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Monseñor Berardi, vicario de Arabia: "Nunca abandonaremos la región por miedo, ¡permanecer y ser testigos!"

Casi seis meses después de que Estados Unidos e Israel declararon la guerra a Irán, monseñor Berardi habla de la vida de la Iglesia y de las poblaciones del Golfo. El futuro de la misión y de la presencia cristiana, la crisis de los migrantes económicos que han perdido su trabajo

Aldo Berardi, vicario apostólico de Arabia del Norte

(Dario Salvi/AsiaNews) - El sentido y el futuro de la misión de la Iglesia en Arabia, en una región asolada por la guerra y los conflictos, empezando por el último que estalló a finales de febrero entre Estados Unidos (e Israel) e Irán, donde el futuro de las personas, especialmente de los migrantes económicos, es cada vez más incierto. Ese ha sido el eje de la entrevista con el vicario apostólico de Arabia del Norte, Mons. Aldo Berardi, sacerdote de la Santísima Trinidad y de los Esclavos, a quien AsiaNews contactó telefónicamente en los últimos días cuando se encontraba en Madagascar para participar en las celebraciones del centenario de la Orden en la isla.

Presencia y vocación, explica el prelado, son los puntos fundamentales del próximo encuentro con los sacerdotes del vicariato, para afrontar un compromiso "que va más allá de la tarea de administrar los sacramentos", y que debe convertirse en una forma de "participar del sufrimiento y contribuir al crecimiento de los países.

El Vicariato del Norte extiende su jurisdicción sobre cuatro países de la península, con situaciones diferentes en el ámbito social, político y de la libertad religiosa: Bahrein, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita, un país donde no se permite otro culto que el islam, aunque existe —en la sombra— una importante comunidad católica. Los ataques cruzados entre Washington y Teherán alimentan la incertidumbre, mientras los migrantes económicos se marchan porque han perdido su empleo y enfrentan un futuro cada vez más incierto. Lo que queda es esta sensación de "fragilidad", afirma monseñor Berardi, a la que la Iglesia responde "con solidaridad y caridad, con la oración y la unidad entre las distintas comunidades".

Base militar estadounidense en Catar | RTVE
La situación es crítica… es imposible saber qué está ocurriendo realmente

A continuación, la entrevista completa de Mons. Berardi con AsiaNews:

Excelencia, han pasado ya seis meses desde que comenzó la (nueva) guerra en el Golfo. ¿Cuál es la situación?

Actualmente los ataques han disminuido, aunque a cada ofensiva estadounidense le sigue la respuesta de Irán, que tampoco deja al margen a los países del vicariato, con drones dirigidos contra Kuwait y, sobre todo, contra Bahrein [donde tiene su sede el vicariato]. La evolución de la situación depende de las relaciones entre Washington y Teherán. Desde hace unos días se respira mayor calma, aunque continúan los anuncios [estadounidenses] y las desmentidas [iraníes] sobre posibles acuerdos, y es imposible saber qué está ocurriendo realmente. La respuesta iraní se concentró primero en las bases estadounidenses en el Golfo, y ahora apunta a pozos petrolíferos, refinerías y centrales energéticas, en un contexto que sigue siendo tenso.

¿Cuáles son las consecuencias de la guerra en la vida cotidiana, especialmente en lo que respecta al abastecimiento, dadas las dificultades en el estrecho de Ormuz?

La situación es crítica. Los alimentos que llegan a Bahrein proceden de Arabia Saudita, a través del puente que une ambos países [Rey Fahd, ndr], o por vía aérea. Los territorios más afectados son Bahrein y Kuwait, sobre todo este último, donde todos los suministros llegan por vía marítima, mientras que Qatar recibe productos procedentes de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Algunas materias primas escasean y estamos esperando la reapertura total del estrecho, porque ya se perciben faltantes y dificultades. Como Vicariato, llevamos meses esperando una lona para cubrir el patio de la concatedral en la ciudad de Kuwait. En Bahrein hemos comenzado a construir la residencia episcopal; por ahora las obras avanzan, pero no hay garantías sobre las entregas, especialmente de mármol y hierro.

¿La población está sufriendo las consecuencias del conflicto y de los sucesivos rumores de paz y de una nueva escalada militar?

Oímos las alarmas y los drones que despegan; continúa la tensión y la incertidumbre. Esperamos la paz, rezamos por la paz, pero esta sucesión de noticias sobre bombardeos y acuerdos exaspera a las personas. El futuro sigue siendo incierto y también han cambiado muchas cosas en el plano económico, por ejemplo en cuanto al empleo. Muchas personas se han marchado porque se han quedado sin trabajo o por miedo a la guerra, cuya presencia se hace sentir en la vida cotidiana. También reina la incertidumbre en las escuelas, porque no sabemos si podrán reanudar las clases en septiembre; esperamos que así sea, pero persisten las dudas. Tuvimos que suspender los exámenes porque los niños no pudieron estudiar o lo hicieron mediante clases y estudios en línea, pero no es lo mismo.

La incertidumbre es especialmente grave para los migrantes, que constituyen la gran mayoría de la población —incluso los cristianos— del Golfo...

Sí, ¡y es una tragedia! La fragilidad y la incertidumbre también se reflejan en una economía que está estancada, e igualmente nos afectan a nosotros, porque nos obligan a replantear la pastoral: si la gente va y viene, se marcha o regresa, tenemos que empezar de nuevo constantemente. Nos enfrentamos a un sufrimiento enorme: por el momento no contamos con estadísticas oficiales sobre las personas que han salido de Bahrein, Kuwait y Qatar, pero es una cuestión que preocupa a toda la Iglesia del Golfo.

Mons. Berardi, específicamente en lo que respecta a la pastoral, ¿cuáles son las principales dificultades o prioridades?

La formación de los líderes, de los ministros laicos encargados de la eucaristía y los responsables de la oración comunitaria. Estos aspectos de la formación nos preocupan, porque después de cierto tiempo las personas se marchan y tenemos que comenzar de nuevo. Nuestra tarea es asegurar la continuidad de esa formación.

Catedral de Nuestra Señora de Arabia en Baréin
Preferimos no hablar demasiado de la guerra, sino concentrarnos en la esperanza, la paz y la unidad entre las comunidades

A pesar de las dificultades y los desafíos, la vida de la Iglesia continúa y en estos meses usted ha conseguido visitar todas las parroquias del vicariato. ¿Qué situación encontró?

Sí, a pesar de la guerra visité todas las parroquias y fue muy importante, no solo porque este año está dedicado precisamente a las visitas, sino sobre todo por la gente, para mostrarles que el obispo está presente y sigue estando cerca de ellos. Rezamos por la paz, me reuní con comunidades de los ritos orientales, conferí diversos ministerios y visité a sacerdotes y religiosas. Lo que queda es esa sensación de fragilidad, de no saber cómo seguir adelante porque de un día para otro pueden perder el trabajo y verse obligados a marcharse. Tampoco ayuda la censura de la información impuesta por las autoridades y la incertidumbre sobre lo que está ocurriendo; prestamos mucha atención a las comunicaciones relacionadas con el conflicto. Por eso preferimos no hablar demasiado de la guerra, sino concentrarnos en la esperanza, la paz y la unidad entre las comunidades. La misión ha fortalecido el sentido de unidad y oración y la necesidad de solidaridad y caridad, porque muchos han perdido el trabajo y tampoco faltan dificultades para conseguir alimentos o vivienda.

Excelencia, ¿en estos meses los fieles han pedido algo en particular?

El deseo de fondo es ver y encontrarse con su obispo, rezar y celebrar juntos la misa. Sin embargo, quisiera destacar algo muy importante: ningún sacerdote ha pedido marcharse; todos han decidido quedarse. Yo los invito a mantenerse cerca de su comunidad lingüística o de rito, a mostrar que nosotros, como Iglesia, estamos unidos y que nunca abandonaremos la región por miedo, porque forma parte de nuestra vocación como sacerdotes y pastores: ¡permanecer y ser testigos!

¿Recuerda algún acontecimiento o momento particularmente significativo de estos seis meses que muestre la fortaleza de la fe de la Iglesia del vicariato?

Recuerdo un episodio durante una misa: de repente comenzaron a sonar al mismo tiempo los teléfonos celulares de todos los fieles debido a una alerta general. Sin embargo, continuamos con la celebración y nadie abandonó el templo; todos siguieron participando con mayor intensidad. Fue un momento profundo que volvió a repetirse en las semanas siguientes y constituye un testimonio importante, porque demuestra que no debemos ceder al miedo ni dejarnos vencer por él. Otro momento significativo fue la visita del príncipe heredero de Bahrein [Salman bin Hamad Al Khalifa] a la catedral, acompañado por los ministros de Justicia y del Interior. Me pidieron que dejara la iglesia abierta, porque la gente necesita oración y apoyo espiritual.

¡Un hermoso testimonio!

¡La catedral está siempre llena durante la misa! De hecho, todas las parroquias del vicariato se llenan durante las celebraciones. Las iglesias se han convertido en lugares de paz, descanso y alivio en medio de un clima general difícil.

¿Cuál es hoy la misión de la Iglesia en el vicariato, en una región asolada por la guerra?

Esa es la pregunta que le hago al clero y será el tema que plantearemos durante el encuentro que tendremos en Bahrein en los próximos meses. ¿Cuál es el sentido de nuestra presencia? ¿Cuál es nuestra vocación? Es un compromiso que va más allá de conservar la fe, administrar los sacramentos o celebrar la misa. Tenemos que responder a estas preguntas. Por supuesto, nuestra vocación sigue siendo, ante todo, dar testimonio, lo que implica también un gesto de solidaridad entre nosotros, entre comunidades, ritos y lenguas unidos en la diversidad. Pero también participamos de la vida de la población, somos parte de estos países; no somos una rama externa y provisional, sino personas que comparten sus sufrimientos y contribuyen a su crecimiento. En este momento estamos todos unidos, y eso es importante.

Hallazgo de una cruz de yeso en el golfo Pérsico | Departamento de Cultura y Turismo de Abu Dhabi

En esta perspectiva, el testimonio de san Aretas y de los mártires cristianos sigue siendo fundamental. ¿Qué valor tiene hoy su sacrificio por la fe?

Su vigencia radica en un hecho histórico: nuestra tarea es recordar el pasado y afirmar que en toda esta región ya existían comunidades cristianas mucho antes de la llegada del islam. No solo san Aretas, sino también los vestigios arqueológicos que se han encontrado en los Emiratos, Bahréin y Kuwait dan testimonio de la continuidad de la presencia cristiana. A esto se suma el valor del testimonio de los mártires, como san Aretas, que se negó a renegar de la cruz de Cristo y afirmó con su propia vida su divinidad y su resurrección. Para nosotros, el desafío también consiste en dar testimonio de este dogma en los países islámicos, donde Jesús no es considerado Hijo de Dios y no se acepta que haya muerto en la cruz. Debemos mantener nuestra fe, afirmar la muerte y la resurrección de Cristo y su naturaleza divina, que nos salva. ¡Eso es lo fundamental!

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