El valor de la amistad y del amor
Una extraña sonrisa se dibuja en la cara, poco a poco me doy cuenta de que hay algo más detrás de esos gestos y de esa mirada. Lo curioso es que cuando me veo en el espejo suelo tener esa misma sensación, el reflejo de mi rostro es mi estado interior, no me puedo engañar. Sin duda, mi manera de hacer, mis palabras y hasta el brillo de mis ojos están contando una historia, la historia de uno mismo y de todo lo que le rodea.
Hay veces que necesitamos que nos recuerden las cosas para ser conscientes del profundo valor que tienen, ya que el día a día nos hace olvidar que poseemos un tesoro en nuestras manos, en nuestra vida. La relación con las personas es un gran paso, es un puntal para crecer por dentro, para olvidarse de uno mismo y comenzar a ver que existe más mundo que el propio, y que eso que hemos descubierto nos irá llevando por distintos caminos jamás soñados, pero ciertos.
Hay etapas en la vida que llegan a su fin, aunque no porque terminen precisamente sino porque sólo acaban de empezar. Esta paradoja no es irreal sino que es un hecho; lo que vivimos nos va construyendo pero a la vez nos va dejando una puerta entreabierta en nuestro futuro más próximo. La gente con la que hemos compartido durante un tiempo determinado no pasa desapercibida sino que permanece siempre en el corazón porque el compartir no es únicamente un sueño, el cual nos ayuda a buscar juntos lo que creemos y defendemos, sino que es una realidad palpable ya que la huella de la amistad y del amor jamás se borra.
Cada día hemos de agradecer por todas las pequeñas cosas que encontramos en la vida, el trabajo, los estudios, la familia, los amigos... Estas pequeñas cosas son las que construyen la más fuerte y verdadera, es decir, nuestra vida; así lo pequeño se transforma en grande y lo desapercibido en imprescindible, ya que necesitamos del otro y no podemos estar solos. Doy gracias a Dios por todo, por tantas personas que conozco y que me han enseñado su manera de ver y de vivir, por aquello que han aportado a mi vida y también por todos aquellos momentos que han dedicado de su tiempo para escuchar y hacerse presentes siempre y sin condiciones. Texto: Hna. Conchi García.