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Tomaž Majcen, rector de Nuuk: “Los groenlandeses queremos decidir sobre nuestro futuro”

El franciscano conventual cuenta cómo vive la población local la presión internacional sobre la isla

Tomaž Majcen, con su comunidad católica en la capital groenlandesa | Tomaž Majcen

En las últimas semanas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a situar a Groenlandia en el centro del debate internacional al afirmar que la isla ártica es “absolutamente necesaria” para la seguridad nacional estadounidense. Sus declaraciones, en las que no descartó ninguna opción para garantizar el control de este territorio estratégico —clave para las rutas comerciales del Ártico, la defensa militar y el acceso a recursos naturales—, han despertado preocupación tanto en Dinamarca, de quien depende oficialmente Groenlandia, como entre la población local.

Unos días después de conocer estas palabras, el franciscano conventual Tomaž Majcen, rector de la única parroquia católica de Groenlandia, ha querido atendernos desde Nuuk, la capital del país. Desde su experiencia pastoral y humana, el sacerdote da voz a los sentimientos de muchos groenlandeses y ofrece una mirada centrada en la dignidad de las personas, la identidad del pueblo y la necesidad de paz, más allá de cualquier lectura geopolítica.

Pregunta.¿Cómo vivió personalmente el momento en que escuchó por primera vez las declaraciones del presidente Trump sobre Groenlandia? ¿Cuál ha sido la reacción de la gente de Nuuk?

Respuesta. Cuando escuché estas declaraciones por primera vez, mi reacción fue un choque silencioso, mezclado con una profunda tristeza. Me incomodó mucho oír hablar de Groenlandia como si fuera un objeto, una posible posesión. Para mí, y para la gente que vive aquí, esta tierra no es una idea abstracta ni un concepto estratégico: es el lugar donde nos levantamos cada mañana, donde enterramos a nuestros muertos y donde proyectamos la esperanza de nuestros hijos.

R. En Nuuk, muchas personas han reaccionado con calma aparente, pero interiormente había una sensación clara de no ser comprendidos. Algunos se sentían heridos, otros cansados de sentirse mencionados por personas que nunca han puesto un pie aquí. También hubo momentos de humor, porque en ciertos instantes la situación parecía casi irreal. Pero bajo todo eso hay una dignidad muy fuerte y un orgullo tranquilo: esta es nuestra casa, y eso no está en discusión.

Una bandera de Dinamarca en la capital groenlandesa, Nuuk. | Vatican Media

P.¿Qué es lo que más le preocupa de la creciente atención internacional sobre Groenlandia?

R. Lo que más me preocupa es que Groenlandia se convierta en un tema de debate internacional sin que se escuche realmente la voz de las personas que viven aquí. Cuando la atención mundial aumenta, a menudo se habla de poder, dinero, estrategia militar o recursos naturales. Pero casi nunca se habla de la vida cotidiana: de familias que intentan vivir con dignidad, de jóvenes que buscan su futuro o de abuelos que custodian la memoria y la sabiduría del pasado.

R. También me preocupa el miedo que puede generar esta incertidumbre. Aunque no haya cambios inmediatos, el simple hecho de no saber qué puede pasar pesa mucho sobre las personas. La incertidumbre crea angustia e inquietud. Por eso creo que cualquier conversación sobre Groenlandia debería empezar siempre con una pregunta esencial: ¿cómo afectará esto a la gente y a la tierra?

R.

P.Desde su ministerio sacerdotal, ¿cómo está viviendo la Iglesia este momento y cómo puede ayudar a la comunidad a mantener la paz?

R. Mi papel como sacerdote, en el fondo, es muy sencillo y muy humano. Intento estar cerca de la gente, escuchar más de lo que hablo y ofrecer una presencia serena cuando el mundo exterior parece ruidoso y tenso. La Iglesia católica aquí es pequeña y minoritaria, no tiene poder ni influencia política, pero es un lugar de confianza, de estabilidad y de acogida.

R. En tiempos de incertidumbre, recordamos a las personas que su valor no depende de la política ni de los intereses internacionales. Rezamos juntos por la paz, por la sabiduría de los dirigentes y por el respeto entre los pueblos. También nos recordamos mutuamente que Dios está presente incluso en medio de la incertidumbre, y que la paz no comienza en grandes declaraciones, sino en pequeños gestos cotidianos de cuidado, escucha y amor.

Majcen, durante una celebración eucarística en Nuuk. | Tomaž Majcen

P.¿Qué le gustaría que comprendieran las personas de Europa y de otras partes del mundo sobre Groenlandia, su cultura y su gente?

R. Me gustaría que comprendieran que Groenlandia es mucho más que hielo, distancia y mapas. Es un lugar lleno de vida, de relaciones humanas y de significado profundo. Aquí la gente vive muy cerca de la naturaleza, y eso marca profundamente la manera de pensar, de tener paciencia, de esperar y de cuidarse unos a otros.

R. La cultura groenlandesa transmite resiliencia, respeto y una relación muy profunda con la tierra. La fe, la familia y la comunidad tienen un papel discreto pero esencial en la vida cotidiana. Pediría a la gente de todo el mundo que mire a Groenlandia no como un recurso a explotar, sino como un hogar. Un hogar tan valioso para nosotros como lo son sus propios países para ellos.

P.Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son sus esperanzas para Groenlandia en cuanto a soberanía, bienestar de la comunidad y protección del medio ambiente?

R. Mi esperanza es que el futuro de Groenlandia esté guiado por la sabiduría y no por la presión, por el cuidado y no por la prisa. Ojalá que las decisiones sobre soberanía y desarrollo pongan siempre a las personas en el centro: su dignidad, su cultura y su necesidad de seguridad y esperanza.

Pediría a la gente de todo el mundo que mire a Groenlandia no como un recurso a explotar, sino como un hogar. Un hogar tan valioso para nosotros como lo son sus propios países para ellos.

R. También espero que esta tierra tan bella y a la vez tan frágil sea protegida con mucha humildad. La naturaleza aquí tiene algo de sagrado, casi como una oración viva. Deseo que las generaciones futuras hereden una Groenlandia con comunidades fuertes, un entorno respetado y una vida sin miedo, arraigada en la paz y la responsabilidad.

P.¿Qué mensaje final le gustaría añadir?

R. Finalmente, quisiera invitar a todos a rezar por la paz y por el respeto a la soberanía de los pueblos, y a unirse a nosotros en el cuidado de la creación, especialmente de nuestro frágil entorno ártico, que es una de las obras más impresionantes pero también más vulnerables de Dios.

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