Nuevos versos de Jesús Mauleón 2. TE DICEN MISTERIOSO

Con motivo de la presentación que venimos haciendo del reciente poemario de Jesús Mauleón “Pero estás en mi aliento (Senectutis carmina)” nos ha llegado noticia del último premio “Príncipe de Viana de la Cultura 2019” concedido por el Gobierno Navarro al profesor, investigador, divulgador de buena literatura D. Tomás Yerro. Existen lazos muy entrañables que unen a nuestro poeta de la senilidad Jesús Mauleón y el docente premiado, ambos de gran humanidad, de creativos horizontes. Destacaré dos ejemplos: la amplia introducción (120 páginas) del crítico navarro a la obra Poética (1954-2005) del lírico de Arróniz; y, más reciente, la elogiosa entrevista a D. Tomás Yerro, en La Voz de Navarra, el pasado mes de julio, de la que reproducimos seguidamente amplios párrafos de notable afecto y respeto hacia el octogenario poeta, meritorio autor del poemario que venimos presentando estos días (Ediciones Vitrubio, 2019).

Afirma en la entrevista el galardonado escritor Tomás Yerro…

“que el presente poemario de Jesús Mauleón es un magnífico ejemplo de poesía de madurez, en la que en realidad el poeta habla de sí mismo, como no podía ser menos; en cierto modo, es la poesía del envejecimiento… Poesía de la vejez de alguien que sabe que su acabamiento no está muy distante por razones biológicas. (Jesús tiene 82 años, aunque él se encuentra en unas condiciones psicológicas y físicas yo creo que envidiables).”

“Esta situación -prosigue- le permite hacer, en cierto modo, un balance de la vida que en su caso es, afortunadamente, gratificante y de gratitud; y al mismo tiempo, de forma muy sutil, muy exquisita, manifiesta algo que es una constante en la literatura universal, que tuvo en la literatura latina quizá sus exponentes más destacados, en torno al cultivo de ese tópico tema del carpe diem, del disfruta del día. Lo que pasa es que tradicionalmente el tópico del carpe diem lo relacionamos con una vida desaforada, apasionada, amor, sexo… “

“En el caso de Jesús Mauleón, teniendo en cuenta su condición de sacerdote y su edad, se trata de un disfrute de lo menudo, de lo pequeño, de la satisfacción de estar vivo, de poder contemplar la belleza, de poder convivir con gente sana y, sobre todo, y esto parece ser el aspecto más específico, más singular, de este poemario, el contar con la compañía permanente de una persona que la siente viva, cercana, consoladora, como es Dios, como es la divinidad. Y, en este caso, se trata, pues, de una vejez que no está exenta, lógicamente, de dificultades, en más de un momento, pero que encuentra en Dios un consuelo permanente.”

“Se trata, sin duda alguna, de un libro jubiloso, en contra de lo que suele ocurrir con otros libros escritos en la madures o en la vejez. Estoy pensando, por ejemplo, en alguno de los últimos poemarios de Miguel de Unamuno, de Juan Ramón Jiménez, de varios poetas del 27 como Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Rafael Alberti o, incluso, Dámaso Alonso. En ese aspecto yo creo que este libro se inscribe, de entrada, en esa tradición poética de senectud, pero lo hace de manera muy lúcida y vigorosa, inteligentemente optimista. Me parece que es un libro excelente.”

Se refiere también el crítico a un poemario anterior de Mauleón:

“Hace ya muchos años -nos explica Tomás Yerro- he vivido muy implicado en la sociedad navarra de Geriatría y Gerontología y en el voluntariado gerontológico y toda la relación con las personas mayores, y no me canso de repetir que los últimos libros de Jesús y, particularmente, este: “Pero estás en mi aliento”, o el anterior: “Apasionado adiós”, deberían ser de lectura obligatoria para todas las personas, profesionales o voluntarios, que tratan con personas mayores, porque creo que no encontrarían en estos poemarios ningún catecismo, ningún manual, pero sí una serie de intuiciones en torno a la persona mayor, a la persona anciana que, con gran brevedad, con gran concisión e intensidad, resumen conocimientos que normalmente el profesional tendría que escribir en amplios tratados. En este caso se trata de la magia de la poesía, que con su hondura y su belleza es capaz de resumir las constantes esenciales de la condición humana, en este caso las referidas a las personas de edad avanzada.”

Tiene encantos la vejez para muchos, se convierte en un infierno para algunos

“Sin duda alguna, Montaigne decía que la vejez no solo pone arrugas en la cara sino a veces en el alma. Y en el caso de Jesús Mauleón y de cualquier persona que tenga una edad avanzada, pero una salud aceptable, creo que la vejez en el fondo es la condensación de una vida que, asumida con naturalidad, teniendo en cuenta que se trata de un proceso biológico inevitable, pues tiene sus encantos: la libertad absoluta, el recoger una cosecha cuando esa vida ha sido fecunda, en el campo de la familia, en el campo de los amigos; o se puede convertir naturalmente en un infierno, cuando la salud es deficiente y, sobre todo, cuando uno ha llevado una vida desarreglada con muy pocas o nulas o esquinadas relaciones sociales.”

En el caso de Jesús Mauleón

Omitimos la elogiosa lectura, que hace el amigo, de los últimos tiempos del sacerdote poeta que tan bien conoce. Referiremos un solo párrafo: “En el caso de Jesús Mauleón, yo creo que, no solo en la literatura sino en la vida, a la que se funde su obra literaria, está recibiendo ahora el reconocimiento, la gratitud de tantas, tantas personas que le han tratado a lo largo de los años en las distintas misiones que él ha tenido…”

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TUS TRILLONES DE ESTRELLAS, VISIBLES E INVISIBLES…

En una segunda parte de la presentación de hoy, ofrecemos tres hermosos poemas que corresponden al título del libro “Pero estás en mi aliento”. Frente a la desencarnada concepción de una divinidad distante, misteriosa, invisible, infinita…, se comunica Jesús Mauleón desde la experiencia de amorosa cercanía de un Dios providente, Padre de todo y de todos, de todos y de cada uno. Impresionante final del poema: al regresar a casa el lírico, declinando el día (¿declinando la vida?), expresará al Señor un último deseo: “me asomaré contigo al balcón de la noche / para ver / tus trillones de estrellas, visibles e invisibles”.

TE DICEN MISTERIOSO

Te dicen misterioso, pero Tú estás conmigo.
Te dicen invisible, pero estás en mis ojos.
Te dicen puro Espíritu y te palpa mi aliento.
No eres como nosotros, pero estás con nosotros.
Hiciste en lo creado milagros imposibles:
la luz, la vida, el aire, tus juegos y tus fuegos
del espacio infinito.

Eres incomprensible, distinto a todo ser, el Otro,
pero haces el milagro de que yo te comprenda
o que a mi pobre modo yo me entienda contigo.
Si estás en todas partes, estás aquí, en mi casa,
esta vivienda humilde donde acaban mis días.
Estás entre pucheros si estás en mi cocina,
caminas a mi lado si voy por el pasillo,
me amas junto al sofá si descabezo un sueño.
¿Aún te llaman eterno cuando pones
todo tu corazón en mis días contados?
¿Infinito te llaman cuando tu amor acercas
al pobre espacio mínimo en que cabe mi cuerpo?
Y si lo puedes todo ¿no pones tu poder
en mi fragilidad para que así me sienta
poderoso contigo?

Eres tan misterioso que no hay quien te comprenda.
Misterioso es tu amor, infinito y eterno.
¿Sonríes conmovido si te llamamos Padre?
Dios del amor, Dios de todo y de todos,
Dios de la humanidad, ¿puedo llamarte humano?
Dios de cerca, de aquí, del papel en que escribo,
que te vienes conmigo cuando salgo de casa
y me haces un santuario de mi autobús urbano,
entre la buena gente que charla, que sonríe,
o que guarda silencio tecleando en su móvil.
Dios de siempre con todos que seguirás conmigo
cuando vuelva cansado ya vecino del sueño.

Al declinar el día,
me dispondré a dormir, pero antes de acostarme
me asomaré contigo al balcón de la noche
para ver
tus trillones de estrellas, visibles e invisibles.

(25 de noviembre de 2017)

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TODA LA CREACIÓN AMOR CLAMABA

Se dejó seducir el poeta (“Lo amé. Me sentí amado”). Cerró los ojos. Le bastó el amor. Le anegó el silencio. No pudo conocer del todo al que le amó primero. “Toda la creación amor clamaba… / Y hasta el día se puso de rodillas”. Esta generosa elevación la recibió el elegido en fecha memorable: un “19 de noviembre de 2017”.

DIOS

A Dios no le ha visto nadie nunca
1 Jn 4:12

Lo amé. Me sentí amado.
Y no pude saber nunca del todo
cómo es aquel que levanta mi vida,
en amor la levanta.

No quise preguntar desde la altura.
Cerré los ojos. Me bastó el amor.
Plegué los labios. Me anegó el silencio.
Toda la creación amor clamaba.
Su acorde universal, su grito,
me resonó en el cuerpo.
Y hasta el día se puso de rodillas.

(19 de noviembre de 2017)

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HABÍA QUIEN LLAMABA A SU SECRETO MISTERIO U ORACIÓN

En los versos de “A veces” observamos un afortunado diálogo entre pulsiones corporales de soledad y abatimiento y movimientos ascendentes de seguridad y compañía, cuando “todo, todo llevaba / su voz a Él, en cualquier parte / presente y a su alcance”. Y no nos olvidemos de que “algunas veces con los ojos llorosos / se erguía más y más y caminaba / acompañado y vivo.” El poeta sugiere definitivas claves del “respirar seguro”: “misterio y oración”.

Como si se tratara de un epitafio, nos facilita el autor memoria viva de un pasado feliz en fe y en lágrimas.

A VECES

A veces
le lloraban los ojos, y culpaba
más a la ancianidad que a la tristeza.

La soledad doblaba
la cima de sus hombros,
pero al andar erguía
voluntarioso el busto,
sabiendo que ni el día
ni aún la noche,
en su casa, en la calle,
lo vieron nunca solo,
pues sabía que un ruido,
una lámpara eléctrica
abierta y encendida
o la flor de una música,
un árbol, una acera,
un regalo de sol, de aire fresco en la cara,
incluso
un temor, el recelo
de algún quehacer penoso por incierto,
todo, todo llevaba
su voz a Él, en cualquier parte
presente y a su alcance.

Había quien llamaba a su secreto
misterio u oración,
mas él sólo sabía que tornaba
su respirar seguro,
y algunas veces con los ojos llorosos
se erguía más y más y caminaba
acompañado y vivo.

(2016)

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