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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

Miércoles de ceniza. LA OTRA CENIZA

"Fugit tempus"(el tiempo se nos va de las manos).Porque somos polvo y regresaremos al polvo, tal vez como ceniza de urna funeraria o abono de rosales y cipreses. Cuando nos persignamos ("por la señal de la santa cruz...") dibujamos por la frente, nido de humanidad, la señal del cristiano. En este Miércoles de Cuaresma es otro, el Sacerdote, quien dibuja la cruz sobre las cejas, como marcaban los hebreos las puertas de su hogar con la sangre del Cordero...

Es bueno y necesario sentirnos desvalidas y afortunadas creaturas que mueren un poco cada día, que nacen un mucho cada día a una nueva luz, a un nuevo amor, a una nueva gracia...

Presentaré, en el post de hoy, cuatro poemas sobre el tiempo. Nieva polvo por los rincones del hogar y del mundo... Se llenan los ceniceros de tiempo y de ceniza... Pasea por los bosques la muerte en mil sucesos... Abundante ceniza es hoy recuerdo de los que un día fueran árboles entre nubes...

POLVO SOBRE LOS MUEBLES

Ya el título del poema de Carlos Marzal "Et in pulverem"(y en polvo...), sugiere el misterio central de la fiesta de hoy: que somos polvo y nos convertiremos en polvo... Y pone en movimiento, en el grandioso escenario de sus versos, una danza cósmica de partículas ("ingrávida ceniza migratoria / aventada a las cuatro esquinas del planeta..."). Me viene al corazón el impresionante final del poema de Miguel Hernández "Vals de los enamorados y unidos hasta siempre": "Aventados se vieron / como polvo liviano: / aventados se vieron, / pero siempre abrazados"...

ET IN PULVEREM

Ese manto de armiño que cubre los objetos,

ingrávida ceniza migratoria

aventada a las cuatro esquinas del planeta,

ese leve tumulto de partículas

que tiembla en las aristas de la luz,

serrín que precipita lo que existe,

es uno de los modos enigmáticos

con que se muestra el tiempo a nuestro asombro,

y en su insignificancia constituye

la prueba irrebatible de que nosotros mismos,

al revertir en polvo, demostramos

ser una mutación cavilosa del tiempo,

mota de eternidad que se aposenta

sobre el vuelo del aire y perpetúa

su caricia en el mundo más remoto,

porque nada se pierde ni malgasta,

sólo este torbellino nos cambia de lugar,

bagatelas errantes,

bagatelas.

CENIZA Y HUMO DE CIGARRO

Observa Miguel d´Ors a una señorita fumadora. Y convierte en parábola la escena: se van diluyendo las volutas de humo del cigarro, se desvanece la existencia fugaz de la dama y del contemplador... Todo es ilusión, irrealidad, fluencia... Sobre el abierto cenicero, frío sepulcro de cristal, está lloviendo -llorando- la ceniza...

MUCHACHA EN UN CAFÉ

Espera.

Fuma.

Mira

desvanecerse en humo

leve su cigarrillo.

Sueña. Fuma. No sabe

que yo estoy viendo ahora

cómo se desvanece

su vida en esa mesa

de café. (Yo, que ante

otra inmensa Mirada

también me desvanezco

con mi pluma en la mano

en humo,

en sombra,

en nada.)

PINO EN CENIZAS

Juana de Ibarbourou, con Gioconda Belli, Paz Pasamar y Gloria Fuertes son mis poetas preferidas. De nuevo la angustiosa intuición del desbocado fluir del tiempo. Se evoca la bondad del árbol que, como un hermano mayor, protegía a todos los de la casa de los rigores del verano.

Al fin se consumó en ceniza su majestuosa dignidad. Nerviosamente murmura Juana:¡qué diminuto montoncito de polvo visualizará mi muerte!

CENIZAS

Se ha apagado el fuego. Queda sólo un blando

montón de cenizas,

donde estuvo ondulando la llama,

ahí tienes, amigo, hecho porción quieta

de polvo liviano,

a aquel pino inmenso que nos dio su sombra,

fresca y movediza, durante el verano.

Tan alto, tan alto, que pasaba el techo

de la casa mía.

Si hubiera podido guardarlo en dobleces,

ni en el arca grande del desván cabría.

Y del pino inmenso ya ves lo que queda.

Yo, que soy tan pequeña y delgada,

¡qué montón tan chiquito de polvo

seré cuando muera!

CENIZAS DEL TIEMPO

Nos ronda la muerte (como que la llevamos con nosotros). En sus caminatas por caminos forestales descubre Emilio Durán indicios, noticias, sucesos que le hablan del tiempo y su acto final: la muerte.Lo peor de todo podría ser lo vivido y ya perdido. (O lo mejor, lo evocado de nuevo y golosamente disfrutado una y mil veces más.)

LA MUERTE PASEA POR EL BOSQUE

La muerte me recuerda

su próxima visita.

Tan verde por el césped

nos va dejando huellas de su paso:

la derribada hoja,

el anciano al sol,

esa paloma de quebradas alas,

mi memoria de un tiempo

que ya es ceniza...

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