Paz Pasamar 2. VIOLENCIA INMÓVIL

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
25 feb 2016 - 10:42
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Siete años después de “La soledad, contigo”, Paz Pasamar da a conocer su importante entrega lírica “Violencia inmóvil”. De ella escribirá José Ramón Ripoll: “Indiscutiblemente nos encontramos ante el libro más inquietante de toda su producción. “ Y más adelante: “No se puede hablar de poemas en este libro. Todo el libro es un poema total y continuo, único e indivisible...

Ilustramos el post de hoy con la desafiante imagen del mar golpeando la costa, que nos describe plásticamente un verso de Luis Rosales que Pilar nos esculpe en el frontispicio de su meritorio trabajo: “La violencia inmóvil del mar”. Reserva la autora como camafeo final de su entrega, el soneto que da título al poemario, “Violencia inmóvil”, que me permito acercar, en Presentación PPS (hay también sonido), pulsando aquí.

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Ofrece el libro 37 poemas repartidos en tres secciones. La última presenta catorce diálogos muy personales con Dios desde la duda, la queja, la increpación, el desahogo, la comunión mística, la celebración... La poeta jerezana, en el último soneto –“Violencia inmóvil”– que acabamos de conocer, dirigiéndose al crucificado, como Saulo al ser deslumbrado por una luz “que venía del cielo” (Hechos 9,1–19), le agradece el don de la fe, a pesar de la exigencia, a pesar del compromiso: “Y entonces me abarcaste, me cegaste violento... / ¡Gracias, Señor, te doy por haberme golpeado! / ¡Gracias, por derribarme de la cabalgadura!

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PASAR EL CORAZÓN A LA OTRA VIDA

Presentamos seguidamente otro soneto, “Ese amor que –nos dicen– te tendremos”, que, en la encrucijada existencial cabeza/corazón elige, sobre todo, el corazón, es decir el amor. Ya lo anticipa en los siguientes versos: “Solo me queda el corazón. Palabras / ya no me bastan. Sobra el pensamiento. / Solo me queda el corazón, más grande, / cada vez más amargo y más sediento.” Que el alma sobreviva más allá de la muerte, podría imaginarse. Pero ¿qué ocurrirá con el cuerpo? ¿Qué le sucederá al corazón, que tanto amó, tanto sufrió, tanto esperó de Dios y de la Vida? Olga Rondón sugiere claves de comprensión para convocar la lámpara de los enigmas: “El diálogo con el misterio en estos sonetos espirituales toma vuelo de mística contemporánea...”

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[ESE AMOR QUE –NOS DICEN– TE TENDREMOS...]

Ese amor que -nos dicen- te tendremos

sin cuerpo ya, con alma solamente,

cuando te hayamos visto frente a frente

¿qué nombre, di, qué nombre le pondremos?

Cuando hayamos soltado al fin los remos

y estemos fuera -di- de la corriente...

¿qué fuego en la otra orilla, de repente,

sin manos ya, sin lumbre, atizaremos?

El alma solo. El alma. Pero hundido

quedará el corazón que fue mi guía

él, que llevó mi paso sin consejo.

Por él mi mano nunca se ha vendido.

Déjamelo pasar a la otra vía

que sabe mucho, porque está muy viejo.

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ACÉRCATE A LA NOCHE DE MI SUELO

Como la enamorada del Cantar de los Cantares, Paz Pasamar busca a su Amado “por las calles y las plazas” (Cantar 3,2). Y no le encuentra, como san Juan de la Cruz, que exclama con tristeza: “Salí tras ti clamando / y eras ido.” También, al meditar estos versos, nos llegan ecos de la conocida declaración de amor al Crucificado “No me mueve, mi Dios, para quererte...” (pulsar aquí). Lo central de estos versos es la apasionada entrega al amor de Cristo, más allá de premios o castigos, “el cuello reclinado / sobre los dulces brazos del Amado” (san Juan de la Cruz).

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[SEÑOR ENMUDECIDO, NO TE CALLES]

Señor enmudecido, no te calles.

Borra, si quieres, de un plumazo el cielo,

déjame en la negrura sin consuelo,

pero déjame estar donde te halles.

Señor que pastoreas en tus valles,

acércate a la noche de mi suelo

que es tarde para el trino y para el vuelo

y espero que me cruces por las calles.

Entre cuatro paredes, cada día,

amanezco en tu busca y en porfía

–Tú que te vas, y yo que te persigo–.

Bórrame el universo y la memoria

y únceme ya sin luz junto a tu noria

que mejor es no ver, y estar contigo.

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ME MIRAS, PARA VER QUÉ NECESITO

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En ambiente posconciliar, se dirige Pilar a Dios con lenguaje, si respetuoso, sobre todo familiar hasta la dulzura, llamándole Papaíto”. Imagina la diligencia del Señor recorriendo atareado el mundo: Yo te siento pasar, nos vas mirando, / me miras, para ver qué necesito...” Como Unamuno en “El Cristo de Velazquez” inventa piropos con lenguaje de hoy para el Eterno Sonreído... Nos amas todavía, más que nunca. / Yo te siento pasar, incomprendido.” Y, con tremenda actualidad, lo identifica con inocentes que reclaman su solidaridad...

Al calor de tan amorosa plegaria me permito reproducir la respuesta de la mística escritora a la pregunta de Ana Sofía Pérez-Bustamante sobre su religiosidad: “–Mira, sin ser ningún modelo de santidad, soy una persona profundamente cristiana. Creo en la resurrección, no de la carne, sino del espíritu. Creo que la vitalidad, la esperanza, la fortaleza interior, la solidaridad, la entrega, la falta de prejuicios, la razón de ser íntima, el sentirse en el propio cuerpo... son valores profundamente cristológicos. Dios es incognoscible, claro, pero lo vemos todos los días en su cara humana: en toda la gente que sufre...”

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[¡QUÉ FALTO DE TERNURA...!]

¡Qué falto de ternura

debes sentirte, Padre mío!

En los atardeceres

te siento recorrer el infinito,

atareado y dulce como un viejo

jubilado que va tras de los picos.

(Sólo vas rodeado de lo frágil

como iba de pájaros Francisco.)

Yo te siento pasar: nos vas mirando,

me miras, para ver qué necesito...

-Padre nuestro, ¿por qué ya no nos gritas

que no nos sirven los altivos

gestos, que no te suena bien tu nombre

ahogado bajo palios, sofocado

por el humo solemne de los cirios?

Tú prefieres sentarte a nuestra mesa,

apretarnos a todos en tu nido.

Nadie te busca la sonrisa, temen

tu voz porque se temen a ellos mismos.

Te siguen dando nombres de tormenta,

a ti, el Eterno Sonreído,

dulzura creadora, colmenero

hecho Vellón, Cerumen, Voz, Cartílago,

Agua, Pasto, Cordero, hecho a la misma

medida del temblor y del vagido.

Agavillado entre Tu mano el tiempo

como si fueran las galaxias lirios,

como si espigas las constelaciones,

o ramo el infinito,

pudieras decir: ¡Basta!... Y no lo dices.

Vas deteniendo el paso por los sitios

donde algún inocente te reclama,

contable de tus astros y tus siglos.

Nos amas todavía. Más que nunca.

Yo te siento pasar, incomprendido,

rechazado en el fuego de Hiroshima,

encarcelado junto a los judíos,

en el Congo, en el Tibet, en Argelia,

en Vietnam y Chicago por tus hijos.

Padre Dios, yo lo sé. Sé que el profeta

con carbón encendido

quemó sus labios antes de nombrarte.

Quema también los míos,

pero deja llamarte de este modo:

Padre nuestro, Dios nuestro,

Papaíto...

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PILAR PAZ PASAMAR

"Como una fuente a mitad de camino"

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VICENTE ALEIXANDRE

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1. La soledad, contigo

MUNDO NUEVO

PROMESA DE VIDA

2. Violencia inmóvil

ESE AMOR QUE -NOS DICEN- TE TENDREMOS

SEÑOR ENMUDECIDO, NO TE CALLES

QUÉ FALTO DE TERNURA...

3. La torre de Babel

LA TORRE

ÉXODO

PENTECOSTÉS

4. Eres calor, calor, tibio regazo

MAITINES

PHILOMENA, TU CÁNTICO...

LA NOCHE ABOLIDA

5. Hueco para Tu Nombre

LA PALABRA AIREADA

EL NIDO

AHORA TE SÉ, PUES TE RECUERDO

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