Pizzaballa: "La guerra en Gaza no ha terminado. La falta de confianza es un obstáculo para la paz"
El patriarca latino de Jerusalén, en Arezzo con motivo de las celebraciones de la Virgen del Consuelo: "Ya no hay bombardeos, pero hay ejecuciones selectivas. Además, se muere de frío, de infecciones y por falta de atención médica"
(Stefano Leszczynski/Vatican News).- «El obstáculo para la paz es siempre una política de corto alcance. Pero nunca hay que renunciar a trabajar por algo diferente. Necesitamos construir y mantener viva también nuestra narrativa de personas que son mayoría, que quieren vivir serenamente en paz, reconocidas en sus derechos y reconociendo los derechos de los demás». Así se dirigió el cardenal Pierbattista Pizzaballa a los jóvenes de Rondine Cittadella della Pace, con quienes se reunió poco antes de intervenir en el encuentro público en la basílica de San Francisco en Arezzo.
La dignidad de quienes lo han perdido todo
Entrevistado por el enviado de Avvenire, Giacomo Gambassi, el cardenal Pizzaballa abordó el tema del logro de la paz en Gaza y en toda Tierra Santa, que sigue en una situación de extrema tensión. Al comentar la situación en la Franja de Gaza, subrayó la imposibilidad de pensar en un futuro de reconstrucción sin tener en cuenta el dolor, las aspiraciones y la dignidad de los dos millones de palestinos que la habitan. «No habrá ningún resort de lujo en Gaza», dijo en respuesta a una pregunta sobre los planes de reconstrucción de la administración estadounidense.
La guerra en Gaza no ha terminado
En Gaza se sigue muriendo a pesar del alto el fuego. «Ciertamente, ya no hay bombardeos intensivos», señaló el patriarca latino de Jerusalén, «pero hay ejecuciones selectivas. El 96 % de los centros habitados están arrasados, las escuelas llevan tres años cerradas y faltan medicamentos, por lo que se muere de frío, de infecciones y por falta de atención médica». Solo en la comunidad católica de la Iglesia de la Sagrada Familia, 23 personas han muerto por «fuego directo», recuerda Pizzaballa, y otras tantas han fallecido de hambre y frío.
Sin confianza no hay paz
Nada volverá a ser como antes en esa tierra «y ni siquiera sabemos cómo será el después», declara el cardenal Pizzaballa a quienes le preguntan por el proceso de paz. «Hablar de paz ahora no tiene mucho sentido. La paz necesita cultura, fundamentos, política, un mínimo de confianza, mientras que la confianza ha sido la primera víctima de esta guerra». Y sobre el significado de la presencia cristiana en Gaza, reitera que la decisión de permanecer en Gaza no es una cuestión de política, sino de «lealtad hacia los más frágiles que no pueden moverse, de coherencia y solidaridad». «Los cristianos son palestinos como todos los demás», afirma Pizzaballa.
La paz necesita cultura, fundamentos, política, un mínimo de confianza, mientras que la confianza ha sido la primera víctima de esta guerra
Tanta solidaridad en el sufrimiento
El cardenal Pizzaballa también quiso recordar las numerosas muestras de solidaridad y atención recibidas de todas partes del mundo, «incluso de diócesis pequeñas y muy pobres». Señales que no hacen sentir solos, a pesar de que se necesita de todo y la situación sigue siendo muy problemática. En este momento, la mayor preocupación del patriarca es Cisjordania, donde la situación se deteriora continuamente y todo va en dirección a «una lenta y progresiva supresión de los derechos de los palestinos. Tenemos 23 parroquias en Cisjordania y cada día me llegan peticiones de ayuda por los abusos y la violencia sufridos, pero no sabemos a quién acudir».
Tenemos 23 parroquias en Cisjordania y cada día me llegan peticiones de ayuda por los abusos y la violencia sufridos, pero no sabemos a quién acudir
Construir la paz es difícil
Desde el punto de vista político y social, la situación no va a cambiar a corto plazo. Para construir la paz se necesita una nueva visión política. «Este no es el momento de los grandes gestos. Es el momento de preparar el terreno, de crear redes, de identificar a quienes quieren la paz, porque en el futuro serán ellos a quienes necesitaremos para reconstruirla». Y, en referencia al compromiso común, explica que «el deseo de paz debe convertirse en cultura, que nace en las escuelas, en las familias, en los medios de comunicación. Es un trabajo arduo que requiere tiempo y energía, pero hay que hacerlo».
La contribución del mundo cristiano
Una ocasión para reafirmar el papel de las religiones en la construcción de caminos de paz será sin duda el Jubileo de la Redención en 2033 en Jerusalén, «el lugar donde se custodia este deseo de paz, pero también donde se ve amenazado». «Siempre es difícil ser cristiano —repite el cardenal— nuestra fe es complicada, pero el hecho de que existan estas dificultades significa que el testimonio cristiano sigue vivo. Y la fe, cuando es libre, molesta, porque nuestra libertad está ligada a alguien que dio la vida por amor y no es expresión del poder humano».
Siempre es difícil ser cristiano… la fe, cuando es libre, molesta, porque nuestra libertad está ligada a alguien que dio la vida por amor y no es expresión del poder humano