Susana March 2. EL ADOLESCENTE

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
19 jul 2018 - 21:16
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A los seis años del premio en Adonáis por “La tristeza”, dio a conocer Susana March, en la misma colección, “Esta mujer que soy” (1959), que se abre con “Autorretrato”; conozcamos los últimos versos: “He nacido así: / derecha, / con mi poco de sol / y mi poco / de niebla. / Entre tantos millares / de mujeres, soy / esta.” ¿Qué apariencia tenía Susana? Leo en La Vanguardia (30/05/1955): “Cimbreante y nerviosa, toda líneas cóncavas cual corresponde a su ser introvertido, hondo, y fijo al mirar sobre una boca reventona. Susana March es la melancolía...”

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Para señalar dos coordenadas claves de este poemario, permitidme que reproduzca algunos párrafos de “Deseo”: “Cúbreme. / Estoy desnuda. / Abre / las puertas de mi reino. / Esclavo mío, / asume / tu importancia, / dame / tu ley. / Exijo / tu fuerza. / ¡Ámame! / La tierra, / el viento, / el fuego, / el mar con su oleaje... / ¿Qué importa, / di, qué importa? / Me bebo el Universo / en tus labios, / amante.”

Si en estos versos confidencia la intensidad de su pasión amorosa, en “A un hombre” desvelará Susana March la otra necesidad del corazón: la amistad, la comunicación afectiva: “Salvar este gran abismo del sexo / y luego todo será sencillo. / Yo podré decirte que soy feliz / o desdichada, / que amo todavía / irrealizables cosas. / Tú me dirás tus secretos de hombre, / tu orfandad ante la vida, / tu miserable grandeza. / Seremos dos hermanos, / dos amigos, / dos almas / que alientan por una misma causa...”

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TE EMPUJA EL AIRE HACIA LA VIDA

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Dentro del juego del sol y de la niebla, predomina la luz en el primer poema (“¡oh claro sol!, ¡oh arcilla / de lumbre!”). Será el adolescente como un ángel (mejor, como un arcángel) que enamora a las chicas y conserva la fe en los Reyes Magos, multicolor “arco iris”, paloma de paz que anuncia nueva tierra, cielos nuevos.

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EL ADOLESCENTE

Te empuja el aire

hacia la Vida

-¡oh campo

de sangre!, ¡oh, verde rama!,

¡oh flor!-, te empuja

hacia la Nada.

Y eres

como un arcángel

que juega al fútbol y ama

el recuerdo de los Reyes Magos

en los ojos

de las muchachas.

Eres

interrogante de oro

que cada primavera

enarca

su lomo radiante

sobre el tedio del mundo.

Eres

-¡oh claro sol!, ¡oh arcilla

de lumbre!-

la esperanza.

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TU MANO DE HOMBRE EN CIERNE

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Sol y primavera. En el sopor de la tarde, la madre poeta, reposando en la hierba con el hijo adolescente, estrecha su recia mano y descubre que es mano ya de hombre. Su olfato existencial, su brújula del tiempo se cargan de pesadilla: “de pronto, / pensé, hijo, en la muerte. / Pensé que un día –¿cuándo? – / tú y yo no existiríamos...” Nos llegan ecos de Gabriela Mistral cuando en “Que no crezca” nos lloraba así: “En la majada / cabritos y ovejas / maduran y se mueren: / ¡malhaya ellas!... / ¡Dios mío, páralo! / ¡Que ya no crezca! / Páralo y sálvalo: / ¡mi hijo no se me muera!” Escuchamos en ambos poemas un dolorido reproche a Dios por el misterio de la muerte...

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UN DÍA...

Un día

estábamos los dos echados

sobre la hierba,

al sol...

La primavera henchía

sus dulces pulmones de aire.

El silencio pesaba

sobre nuestro sopor.

Yo estrechaba tu mano

en la mía.

Tu mano adolescente,

fuerte ya,

dura ya;

tu mano de hombre en cierne,

suavemente áspera,

delicadamente firme

y,

de pronto,

no sé por qué,

de pronto,

pensé, hijo, en la muerte.

Pensé que un día -¿cuándo?-

tú y yo no existiríamos,

mi mano no podría

estrechar ya tu mano,

este cuerpo, esta carne, este amor, esta vida...

Y fue como un desgarro,

como un puñal hurgando cruelmente en la sangre.

-¡Oh, Dios! ¿Es posible?

¿Tanto puede ser nada

porque Tú lo has querido?-.

Y ante tus ojos llenos de una sorprendida burla,

besé la palma caliente

y luego apoyé en ella mi mejilla

para morir así...

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HUNDIRÉ EL ROSTRO EN TU REGAZO...

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En la relación madre/hijo es ahora Susana March la hija, una hija grande que hunde su rostro en el regazo de la santa mamacita de sus días. Escribe Susana estos versos, como siempre que habla de sus seres queridos, dirigiéndose a ellos con devoción y entrega. ¡Qué fácil resultaría a un espiritual, a un místico, imaginar que este poema es una oración y dirigirse con ella a Dios Padre, a Dios Madre, desahogando en su regazo soledades y penas!

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LA MADRE

He venido a estar contigo

porque estoy triste y tú lo sabes.

Hundiré el rostro en tu regazo

para que puedas consolarme.

Porque tú todo lo adivinas,

no es necesario que te hable.

¡Qué dulcemente me recoges

en tu ternura incalculable!

Duro es el mundo. Y la tristeza

la sola herencia que nos cabe.

Tú que me amas, madre mía,

seca este llanto que me nace...

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SUSANA MARCH

Premio Angaro de Poesía en 1986

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1. El hijo

EL HIJO

VERTE JUGAR

MÍO

2. El adolescente

EL ADOLESCENTE

UN DÍA...

LA MADRE

3. ¡Qué despacio me muero!

PRESENCIA

FILIAL

4. Hundiría mis brazos en ese cielo azul

HECHIZO

ME DA PENA...

SÚPLICA

5. Abandona a tus claros serafines

OH, TÚ, SEÑOR...

DIOS ES MI AMIGO

SAN JUAN DE LA CRUZ

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