Último día de misión en Ucrania: La caridad del Papa llega a los más pequeños
Último día de viaje para el limosnero monseñor Luis Marín de San Martín, quien ha llevado al país el consuelo y la ayuda de León XIV. Ayer, 29 de octubre, visitó las ciudades de Zaporizhzhia y Poltava
(Benedetta Capelli/Vatican News).- Las filas de niños solos que esperan para recibir pan, la alegría de quienes, por el contrario, recuperan la normalidad en las aulas coloridas de una escuela, el trabajo incesante de los voluntarios y de los religiosos que no se rinden ante la brutalidad de la guerra. Estas son las imágenes que el limosnero, Luis Marín de San Martín, prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, transmite al término de la penúltima jornada de su viaje por Ucrania, el 29 de octubre, tras visitar las ciudades de Zaporiyia y Poltava. Rostros e historias marcados por el dolor, pero también por la caricia de la caridad.
La llegada a Zaporiyia, en la tarde del 28 de octubre, de monseñor Luis Marín de San Martín, acompañado por el subsecretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, Massimo Ralli; el nuncio apostólico, monseñor Visvaldas Kulbokas, y el padre Liubomyr Yavorsky, delegado de Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de Kyiv-Halych, tuvo un fuerte impacto.
La ciudad, en efecto, vive bajo bombardeos continuos. Durante la noche, las alarmas suenan sin cesar: se escucha el zumbido de los drones, las explosiones de los misiles y, a lo lejos, los disparos de la artillería. Muchas viviendas muestran las huellas de la guerra, con los cristales rotos por las explosiones, mientras la población padece hambre. El grupo fue recibido por monseñor Jan Sobilo, obispo auxiliar de la diócesis latina de Járkov-Zaporiyia.
A la espera de la distribución del pan
Al día siguiente, tras la celebración de lamisa en laCatedral de Dios Padre Misericordioso, junto con un centenar de fieles, el limosnero se unió a los Padres Albertini en la distribución del pan, transmitiendo a quienes aguardaban en la fila la cercanía del Papa.
Unas dos mil personas esperaban pacientemente, a pesar del frío, su turno para recibir, además de pan, alimentos en conserva. Entre ellas había mujeres y ancianos y, sobre todo, muchos niños solos, con una bolsa vacía fuertemente apretada entre las manos.
Duele contemplar el sufrimiento de los más pequeños, obligados a crecer deprisa y a enfrentarse al cruel sufrimiento de la guerra.
Cada semana, los Padres Albertini distribuyen pan a unas diez mil personas. Ellos mismos lo elaboran, junto con algunos voluntarios, en una casa situada a poca distancia, donde el año pasado el Pontífice, a través de la Limosnería Apostólica, donó el horno que se utiliza para prepararlo.
En días alternos, el mismo horno es utilizado también por los hermanos protestantes, que preparan allí el pan destinado a las comunidades a las que prestan asistencia. Es un signo elocuente de que la caridad no conoce fronteras.
La Iglesia que se hace pan
Al término de la distribución del pan y después de la oración compartida con quienes aguardaban en la fila, el grupo visitó la casa donde los voluntarios, desde las cuatro de la madrugada, amasan y hornean el pan.
El limosnero se detuvo con ellos para compartir las distintas etapas de su elaboración y, posteriormente, bendijo a los religiosos, a los voluntarios y a las personas mayores y con discapacidad, unas veinte en total, acogidas en la casa.
Finalmente, quiso dejar una ayuda concreta, como signo de la caridad del Papa, que permitirá dar continuidad a esta obra.
Ese pan, amasado durante la noche y distribuido por la mañana, es, en efecto, el signo más sencillo y auténtico de una Iglesia que se hace pan partido para su pueblo.
Las escuelas de los más pequeños
La siguiente etapa fue el centro humanitario del Exarcado de Donetsk de la Iglesia greco-católica, situado en las afueras de Zaporiyia. Allí recibió al grupo el exarca, el obispo greco-católico Maksym Ryabukha.
En el centro, vinculado a la iglesia de la Madre de Dios del Perpetuo Socorro, se encuentran una guardería y la escuela primaria Don Bosco.
En la primera de estas instituciones se acoge a niños de entre dos y cinco años, atendidos pacientemente por las maestras en las instalaciones subterráneas, protegidos de las bombas. Aquí no faltan las sonrisas: un signo de que el amor y el cuidado pueden proteger la infancia incluso en tiempos de guerra.
La escuela primaria se encuentra bajo tierra. Las aulas carecen de ventanas, pero están llenas de alegría gracias a numerosos dibujos
La escuela primaria se encuentra bajo tierra. Las aulas carecen de ventanas, pero están llenas de alegría gracias a numerosos dibujos. Sin embargo, en las plantas superiores está todo preparado para el día en que, finalmente, llegue la paz.
El limosnero les dejó una ayuda en nombre del Papa, para que también esta realidad pueda seguir adelante y vivir con la esperanza puesta en el mañana.
La ayuda a los desplazados
La larga jornada concluyó en Poltava, situada entre Járkov y Dnipró, a donde llegaron después de tres horas de viaje en automóvil.
El Exarcado de Donetsk de la Iglesia greco-católica ucraniana comprende aquí un territorio muy extenso, que incluye Donetsk, Zaporiyia, Dnipropetrovsk y Lugansk. Algunas zonas se encuentran cerca del frente.
Los sacerdotes presentes relataron las necesidades de sus comunidades, especialmente las de las personas desplazadas y de quienes huyen de las aldeas bombardeadas. Muchos llegan sin nada, con una pequeña bolsa que contiene todas sus pertenencias.
Las necesidades más urgentes son medicamentos, ropa de abrigo para el invierno, generadores para calentarse y pañales.
El limosnero les llevó el apoyo concreto del Papa, porque la caridad, como escribió León XIV en la Exhortación apostólica Dilexi te, «es una fuerza que transforma la realidad, una auténtica potencia histórica de cambio», que nace de la escucha del «grito de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra».