Orad constantemente 3

En la presente entrega, "Orad constantemente 3", cerraremos la sección de poemas sobre la oración perseverante con versos de José María Souviron("Salmo"), Jesús Mauleón("Tan madre"), Leopoldo Panero ("Como la hiedra") y José Luis Prado Nogueira("En el nombre del Padre"). Y, si os parece, reproducimos a continuación unas líneas de la formidable antología de Tony "La oración de la rana":

Un anciano solía permanecer inmóvil durante horas en la iglesia. Un día un sacerdote le preguntó de qué le hablaba Dios.

-Dios no habla, sólo escucha, fue la respuesta.
-Bien... ¿y de qué le hablaba usted a Dios?
-Yo tampoco hablo. Sólo escucho.

Las cuatro fases de la oración:
Yo hablo, tú escuchas.
Tú hablas, yo escucho.
Nadie habla. Los dos escuchamos.
Nadie habla y nadie escucha. Silencio.

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Digan tu gloria los acordeones en los puertos
José María Souviron
, malagueño de la generación del 36, estimula nuestra fe con un Salmo muy abierto (“bendecid al Señor todos los seres”). Seres de la creación divina (águilas, lluvias, selvas, arrecifes de coral, rosaledas, estrellas, nubes...), incluyendo al hombre (“bendígate la voz del vendedor de frutas...”) y objetos creados por el hombre (catedrales, barcos, vaso de vino, pan, campanas...). Deliciosa tormenta de imágenes, caleidoscopio lírico inspirado en Salmos como el 104 y 148... Sugerencia: leer y sentir despaciosamente cada retrato, cada lámina, deteniéndonos en aquellas imágenes que hayan despertado más emoción. Inventariar escenas nuevas que uno haya vivido. “Bendecid, bendecid al Señor”).

SALMO

Bendecid al Señor todos los seres,
bendecid al Señor...

Bendecidlo, pastores de las anchas llanuras,
y vosotros, los tigres del África ignorada,
águilas que miráis de frente al sol,
borrascas de los Alpes, tibias lluvias cayendo
en las palmeras inclinadas de calor;
barcos perdidos, solos, en las calmas remotas,
espejos tranquilos de los fiordos;
pinos de Roma, olivos de Córdoba, abetos
en las colinas frías y transidas de olor,
arenas del Sahara, selvas impenetrables,
bendecid al Señor.

Te bendigan, Señor, las catedrales
solas con vidrieras que nadie ha podido alcanzar;
bendígante las islas sin playas ni bahías
y los delgados arrecifes de coral.
Bendígante la voz del vendedor de frutas
y este vaso de vino que me voy a tomar,
y el pez ciego de extraños colores
que se desliza en la sima abismal.

Alábente, Señor, las estrellas, las nubes;
diga tus alabanzas el tibio olor a pan
de los hornos al alba, y las campanas
que suenan solas en la tempestad.
Digan tu gloria los acordeones
en los puertos, el humo quieto sobre el volcán,
los cometas que pasan asustando luceros;
alábente los faros, de pie en el litoral,
y los trigales y las rosaledas
y los leños en el hogar.

Te bendigan el que ara en los campos,
el que cava en las minas, el que pesca en el mar.
Bendígate la noche y el día te bendiga,
que te dé gloria el gozo y te alabe el dolor;
te bendiga la niebla, el cielo limpio,
el que contigo está y el pecador;
el sediento que anda buscando el manantial;
que te bendiga el odio, sin querer, y el amor.

Espacios infinitos, horas innumerables:
Bendecid al Señor.

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¡Felicidades mil, por buena y madre!
Dios nos hace guiños de amor en el diario quehacer. Celebra Jesús Mauleón el 90 cumpleaños de su madre. Y le pide al Señor que la guarde hasta el fin, y la nombre “hija querida”, gesto de intercesión, pedir para otros, que encierra un gran poder por su generoso desprendimiento. Se presupone que haber sido buena madre le acerca más a comprender la ternura de Dios Padre... Sugerencia: si haber sido hijos de buenos padres nos facilita comprender la paternidad y maternidad de Dios, se sugiere un emocionante ejercicio: de pie, ojos cerrados, imagina que tu madre, situada a tu espalda, reposa su mano en tu hombro y te transmite amor a Dios (o aquello que más necesites). Se retira; y ahora es tu padre quien apoya su mano en el otro hombro, y te acerca otros dones. Los dos, al fin, actúan juntos.

TAN MADRE

Torre y fortín donde el amor se asienta
más alto que las penas y los años,
madre contra la edad, frente a sus daños,
que en pie de guerra cumples los noventa:

sigue engrosando tu copiosa renta,
más rica en ilusión que en desengaños.
El vuelo azul, el sol no son extraños
al cielo hermoso que tu amor se inventa.

¡Felicidades mil, por buena y madre!
Dios te guarde hasta el fin, pues en tu vida
siempre tuviste en Él los ojos fijos.

El, que fue siempre para ti tan Padre,
te nombre en el amor su hija querida,
ya que fuiste tan madre de tus hijos.

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Por haberte perdido, por haberte encontrado...
Podría servir de introducción el conocido discurso de Jesús: “Yo soy la vid; vosotros las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Lamenta LeopoldoPanero haber perdido al Señor, a quien tanto había querido. Al recuerdo de aquellos tiempos de piedad y fe, le nace la nostalgia como hiedra que verdea acariciando el vivo tronco. Pero, injertado de nuevo el corazón a la savia de Dios, se siente revivir y soñar en esperanza... Sugerencia: podría dramatizarse el poema con la presencia de una planta viva en la habitación. Se meditaría, contemplándola, el Salmo 1, breve pero expresivo. ¿Soy árbol frondoso o árbol reseco? ¿Soy vigorosa planta o planta mustia? Quien beba de mi agua no tendrá más sed...

COMO LA HIEDRA

Por el dolor creyente que brota del pecado.
Por haberte querido de todo corazón.
Por haberte, Dios mío, tantas veces negado;
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración.
¡Porque es como la hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión!

Porque es como la hiedra, déjame que Te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi vieja sombra se derrame a tus pies;
¡porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que Tú lo ves!

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Llorando con el llanto de los otros.
Presentamos como final de la sección este afligido poema de José Luis Prado Nogueira. Al bendecir la mesa familiar y agradecer a Dios los alimentos, sobrevuela el hogar la nube del hambre y el llanto del mundo. Y ya solo se puede rezar el Padre Nuestro con tristeza y sofoco: ser consciente de la injusticia es ya un primer paso... Sugerencia: hay organizaciones que admiten voluntarios en su actividad de mejora social. ¿Por qué no te informas y comprometes en alguno de estos grupos solidarios?

EN EL NOMBRE DEL PADRE...

En el nombre del Padre, en el del Hijo
y en el del Santo Espíritu... No basta.
Si la dicha nos diste, ya es sabida,
oh Dios, la gratitud. Ahora queremos
nuevamente empezar. Porque no es lícito
cerrar la dicha aquí, entre cuatro muros,
entre una bella niña y una madre
muy amada y un niño y un poeta.
Porque en el mundo hay casas y en las casas
pobres mesas de pino y doloridos
seres alrededor, como nosotros
aspirantes a Dios, en anchas olas
de miseria batiéndose, hijos míos,
felicísimos míos, bellos seres,
digamos que queremos la amargura
de saber que en el mundo hay mesas tristes,
la alta prerrogativa, el privilegio
de inyectarle dolor a nuestra dicha
llorando con el llanto de los otros.

Empecemos de nuevo. Padre nuestro,
Padre de todos, haz, en tu sigilo,
que como un nuevo espíritu, con alas,
con un respeto pavoroso y tierno,
hasta la mesa de los pobres llegue
nuestra vergüenza desgarrada.

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