Schönstatt busca testigos y documentos para esclarecer las acusaciones contra su fundador
El Movimiento de Schönstatt llama a testigos y pide documentos inéditos sobre su fundador, Josef Kentenich, en medio de una investigación histórica aún abierta. Las acusaciones de abuso de poder y de carácter sexual, documentadas desde 2020, mantienen en suspenso su proceso de beatificación.
El Movimiento de Schönstatt, uno de los movimientos marianos más conocidos de la Iglesia católica, ha hecho un llamamiento público a quienes conserven recuerdos personales o documentos inéditos sobre su fundador, el sacerdote alemán Josef Kentenich (1885-1968). El anuncio, difundido el 15 de octubre de 2026 en su web oficial y recogido por el portal katholisch.de, forma parte de una investigación histórica que la propia organización presenta como “abierta a la verdad” y aún lejos de su conclusión.
Hasta la fecha se han publicado diez volúmenes de la serie Documentos sobre la historia del Movimiento de Schönstatt, con más de tres mil páginas, y un undécimo está a punto de aparecer. En ellos conviven testimonios favorables y otros que contienen acusaciones graves. La dirección del movimiento insiste en que no conviene emitir juicios apresurados mientras continúe el trabajo de historiadores universitarios, equipos internos y archiveros.
“No tenemos miedo a la verdad”, resume la postura oficial. Para muchos miembros, Kentenich sigue siendo una figura espiritual decisiva; esa vinculación, afirman, “no se devalúa por una investigación abierta, del mismo modo que esta no puede borrar experiencias negativas”. Quienes hayan vivido o conserven cartas, apuntes o recuerdos —también aquellos que consideren abusivos o que vulneraran límites— están invitados a escribir de forma confidencial a historische-kentenichforschung@schoenstatt.de. Todo lo que se envíe será tratado de forma reservada y sin emitir ningún juicio previo.
Un movimiento nacido en Alemania y extendido por el mundo
Schönstatt nació en 1914 en Vallendar, cerca de Coblenza, cuando el joven sacerdote Josef Kentenich, entonces miembro de los palotinos, impulsó junto a un grupo de estudiantes una congregación mariana. El núcleo de su espiritualidad es el “pacto de amor con María”. Con el tiempo se convirtió en un movimiento internacional que agrupa varias comunidades: sacerdotes, familias, jóvenes y, de manera destacada, las Hermanas de María de Schönstatt.
Kentenich pasó por el campo de concentración de Dachau durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra su influencia creció, pero también surgieron tensiones internas y con las autoridades eclesiásticas. En 1951 el Vaticano lo envió al exilio a Estados Unidos, separándolo de su obra. Solo regresó en 1965, durante el pontificado de Pablo VI. El proceso de beatificación se abrió en 1975 y fue suspendido en 2022 por el obispo de Tréveris, Stephan Ackermann, diocesis responsable del caso, sin que ello constituyera, según el obispado, un juicio definitivo sobre la vida del fundador.
Las acusaciones que reabrieron el debate
El punto de inflexión llegó en 2020. La historiadora de la Iglesia Alexandra von Teuffenbach publicó hallazgos de archivos vaticanos de la época de Pío XII y, más tarde, una recopilación documental titulada Vater darf das (“El padre puede hacerlo”). Según informaron entonces medios como katholisch.de, los documentos —procedentes tanto de archivos romanos como del archivo provincial de los palotinos en Limburgo— contenían testimonios de hermanas de María que hablaban de un clima de control espiritual extremo, culto a la personalidad del “padre” Kentenich y, en al menos un caso, de abuso sexual.
Entre las denuncias figuran contactos físicos contrarios a las estrictas normas de la comunidad, posturas humillantes (como tenderse en el suelo en la llamada “postura del Huerto de los Olivos”), la exigencia de pedir permiso incluso para actos cotidianos y un uso problemático del confesionario, que mezclaba autoridad espiritual y de gobierno.
Particularmente controvertido resulta el llamado Kindesexamen ( “examen del niño” ). Se trataba de un ritual en el que Kentenich formulaba a las hermanas una serie de preguntas a las que debían responder sistemáticamente con la palabra “Padre”. Las religiosas debían asumir la posición de “niño” frente al fundador. Una de ellas, la hermana Georgia Wagner, lo describió así en 1948:
«¿A quién pertenece el niño? – Al Padre.
¿Qué es el niño? – Nada.
¿Qué es el Padre para el niño? – Todo.
¿A quién pertenecen los ojos? – Al Padre.
¿A quién las orejas? – Al Padre.
¿A quién la boca, etc.? – Al Padre.
¿A quién los pechos? – Al Padre.
¿A quién los órganos genitales? – Al Padre.
Toda mi alma, toda mi naturaleza se estremece ante estas cosas.»
Varias religiosas describieron este ejercicio como profundamente perturbador.
El Santo Oficio (hoy Dicasterio para la Doctrina de la Fe) consideró creíbles aquellos relatos y ordenó visitaciones canónicas. Kentenich fue descrito en los informes como una figura altamente manipuladora que limitaba la libertad de conciencia de las religiosas. La rehabilitación de 1965 y el avance del proceso de beatificación no disiparon por completo estas sombras, que volvieron a la luz pública con las publicaciones de von Teuffenbach.
El Movimiento de Schönstatt ha mantenido desde el principio que muchas de estas cuestiones ya eran conocidas internamente y que requieren una interpretación histórica cuidadosa, atenta al contexto de la época, a la transmisión de los testimonios y a las posibles diferencias de percepción. La organización subraya que las fuentes deben distinguirse de las interpretaciones y que la investigación puede tanto confirmar las imputaciones como relativizarlas.
Un proceso abierto y de largo recorrido
La actual convocatoria de testigos y documentos se enmarca en esa voluntad de transparencia. “La investigación histórica sobre las acusaciones contra el padre Josef Kentenich está en pleno desarrollo y dista mucho de haber concluido”, afirma el texto publicado en schoenstatt.de. Las fuentes conocidas hasta ahora, algunas de ellas gravemente incriminatorias, se están poniendo a disposición, pero su valoración sigue siendo objeto de lecturas divergentes.
Para la Iglesia católica en Alemania, y también para las numerosas comunidades de Schönstatt presentes en América Latina y España, el caso plantea cuestiones delicadas sobre el ejercicio de la autoridad espiritual, la prevención de abusos y la necesidad de confrontar el pasado de figuras carismáticas. Mientras la investigación avanza —un trabajo que, según la propia organización, puede durar aún varios años—, la postura oficial insiste en evitar conclusiones precipitadas y en mantener la puerta abierta a cualquier testimonio que aporte luz, sea cual sea su signo.