El cardenal David cuestiona las bondades del proyecto estadounidense de semiconductores 'Pax Silica' en suelo filipino
El obispo de Kalookan expresa una serie de dudas sobre el megaproyecto de semiconductores e inteligencia artificial anunciado por el presidente Ferdinand Marcos Jr. e invita a evaluar su impacto en el medio ambiente, los trabajadores y el desarrollo nacional
(Santosh Digal/AsiaNews).- El cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan y expresidente de la Conferencia Episcopal Católica de Filipinas (CBCP), ha expresado su preocupación por la «Pax Silica», el proyecto estadounidense destinado a crear un polo tecnológico para reducir la dependencia de las cadenas de suministro tecnológicas chinas, que el Gobierno filipino pretende llevar a cabo en el país.
En un mensaje publicado ayer, 31 de julio, en las redes sociales, el cardenal afirmó que la creación del nuevo centro dedicado a los semiconductores y a la inteligencia artificial plantea interrogantes y posibles riesgos para la población y el medio ambiente.
«La verdadera cuestión no es si los países implicados persiguen sus propios intereses nacionales. Todas las naciones lo hacen. Estados Unidos, con la política “America First” del presidente Trump, ha declarado abiertamente que quiere reforzar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial, semiconductores y cadenas de suministro estratégicas. China también persigue sus propios intereses estratégicos. Esa es la realidad de la política internacional», escribió el cardenal. «La cuestión para Filipinas es diferente».
«¿Contribuirá la Pax Silica a desarrollar las capacidades científicas filipinas, la innovación tecnológica y la resiliencia industrial del país? ¿O servirá sobre todo a los intereses estratégicos de otros, mientras que a los filipinos solo les quedará poner a disposición tierras, recursos naturales, agua, energía, incentivos fiscales y mano de obra?», se preguntó David.
Según el cardenal, los proyectos de este tipo deben evaluarse cuidadosamente teniendo en cuenta sus consecuencias a largo plazo para el país, la población y el medio ambiente.
«Son preguntas legítimas, no porque estemos en contra de las inversiones extranjeras, sino porque una verdadera colaboración también debería fortalecer al país que la acoge», afirmó.
Por ello, añadió, «la prudencia exige transparencia, transferencia tecnológica, una participación significativa de científicos e industrias filipinas, una gestión responsable del medio ambiente y un compromiso claro para ayudar a nuestro país a ascender en la cadena de valor, en lugar de limitarse a ser una mera fuente de materias primas y mano de obra barata».
La revolución digital no debe convertirse en un nuevo ámbito en el que el poder tecnológico se utilice para el dominio en lugar de para la cooperación
Haciendo referencia a la «Magnifica Humanitas» del papa León XIV, David subrayó que «la tecnología debe seguir al servicio de la humanidad y nunca convertirse en su dueña».
Citando también la encíclica Fratelli Tutti del papa Francisco, el cardenal señaló que «la humanidad no puede construir su futuro basándose únicamente en la lógica de los intereses nacionales contrapuestos» y que «el retorno a la lógica de que el más fuerte tiene la razón ha llevado repetidamente a la humanidad hacia conflictos y guerras». Por ello, añadió, «la revolución digital no debe convertirse en un nuevo ámbito en el que el poder tecnológico se utilice para el dominio en lugar de para la cooperación».
¿Contribuirá la Pax Silica a desarrollar las capacidades científicas filipinas, la innovación tecnológica y la resiliencia industrial del país? ¿O servirá sobre todo a los intereses estratégicos de otros, mientras que a los filipinos solo les quedará poner a disposición tierras, recursos naturales, agua, energía, incentivos fiscales y mano de obra?
«La Iglesia católica, en comunión con las Iglesias locales que trasciende las fronteras nacionales, sigue siendo una de las pocas instituciones verdaderamente globales capaces de ofrecer una visión moral que va más allá de las rivalidades geopolíticas», afirmó. «No pide a los países que renuncien a sus legítimos intereses, sino que los pongan al servicio del bien común de toda la familia humana».
«En definitiva», concluyó el cardenal, «la verdadera pregunta no es simplemente si la Pax Silica hará que las economías sean más fuertes o que la inteligencia artificial sea más potente. La cuestión es si contribuirá a construir lo que el papa León define como una “civilización del amor” en lugar de una cultura del poder: un futuro en el que el progreso tecnológico esté al servicio de la dignidad humana, la fraternidad social, el cuidado de la casa común y la paz entre las naciones».
Según el Gobierno, la iniciativa podría generar 180.000 millones de pesos de ingresos anuales y crear casi 200.000 puestos de trabajo
Durante el discurso sobre el estado de la nación pronunciado el 27 de julio, el presidente Ferdinand Marcos Jr. presentó ante el Parlamento el proyecto para crear el Pax Silica Industrial Hub. El polo, impulsado por Estados Unidos, se levantará en una superficie de 1 620 hectáreas en la provincia agrícola de Tarlac, a unos 120 kilómetros al noroeste de Manila. El proyecto tiene como objetivo reforzar las cadenas de suministro de semiconductores, tierras raras e infraestructuras para la inteligencia artificial, con instalaciones dedicadas al ensamblaje de chips, al procesamiento de minerales como el níquel y el cobre y a la construcción de centros de datos. Según el Gobierno, la iniciativa podría generar 180.000 millones de pesos de ingresos anuales y crear casi 200.000 puestos de trabajo.
Grupos de la sociedad civil han expresado su preocupación: las instalaciones de inteligencia artificial y semiconductores requerirán enormes cantidades de electricidad y agua,
Sin embargo, varios grupos de la sociedad civil han expresado su preocupación: las instalaciones de inteligencia artificial y semiconductores requerirán enormes cantidades de electricidad y agua, con el riesgo de aumentar los costes de los servicios públicos y provocar escaseces para las comunidades locales. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos también han advertido de que la reconversión de vastas zonas agrícolas podría obligar a los agricultores y a las comunidades indígenas a abandonar sus tierras, mientras que algunos científicos y activistas consideran que el proyecto corre el riesgo de vincular aún más a Filipinas a las cadenas de suministro y a las rivalidades estratégicas internacionales, en lugar de favorecer el desarrollo industrial nacional.
