Hazte socio/a
Última hora
Las grabaciones de Bernardo Álvarez

"Verdad y reparación": el desafío de romper el silencio en la Iglesia, según Rosaura González

El libro analiza la problemática desde una mirada interdisciplinar, revisando avances, consecuencias y estructuras que favorecen la existencia del abuso

"La búsqueda de la verdad nos libera de una falsa idea de santidad que va separada de la vida"

Hna. María Rosaura González | Archivo particular

«Verdad y reparación», discernimiento sobre abusos a personas adultas en la Iglesia, es el libro de la Hna. María Rosaura González Casas. Una publicación de la editorial Celam, que de acuerdo con la autora muestra los resultados de un trabajo colectivo que responde con verdad y valentía al pecado intraeclesial que favorece el abuso a personas adultas.

El análisis de una problemática desde diferentes perspectivas que debe interpelar y mover a la acción al pueblo de Dios para seguir trabajando por entornos eclesiales seguros y libres de cualquier conducta relacionada con las diferentes formas del abuso.

Religiosas | Archivo particular

P.- ¿Cómo se realizó el libro? ¿Qué mensaje quiere dejar en los lectores?

R.- Hicimos un primer libro con la Comisión de la CLAR, la respuesta fue positiva, la gente nos agradeció su contenido, porque creaba conciencia sobre la problemática a partir de testimonios; entonces nos pidieron otra publicación.

El objetivo es iluminar la situación desde diferentes perspectivas; porque estamos en otro momento. Cuando salió el primer libro era necesario afrontar con claridad el concepto de abuso, algo en lo que hemos avanzado mucho.

En este libro hacemos un análisis de la problemática desde una mirada interdisciplinar, revisando avances, consecuencias y las estructuras que favorecen la existencia del abuso. Entonces se habla desde la teología, los documentos del Magisterio, la Doctrina Social de la Iglesia y las estructuras de la vida religiosa.

También aborda el tema desde la perspectiva femenina porque favorecer el cambio, no es solamente luchar contra los abusos, sino trabajar por estructuras libres de estas situaciones, dispuestas a cuidar y prevenir estos delitos.

Este momento histórico nos pide verdad, reparacióncambios en las estructuras y modos de vivir. Por eso, pensamos en especialistas que conocen el tema y su experiencia nos ayudó a entender y asumir con claridad el cambio que requiere la Iglesia para garantizar espacios seguros.

Celebración Eucarística | Archivo particular

P.- ¿Cómo influye la búsqueda de la verdad en la reparación de las víctimas de abuso?

R.- Como dice Jesús, la verdad nos libera. Cuando reconocemos ese principio, la iglesia permite un espacio para crear conciencia del mal objetivo causado. Admitir la verdad sobre este mal ya sea estructural o personal, es reconocer la vulnerabilidad de cualquier ser humano.

A veces ignoramos los efectos fatales que genera el abuso en una persona y la verdad pone de manifiesto las consecuencias y daños colaterales. También nos libera de poner en un pedestal a los sacerdotes y religiosos como si fueran santos por su modo de vestir o porque celebran sacramentos. Concepto que desconoce la humanidad de hombres y mujeres consagrados; que no están exentos de caer en errores, pecados o delitos.

La verdad nos libera de una falsa idea de santidad que va separada de la vida,  de los secretos escondidos; ese silencio que ata las bocas, estructuras y corazones. Esta aceptación nos pide llevar a la luz el mal cometido, ponerlo sobre la mesa crea un espacio de acogida para las víctimas.

No solo para quienes denunciaron, sino para los que faltan; pero saben de la postura de la iglesia que reconoce los hechos o el abusador que admite el mal cometido. Eso genera un espacio de seguridad para salir del silencio. En el contexto eclesial libera a los que están atados por el miedo y la humillación. La verdad repara y sana las víctimas.

Ceremonia religiosa | Archivo particular

P.- ¿Cómo ayuda la confesión y el arrepentimiento en la reparación de las víctimas?

R.- Como sacramento, son fundamentales para buscar la verdad y reparar a las víctimas. Si hablamos del abusador, implica reconocer el hecho más allá del delito, es decir, el pecado contra la dignidad de alguien.

Al confesarse confía en la gracia de Dios y su misericordia; sale del ámbito privado y reconoce públicamente el mal cometido, esto representa un espacio sanador para las víctimas. Es dar el primer paso para que no se apague la esperanza de su corazón y sienta que es posible cambiar la vida. Desde luego, el siguiente paso será el reconocimiento frente a la víctima, lo que será decisivo en su reparación.

P.- ¿Cómo acompañar a las víctimas?

R.- Para ayudar a las víctimas de abuso sexual y/o violencia verbal cometidos por alguna autoridad religiosa, lo más importante es la escucha. Un proceso que puede darse en distintos niveles. Debe ser una escucha acogedora que favorezca la sanación de las heridas y se acompañe con una terapia.

La Iglesia, debe pagar el tratamiento para las víctimas, porque son abusos que pueden generar daños en la salud. He conocido víctimas que sufren de ansiedad, imposibilidad para controlar sus miedos e insomnio. Enfermedades que implican gastos, entonces es necesario que la Iglesia asuma la compensación económica; es una manera de apoyar a las víctimas que sufrieron un daño en su salud y desarrollo humano personal; lo que incide negativamente en su trabajo.

Protesta en Iglesia | Archivo particular

P.- ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la Iglesia para garantizar verdad y reparación a las víctimas?

R.- Uno de los desafíos más grandes dentro de la iglesia es superar la denominada “cultura de omertà”, asociada con el silencio y el encubrimiento. Es una cultura incrustada no solo en la iglesia, sino en las mismas familias porque muchos de los abusos son intrafamiliares y después pues esos hijos tienen vocación, se van a la iglesia, entran al sacerdocio, la vida religiosa y se perpetúa un ciclo de silencio que empapa las estructuras eclesiales.

Esta cultura es un desafío estructural muy importante. Romper esos silencios que cubren y protegen autoridades sagradas, es algo fundamental. Al presentar una denuncia otro desafío son los procesos canónicos y penales, que tardan mucho tiempo en ofrecer una solución.

Generalmente las víctimas no saben nada sobre el estado de su caso o proceso. Esa falta de información es otro desafío. Otro tema que merece un trabajo urgente es el abuso de adultos, especialmente a mujeres adultas en la iglesia. Delito cometido por hombres o mujeres y como no está penalizado, se habla de adultos vulnerables, pero es difícil definir los criterios para considerarlos vulnerables; entonces todo pasa por la relación con el concepto de adultez en la persona.

Un tema donde aparecen elementos que condicionan el abuso, por ejemplo, cuando se presenta durante la dirección espiritual, el acompañamiento y la confesión; situación que aboga por cambios en el derecho canónico. Ese es un desafío eclesial muy grande para avanzar hacia la transparencia, esa verdad y reparación que merecen las víctimas. Esperamos seguir caminando hacia esa la luz que nos liberará a todos.

También te puede interesar

Lo último