Reconciliador, moderador y constructor de puentes: Estos son los favoritos para presidir a los obispos de Alemania
Elecciones en la Conferencia Episcopal
«Aunque en algunas cuestiones haya diferentes puntos de vista, la gran mayoría de los obispos alemanes apoyan el Camino Sinodal. Por eso es probable que se elija como nuevo presidente a alguien que continúe acompañando los impulsos reformistas alemanes e intente asegurar una mayor vinculación con la Iglesia universal»
La pregunta de quién sucederá a Georg Bätzing, obispo de Limburgo, está en el aire desde que anunció que no se presentaría para un nuevo mandato. La asamblea plenaria de primavera de los obispos alemanes en Würzburgo (del 23 al 26 de febrero) será inaugurada por Bätzing este lunes. Al día siguiente, según el orden del día, los aproximadamente 60 obispos diocesanos y auxiliares, así como los administradores diocesanos, elegirán a un nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. En las dos primeras rondas de votación se requiere una mayoría de dos tercios; en una posible tercera ronda bastaría con la mayoría simple de los votos. Según los estatutos, sólo los obispos diocesanos pueden optar a este cargo.
Bätzing volverá entonces al segundo plano tras seis años al timón. Su mandato estuvo marcado sobre todo por los debates de reforma en el Camino Sinodal, que ya había comenzado bajo su predecesor Reinhard Marx. Bätzing hizo suyo el proyecto y se posicionó expresamente a favor de las propuestas centrales de reforma, y defendió vehementemente el proceso frente a las críticas. Los críticos le reprochan no haber actuado lo suficiente como mediador y conciliador dentro de la Conferencia. Entre otras cosas, esto llevó a que las cabezas episcopales de Colonia, Ratisbona, Passau y Eichstätt se retiraran del Camino Sinodal.
¿Luz verde a una Conferencia Sinodal?
Por otro lado, Bätzing logró mantener el hilo de la conversación con las autoridades vaticanas, que miraban con recelo el plan de un órgano sinodal a nivel nacional. ¿Con éxito? Entre tanto, se considera viable que Roma dé luz verde a la creación de una Conferencia Sinodal, siempre y cuando los obispos alemanes den su aprobación en Würzburgo.
Aunque en algunas cuestiones haya diferentes puntos de vista, la gran mayoría de los obispos alemanes apoyan el Camino Sinodal. Por eso es probable que se elija como nuevo presidente a alguien que continúe acompañando los impulsos reformistas alemanes e intente asegurar una mayor vinculación con la Iglesia universal. Para ello se necesitan buenos contactos en Roma. Sin embargo, su tarea central —como señalaron varios obispos en las últimas semanas— es lograr mayor consenso dentro de la Conferencia e involucrar de mejor manera a la minoría conservadora.
Dado que la elección no se ha acordado de antemano, puede desarrollarse en cualquier momento una dinámica propia. Aun así, hay favoritos. El mencionado con mayor frecuencia es el arzobispo de Paderborn, Udo Markus Bentz (58). Se le considera comunicativo y mediador, y representa un curso reformista moderado. Los observadores le atribuyen sensibilidad tanto para los procesos espirituales como para las cuestiones estructurales. Como responsable de Medio Oriente de la Conferencia Episcopal Alemana, conoce muy bien el escenario internacional.
También representa la combinación de reformas estructurales y renovación espiritual el obispo de Hildesheim, Heiner Wilmer (64), cuyo nombre se menciona una y otra vez. También aboga por reformas, pero enfatiza al mismo tiempo que el proceso de reforma debe ser principalmente un proceso espiritual. A su favor hablan su experiencia en la Iglesia universal y en el Vaticano: durante algunos años fue superior general de su orden, los sacerdotes del Sagrado Corazón, en Roma. Actualmente, Wilmer es presidente de la Comisión Social en la Conferencia Episcopal y recientemente se pronunció políticamente con un documento sobre la reforma de los sistemas sociales en Alemania.
El obispo de Würzburgo, Franz Jung (59), también es visto como prometedor. Recientemente habló de forma muy explícita sobre las divisiones dentro de la Conferencia Episcopal Alemana y le recomendó al nuevo presidente que se ocupara principalmente de la unidad. A Jung se le considera analítico y estructurado, y también cuenta con experiencia romana por sus años de estudio. En el Comité Sinodal —el órgano provisional sucesor del Camino Sinodal— tuvo un papel central como copresidente de la Comisión de Monitoreo.
En el debate también aparecen nombres como Franz-Josef Overbeck (61) de Essen, Peter Kohlgraf (58) de Maguncia, Bertram Meier (65) de Augsburgo, Stephan Ackermann (62) de Tréveris y Michael Gerber (56) de Fulda.
Overbeck participó en el Sínodo sobre la Sinodalidad y es, por parte de la Conferencia Episcopal Alemana, algo así como el principal negociador en lo referente a la Conferencia Sinodal; según se dice, antes de la asamblea plenaria tenía previsto un viaje a Roma para aclarar cuestiones finales. Kohlgraf preside la importante Comisión Pastoral en la Conferencia Episcopal y se le considera dispuesto a las reformas, pero ha recalcado repetidamente los límites del Camino Sinodal.
El obispo de Augsburgo, Meier, puede demostrar mucha experiencia romana: trabajó varios años en la Secretaría de Estado vaticana y, además, como presidente de la Comisión para la Iglesia Universal de la Conferencia Episcopal Alemana, tiene muy buenos contactos a nivel global. Aunque se le considera más bien conservador, a menudo se le percibe como mediador entre las posiciones. Al obispo de Tréveris, Ackermann, un artículo del Trierischer Volksfreund le atribuyó recientemente tener buenos contactos entre los obispos auxiliares, lo que podría darle posibilidades, ya que éstos, por su superioridad numérica, pueden ser decisivos en la elección.
El obispo de Fulda, Gerber, encajaría bien en el perfil como alguien dispuesto a las reformas pero atento al equilibrio, y además ya es vicepresidente de la Conferencia Episcopal. Sin embargo, es dudoso que se sienta en capacidad de asumir el cargo, pues aún se sigue recuperando de una enfermedad oncológica y sólo recientemente ha retomado plenamente sus funciones.
Un reconciliador y moderador
Que el próximo presidente deba ser un reconciliador y moderador lo dicen no sólo observadores en Alemania, sino también en el Vaticano. Pues también allí han cambiado los tiempos: con León XIV hay ahora un papa que ha hecho de la unidad su gran programa. Él también observará de cerca cómo evoluciona el clima en la Conferencia Episcopal Alemana bajo un nuevo presidente. Queda por ver si una conferencia episcopal más unida también influye en cómo se percibe el Camino Sinodal —a la luz del proceso sinodal mundial— en el Vaticano.
Pero no sólo en el ámbito eclesial interno importa el futuro presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. La Iglesia en Alemania sigue bajo gran presión por las altas cifras de defecciones —que en los países germanoparlantes se efectúan mediante un trámite formal— y la pérdida de confianza, lo cual hace que los recursos financieros disminuyan cada vez más, pues quienes se salen oficialmente de la Iglesia quedan exentos de la obligación de pagar un impuesto eclesiástico. Además, el clima político y social se está poniendo cada vez más áspero. El nuevo líder tendrá que reflexionar cuidadosamente en este contexto con qué prioridades concretas se abre camino en la opinión pública para ser percibido allí de manera seria. Porque, por las características del cargo, el presidente de la Conferencia Episcopal también debe ser un constructor de puentes en lo político: tan decidido como sea necesario, tan reconciliador como sea posible.
Fuente: katholisch.de