Alfonso Navarro, asesinado el 12 de mayo de 1977, había retomado la convicción de Jesús: «La verdad os hará libres». Era el lema de su ordenación sacerdotal. Con esas palabras se despidió de su parroquia de San Juan Opico cuando fue trasladado a la iglesia de Miramonte.  Hay que tener mucho valor y fortaleza para discernir la verdad, para hablar la verdad y para defenderla, cueste lo que cueste. También exige honestidad ante la realidad histórica y ante la propia memoria.

Hace un tiempo, oímos el testimonio de una persona que, al hablar de su presunta vivencia con monseñor Romero y otros mártires, cayó en la trampa de minar su propia memoria, de deformar la realidad e inventarse palabras y acciones de otros y de sí misma. Y todo ello, hasta el punto de denigrar la integridad personal de algunos de los mártires que menciona.  Lo que sucede a nivel personal sucede de manera masiva en muchos medios de comunicación.

Ser libre en la verdad exige una profunda sinceridad con la historia y con los acontecimientos, así como un gran respeto por la dignidad de las personas y por la vida del pueblo.  Los medios «amarillistas» y sensacionalistas explotan la pobreza, la miseria y el dolor ajenos para atraer la atención y vender.Si además se graba en vídeo la entrega de alguna ayuda (proporcionada por terceros), parece una expresión de caridad y bondad. 

No es por casualidad que el «no mentir» está en los diez mandamientos, el código fundamental de la marcha humana hacia la libertad. La mentira es hermana del robo y del asesinato.  Cuando se roba o se asesina, se necesita la mentira para encubrir el escándalo y justificar y ocultar el delito. Los poderosos (a nivel político y económico) ocultan información sobre su gestión y, en no pocas ocasiones, crean cortinas de humo (noticias atractivas) para que la población no vea las fechorías que están cometiendo. Las mentiras, si se repiten lo suficiente, se acaban considerando verdades.  Desde hace tiempo sabemos que expresiones como «lo vimos en la tele», «lo oímos en la radio», «lo leí en el periódico» o «lo vi en mis redes sociales» no son sinónimo de claridad ni abren la puerta a la verdad. «Está publicado, entonces debe ser verdad» es una de las grandes mentiras de nuestro tiempo.

En un mundo invadido por las «noticias» y por la cantidad de medios de comunicación y redes sociales, hasta en nuestras propias manos (con los teléfonos móviles), se hace cada vez más complejo discernir la verdad de las noticias. Desde la fe en Jesús, somos llamados a sentirnos y sabernos realmente libres para tomar distancia de la avalancha de noticias y mensajes, y poder discernir la verdad. Ser libres para contrastar la realidad que conocemos y vivimos con otros medios, con la propia conciencia y, sobre todo, con la verdad que brota de la vida de los pobres.  Un buen camino comunitario para discernir la verdad de la mentira es escuchar la voz de las víctimas: los pobres, los excluidos, los que no tienen voz, los desempleados, las personas sin hogar, los migrantes, las personas privadas de libertad, los enfermos, las personas en asilos de ancianos, las personas que viven con el salario mínimo o menos, las personas que apenas sobreviven con algún subsidio, las víctimas de abusos, los pueblos víctimas de genocidio y otras formas de destrucción, etc.  Desde sus voces y sufrimientos, debemos confrontar las noticias, los comentarios, los artículos de opinión, los blogs, los pódcast, etc., e incluso las homilías en los templos.

Y, si queremos seguir el ejemplo de Jesús, será muy necesario retirarnos al silencio de la oración para escuchar la voz del Padre en medio del desierto de falsedades y mentiras. No tengamos miedo de ser libres y libres en la verdad.

Cita 8 del capítulo VII (La verdad) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

26 dic 2025

¿Acaso los ricos no tienen alma?

“Aquí nos está dando Cristo la respuesta a una calumnia que se oye muy frecuente: ¿Por qué la Iglesia sólo le está predicando a los pobres? ¿Por qué la Iglesia de los pobres? ¿Qué acaso los ricos no tienen alma? Claro que sí y los amamos entrañablemente y deseamos que se salven, que no vayan a perecer aprisionados en su propia idolatría, les pedimos espiritualizarse, hacerse almas de pobres, sentir la necesidad, la angustia del necesitado.” ( 15 de octubre de 1978)

En la época de monseñor Romero se hablaba de la Iglesia de los pobres. Sin embargo, este concepto eclesiológico parece estar un tanto marginado en la Iglesia.En el entorno de las comunidades eclesiales de base aún se oye, pero deberíamos profundizar de nuevo en la exigencia del Espíritu para llamarnos «Iglesia de los pobres».  A nivel eclesial, debemos preocuparnos por el hecho de habernos alejado de la conciencia evangélica de ser la Iglesia de los pobres. Así que a todos nos corresponde «espiritualizarnos, hacernos almas de pobres, sentir la necesidad y la angustia del necesitado».

En tiempos de crisis como el actual, se observan diversas actitudes y acciones. No faltan las personas tremendamente solidarias y fraternas.Aquí recordamos nuevamente a nuestros hermanos Santiago y Raquelita. Siendo pobres, siempre han vivido con «alma de pobre» y han sentido la «angustia del necesitado». En realidad, no todos los pobres tienen «alma de pobre».  Las familias pobres que reciben remesas desde el extranjero a menudo pierden esa sensibilidad solidaria con pensamientos como «mientras yo tengo resueltos mis problemas». 

Con la pregunta de monseñor Romero sobre si los ricos tienen alma, creemos que se puede decir que su alma se ha achicado, endurecido y desintegrado por la manera en que se han enriquecido. Quien se ha enriquecido robando terrenos a otros u obligándolos a vender parcelas a un precio ridículo, se ha apartado de Dios.Si alguien se ha hecho rico explotando a sus trabajadores y trabajadoras, pagándoles salarios de miseria, reteniendo descuentos, evadiendo el pago correcto de impuestos, etc., se ha apartado de Dios. Si alguien se ha hecho rico mediante la corrupción, robando las finanzas del Estado, también se ha apartado de Dios.  Y también se han apartado de Dios las familias de clase media que viven bien de su salario ganado correctamente, si se hacen «mirones» y se encierran en el pequeño círculo de su propia familia, sus alegrías, sus viajes, sus pequeños lujos, etc. Todos se han dejado «aprisionar por su propia idolatría».  Recordemos que Jesús dijo que no se puede servir a Dios y al mismo tiempo al dios dinero.

Por eso, monseñor Romero convoca a todos a «espiritualizarnos», no en el sentido de irse a vivir a una nube de piedad y tradición religiosa, sino en el sentido de «sentir en carne propia la angustia del necesitado» y transformar la vida en fraternidad solidaria.Esto exige abrir los ojos y los oídos, hacernos «alma de pobre» y vivir con espíritu solidario. 

En Europa – con sus déficits presupuestarios – surgen interrogantes y exigencias para aplicar (aunque sea un mínimo extra) impuestos a los más ricos, más millonarios. Los partidos liberales empujan los gobiernos para cortar en los gastos sociales (educación, salud, subsidios sociales, ayuda al desarrollo,…) y brincan cuando se menciona la necesidad de poner impuestos a los más ricos. Es bien extraño que desde las Iglesias no se oye ningún comentario o iluminación evangélica al respecto. Además unos cuantos de esos millonarios también se consideran – de una u otra manera – cristianos. Es extraño que los políticos tienen tanto miedo para exigir más impuestos – por justicia – a los que tienen más, a los multimillonarios, mientras no dudan en imponer más a la clase media y a recortar gravemente los presupuestos sociales.Tienen más miedo de esa minoría rica quede la gran mayoría no (tan) rica.Recuerdo que hace unos años algunos multimillonarios en los EEUU proponían exigirles más impuestos. Es evidente que con un aumento de 10 o 15 % de impuestos sobre sus ingresos y sus capitales, ellos no sentirán ninguna pérdida; su vida de lujo no cambiará nada, pero para el estado podrá ser una fuente importante, para poder mantener y mejorar la sociedad de bienestar para cada vez más habitantes. A pesar de las crisis financieras en Europa, los gobiernos – como por arte de mágica y gracias a recortes en financiamientos sociales y solidarios – cuentan con miles y miles de millones de Euro para invertir en armas. Los ministros con salarios jugosos y muchas extras, no “sienten la necesidad, la angustia del necesitado”, pero ellos deciden!

La Iglesia se preocupa por el Reino, por todos los seres humanos, y su mensaje es como el de Jesús: «Conviértanse», cambien de rumbo, vivan los valores del Reino de Dios. Y en esto todos y todas debemos reconocer que las personas pobres con «alma de pobre» nos darán el ejemplo y serán nuestros ojos para ver con claridad y no perdernos en el camino. Quienes más riquezas tienen también tienen la obligación ética —para no hablar de la obligación evangélica— de compartir más. Es urgente que nuestros obispos y pastores hablen con claridad evangélica y estén dispuestos a pagar el precio por predicar el Evangelio de Jesús. 

Cita 8 del capítulo III (Iglesia) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

27 mar 2025

Padre Rogelio Ponseele,  tu luz que no se apagará

"Mi amistad con Rogelio comenzó en enero de 1978, cuando llegué a El Salvador para compartir la experiencia pastoral de las comunidades eclesiales de base en la zona norte de la capital"

"He sido testigo de la dinámica misionera de las CEBs, de su fuente espiritual y de su compromiso social y político"

"A partir del martirio de Monseñor Romero todo empeoró. Rogelio y yo empezamos a dormir en otra casa. Un día pusieron una bomba en nuestra casa. Finalmente, nos vimos obligados a retirarnos al seminario"