Cardenal Tagle: "La guerra desfigura el mundo, solo la revelación de Dios lo transfigura"
En la misa celebrada con motivo de la fiesta de la Transfiguración del Señor, el pro-prefecto recordó el aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, que para algunos supuso el fin de la II Guerra Mundial. Y se preguntó: "¿Ha terminado realmente la guerra?
(Alessandro Di Bussolo/Vatican News).- La bomba atómica lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el día de la fiesta de la Transfiguración del Señor, no «transfiguró» el mundo porque condujera a la rendición de un enemigo —en aquel caso, Japón—, sino que lo «desfiguró», porque «solo la revelación de Dios, y no la guerra, puede traer la transfiguración a la humanidad». Así lo subrayó el cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización (Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares), en la homilía de la misa celebrada ayer, 6 de agosto, en la capilla dedicada a San John Henry Newman, en el Palacio de Propaganda Fide, y publicada por la Agencia Fides.
La guerra es una "desfiguración"
A quienes sostienen que la bomba de Hiroshima contribuyó al fin de la Segunda Guerra Mundial, el cardenal filipino respondió preguntándose: «¿Ha terminado realmente la guerra? ¿Podemos realmente definir la guerra como una “transfiguración”? Porque no podemos llamarla más que por su verdadero nombre: desfiguración». Ya que, al igual que la bomba, conlleva «la oscuridad de la destrucción, la enfermedad y la muerte».
Cuando Pedro "desfiguró" a Jesús
El proprefeto del Dicasterio para la Evangelización recordó que, a la pregunta de Jesús: «¿Quién decís que soy yo?», san Pedro respondió que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios vivo, gracias a la revelación del Padre. Pero cuando Jesús reveló que Él, el Mesías, sufriría, sería asesinado y resucitaría al tercer día, Pedro se opuso a ese tipo de Mesías. Y Jesús «lo calificó inmediatamente de Satanás, de piedra de tropiezo, de escándalo que no se basaba en la revelación de Dios, sino en el razonamiento humano». Al cerrar «su mente a la sabiduría del Padre —comentó Tagle— Pedro “desfiguró” a Jesús».
La Transfiguración como revelación de la verdadera misión de Jesús
Una semana después de este episodio, en el Monte Tabor, Jesús fue «transfigurado» por el Padre ante Pedro, Santiago y Juan. «El cuerpo de Jesús, que un día sería crucificado y sepultado —subrayó el cardenal prefeto— se reveló como el cuerpo glorioso del Hijo de Dios en su resurrección». La transfiguración de Jesús es, por tanto, «la revelación que el Padre hace a los discípulos y a nosotros de la verdadera identidad y misión de Jesús».
Lo que el mundo desfigura, el Padre lo transfigura
Lo que Pedro «desfiguró», Dios Padre lo «transfiguró», comentó Tagle. «Miremos a Jesús tal y como el Padre nos lo revela —fue su invitación final—, no como nos gustaría que fuera. Escuchemos a Jesús tal y como el Padre habla a través de Él, no como esperamos que hable. Al imponer nuestras ideas y nuestras expectativas sobre Jesús, corremos el riesgo de desfigurarlo, y acabamos desfigurándonos también a nosotros mismos». El Padre «transfigura pacientemente a Jesús» ante nosotros, para que «también nosotros, como sus discípulos, podamos ser transfigurados. Lo que el mundo desfigura, el Padre lo transfigura».