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Carlos Cortes: “Somos consciente de que este apostolado es pobre en números”

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Es bueno no descartar ninguna propuesta evangelizadora, como es bueno que ninguna propuesta marque la línea pastoral. El Espíritu Santo se manifiesta de mil no, de millones de maneras diferentes, y Dios también anda entre los pucheros, donde todo se acerca a la llama que arde

Vitoria desde Olarizu -20210830-WA0064 | VLG

Acompañados de un pequeño grupo de laicos pertenecientes a la Diócesis de Vitoria los misioneros de Alcalá de Henares se encuentran recorriendo varios puntos de la capital alavesa con su campaña de evangelización “Arde Vitoria 2026”. Santa Clara, Catedral Nueva, Iglesia de San Antonio y hoy desde la parroquia de Los Desamparados. La mayoría lugares céntricos de la ciudad. 

Carlos Cortés nos cuenta cómo en el 2009 sintió “la llamada” a poner en marcha “algo” para evangelizar en la calle. Es un proyecto de origen laical y que se sustenta en el compromiso de los laicos para “dar a conocer al mundo que Dios nos ama”. 

“Nuestro carisma es el apostolado hacia los alejados de la fe en el ámbito de los lugares públicos.”

A los misioneros se les dan algunas pautas para su labor. Consignas como “no discutir. Es un anuncio alegre y respetuoso. Es una oferta hecha con respeto.”

En Alcalá este modelo de evangelización es algo instituido. 

CARTEL MATRICULACION 26-27 (Cartel (A3 vertical))

“Somos consciente de que este apostolado es pobre en números”, no obstante Carlos reconoce haber sido testigo a lo largo de estos años de beneficios recibidos en muchas personas a partir de haber sido abordadas por este modo de evangelización. “Aunque solo sea por una persona merece la pena montar todo esto”. 

No obstante, entre sus objetivos también está el “crear escuela” allí por donde van. 

Entrevista completa 

Non solum sed etiam

Además de dejar que oren por mi y de rezar con ellos un rato, he querido ser un observador de su labor misionera. Puedo decir que he visto autenticidad en su misión, pero entiendo que haya una parte de la iglesia que no se sienta identificada con esta apuesta evangelizadora. Ello no quita para que alguno de los abordados viandantes pueda encontrarse en el momento preciso para recibir “una palabra de parte de Dios”. 

También he podido observar que las personas, los viandantes tienen una santa paciencia para con algunos misioneros. No todo el mundo acepta que le corten el paso, que le aborden como para “venderle un producto”, que le distraigan de lo que ocupa su cabeza en ese momento o de la conversación que traía con su acompañante. Pero, lo que más me ha llamado la atención es que, al menos en alguno de los casos que pude observar a cierta distancia, es que la conversación parte del misionero. No se suele tener en cuenta el contexto o la circunstancia que visualmente pueda darte pistas del prójimo y poder conectar más desde su realidad que desde lo que vamos a ofrecerle. Voy a intentar explicarlo con un ejemplo real: la misionera aborda a un joven de rasgos magrebíes y que lleva la camiseta de la selección de Marruecos. En escasamente una hora Marruecos se la juega con Francia en el Mundial. Esta persona muy probablemente sea musulmán y aficionado el fútbol, y muy probablemente va con prisas para llegar al lugar donde podrá ver el partido. El joven atendió a la misionera con amabilidad y le recibió la estampa de María, su madre lleva el nombre de Miriam, la madre del Profeta. Es invitado a entrar a la Iglesia y él amablemente rechaza la propuesta. Hace amago de seguir su camino pero la misionera insiste un poco para poder trasladar esa Buena Nueva a todo el mundo, porque esa es su misión. El joven vuelve a agradecer las palabras pero insiste en seguir su camino. 

Otras fórmulas de evangelización partirían de iniciar la conversación con el partido de fútbol, con la camiseta de la selección de Marruecos y … luego dejarían la puerta abierta a hablar de Dios si la ocasión se presentaba. 

La tormenta retrasó la salida de los misioneros que fueron “cazando” al vuelo a los que pasaban por delante de la Iglesia. 

Yo hice un paréntesis tomando una cerveza con un buen amigo sacerdote en el bar de al lado de la Iglesia (eliza alde que se dice en euskera). Otra forma de hacer comunidad, otra forma de hacer Iglesia.   

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