Caín y Abel

Mi vocación: Sor Gemma Morató
02 nov 2014 - 21:44
Cain
Cain

La página del Génesis 4,1-16 es la triste realidad de un mal endémico: la envidia, a la cual todos estamos expuestos y raíz de muchos males que atañen nuestra sociedad. La envidia puede llegar al extremo de matar como el caso que nos narra la Sagrada Escritura:

“Caín llevó al Señor una ofrenda del producto de su cosecha. También Abel llevó al Señor las primeras y mejores crías de sus ovejas. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró así a Caín y su ofrenda, por lo que Caín se irritó mucho y torció el gesto. Entonces el Señor le dijo: “¿Por qué te has irritado y has torcido el gesto? Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara pero como no lo haces, el pecado está esperando el momento de dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él.”

Vemos como Caín no se alegra de que la ofrenda de su hermano sea grata al Señor y en vez de examinar el por qué del rechazo de la suya, se deja carcomer por la envidia. No atiende a la voz de Dios que le advierte del peligro que corre si no endereza su actitud y termina por caer en la tentación: Mata a su hermano. Pero al eliminarlo su conciencia le acusa de la gravedad de su acción, no puede estar tranquilo pues la sangre de Abel que ha empapado la tierra clama justicia.

Es triste constatar como la historia se repite en nuestros días: Cuantas zancadillas no se hacen para usurpar lo que el otro tiene, y en casos extremos llegar a asesinar. Me pregunto cómo estas personas pueden vivir tranquilas con un peso así sobre su conciencia si la justicia no los descubre. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

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