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Armenia juzga a su máximo líder religioso en un proceso sin precedentes

El catolicós Karekin II y seis obispos se sientan en el banquillo en un juicio sin precedentes que enfrenta a la Iglesia Apostólica Armenia con el Gobierno de Nikol Pashinián. La primera audiencia terminó con la recusación del juez, mientras crecen las tensiones políticas, eclesiales y geopolíticas en el país.

Foto: Diario Armenia

Armenia, un pequeño país del Cáucaso Sur de mayoría cristiana, vive estos días un proceso judicial sin precedentes. El catolicós Karekin II, de 74 años y máximo dirigente de la Iglesia Apostólica Armenia desde 1999, se sienta en el banquillo junto a seis obispos. El juicio comenzó el viernes 7 de agosto de 2026 ante el Tribunal de Primera Instancia de Armavir, con sede en Echmiadzín —a escasa distancia de la residencia del catolicós—, y podría marcar un antes y un después en las relaciones entre el poder político y la institución religiosa más influyente del país.

La Iglesia más antigua del mundo cristiano

La Iglesia Apostólica Armenia es la iglesia de Estado más antigua del mundo. Según la tradición, fue fundada por los apóstoles Judas Tadeo y Bartolomé, y en el año 301 Armenia se convirtió en el primer reino en adoptar el cristianismo como religión oficial. Pertenece a la familia de las iglesias ortodoxas orientales. En el país la profesan alrededor del 90 % de los habitantes y en el mundo cuenta con unos nueve millones de fieles. Está organizada en dos catolicados: el de Echmiadzín, con sede en Armenia y presidido por Karekin II, y el de Cilicia, con sede en el Líbano. El primero ostenta una primacía de honor.

Foto: Diario Armenia

La primera audiencia y la recusación del juez

La primera audiencia terminó apenas unos minutos después de comenzar. Según informó Diario Armenia, el juez Hakob Manukyan se recusó al considerar que una relación profesional previa con uno de los abogados defensores, Ara Zohrabyan, podía generar dudas sobre su imparcialidad. Años atrás, cuando Zohrabyan presidía el Colegio de Abogados, había entregado a Manukyan su licencia profesional. El letrado celebró la decisión del magistrado y calificó el proceso de “vergonzoso”. Ahora deberá designarse un nuevo juez antes de fijar la próxima fecha. La sesión se celebró a puerta cerrada por motivos de privacidad.

Tras abandonar el tribunal, Karekin II caminó acompañado por partidarios hasta la Santa Sede de Echmiadzín, donde se celebraba una ceremonia religiosa. Allí rechazó las acusaciones, que calificó de “infundadas y falsas”, y afirmó estar “lleno de fe y determinación para defender nuestros justos derechos”. Llamó también a detener las injusticias, la discriminación, la intolerancia y el discurso de odio en el país.

El origen del conflicto

El origen del proceso es concreto. En enero, el máximo órgano de dirección de la Iglesia destituyó a Gevorg Saroyan, de la diócesis de Masjatsotn, después de que este exigiera públicamente la renuncia del catolicós y reclamara reformas internas. Saroyan formaba parte de un grupo de unos diez obispos críticos. Recurrió a la justicia civil y obtuvo una medida cautelar que ordenaba su reposición provisional. La jerarquía no solo desobedeció la orden, sino que le retiró la dignidad sacerdotal por desobediencia. La fiscalía acusa ahora a Karekin II y a los seis prelados de obstruir la ejecución de un acto judicial. Les amenazan multas o penas de hasta dos años de prisión.

Foto: Diario Armenia

Más que un juicio disciplinar

Para muchos observadores, el caso representa mucho más que un conflicto disciplinar. Según katholisch.de, pone en cuestión una tradición de casi dos mil años y simboliza la pérdida de la histórica inmunidad de la cúpula eclesiástica, así como un avance del secularismo frente a la tradicional cooperación entre Estado e Iglesia nacional. Armenia separó formalmente ambos poderes, pero ahora se enfrenta a la pregunta de hasta dónde puede intervenir la justicia civil cuando se alega la vulneración de derechos fundamentales dentro de una institución religiosa. No existe un tribunal eclesiástico propio. Según datos que circulan, más de 150 clérigos, entre ellos varios arzobispos y obispos, habrían sido castigados o laicizados de forma arbitraria en los últimos años.

La rivalidad con el primer ministro Pashinián

El conflicto se enmarca en una rivalidad abierta entre Karekin II y el primer ministro Nikol Pashinián, de orientación prooccidental. Ambos se han exigido públicamente la renuncia mutua. El catolicós y su entorno son percibidos como cercanos a Rusia: en 2022 recibió una medalla de honor de Vladímir Putin y su hermano, el arzobispo Ezras Nersissian —responsable de la diócesis armenia en Rusia—, fue condecorado por el presidente ruso en 2025. Días antes de unas elecciones parlamentarias, Karekin II visitó al oligarca ruso-armenio Samvel Karapetyan, fundador de un partido de oposición. Desde la jerarquía se difundieron mensajes que desaconsejaban el voto al partido oficialista.

El católicós Karekin II con Vladimir Putin, presidente de Rusia | Foto: President of Russia

Amplias reacciones dentro y fuera de Armenia

La audiencia generó amplias reacciones. Diputados de las principales fuerzas opositoras abandonaron la sesión parlamentaria para concentrarse frente al tribunal. Calificaron el día de “vergüenza” e “inaudito” y denunciaron una violación de la independencia de la Iglesia y de la Constitución. Desde el oficialismo se respondió acusando a la cúpula eclesiástica de interferir en la política del país y de proteger a clérigos que habrían incumplido el voto de celibato.

Otras instancias de la Iglesia armenia también se pronunciaron. El catolicós Aram I de Cilicia expresó su profunda protesta e incluso recomendó a Karekin II que no compareciera personalmente. El Patriarcado Armenio de Jerusalén condenó la “persecución legal” y advirtió de un precedente peligroso. La Diócesis Oriental de América adoptó una postura similar. La Federación Revolucionaria Armenia denunció una “persecución sistemática”, mientras que desde Argentina la entidad IARA (Instituciones Armenias de la República Argentina) repudió el avance judicial y exigió la anulación de las causas.

Fisuras internas y horizonte incierto

Dentro de la propia Iglesia hay fisuras. Aunque los críticos todavía constituyen una minoría —la mayoría del clero guarda silencio—, el episodio muestra que el poder casi absoluto del catolicós, de carácter vitalicio, empieza a erosionarse. Solo una mayoría de dos tercios del sínodo de obispos y la posterior elección de un nuevo catolicós por un concilio nacional podrían destituirlo.

Analistas advierten de riesgos de escalada y de que la confrontación agrave las tensiones sociales. El fondo del enfrentamiento es geopolítico: mientras el gobierno busca distanciarse de la influencia rusa y orientarse hacia Occidente, la cúpula de la Iglesia se identifica con la antigua esfera de Moscú. Temas como la pérdida de Nagorno-Karabaj o el reconocimiento del genocidio armenio de 1915 sirven de superficie a un choque más profundo sobre el futuro del país.

El desenlace judicial no afectará automáticamente al cargo de Karekin II, pero el proceso ya ha puesto en evidencia las debilidades de una institución que durante siglos fue pilar de la identidad nacional. Algunos predicen un avance de la secularización; otros reclaman que la Iglesia regrese a su misión espiritual y deje de intervenir en la política partidista. Lo que ocurre en Echmiadzín es, en definitiva, la prueba de fuerza entre dos visiones de Armenia: una anclada en la tradición y la alianza histórica con Rusia, y otra que apuesta por la modernidad institucional y la separación real entre el poder temporal y el espiritual.

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