"Exactamente lo contrario de lo que ahora están haciendo los 'judíos' con los 'palestinos'" Del Dios liberador al Dios amenazante: de Egipto a Palestina

Niños palestinos en Gaza
Niños palestinos en Gaza

"Como es bien sabido, la Biblia dice que Dios se le apareció a Moisés cuando los judíos eran esclavos de los egipcios. Sin duda alguna, el Dios de los judíos es un 'Dios liberador'"

"Por eso, porque Dios es así y se dedica a liberar a los oprimidos, cuando Moisés le preguntó a Dios: «¿cuál es tu nombre?» (Ex 3, 13). Dios le dijo a Moisés: «Yo soy» … Hasta el mismo Jesús tuvo que decir: «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis»"

"Jesús liberó del sufrimiento, la opresión y la marginación a todos los oprimidos por el sufrimiento. En esto consistió su revelación … Exactamente lo contrario de lo que ahora están haciendo los 'judíos' con los “palestinos”"

"Si somos coherentes, se acabaron los 'predicados', que en el mundo existen. 'Yo soy' es lo único que se puede 'ser'. Dios tiene razón. Pero, ¿se la estamos dando?"

Como es bien sabido, la Biblia dice que Dios se le apareció a Moisés cuando los judíos eran esclavos de los egipcios. Esto es lo que relata el capítulo tres del libro del Éxodo, en el episodio de la zarza que ardía y no se apagaba (Ex 3, 1-2). Y desde la zarza ardiendo, el Señor le dijo a Moisés: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He venido a liberarlo de los egipcios” (Ex 3, 7). Sin duda alguna, el Dios de los judíos es un “Dios liberador”.

Por eso, porque Dios es así y se dedica a liberar a los oprimidos, cuando Moisés le preguntó a Dios: “¿cuál es tu nombre?” (Ex 3, 13). Dios le dijo a Moisés: “Yo soy”… “Este es mi nombre para siempre” (Ex 3, 14-15). Y éste, ni más ni menos, es el nombre que Jesús se apropia, en el Evangelio. Así se lo dijo el mismo Jesús a la mujer samaritana cuando ésta le preguntó al propio Jesús quién sería el Salvador: “Yo soy, el que habla contigo” (Jn 4, 26). Y a los dirigentes judíos les dijo sin dudarlo: “Antes de que Abrahán existiera, yo soy” (Jn 8, 58). Por esto, Jesús llega a decir: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 30).

Pero ¡atención! El problema de Dios no está en el “poder”. El problema de Dios está en la “trascendencia”. Lo cual quiere decir que Dios es el “absolutamente-Otro”. O sea, Dios pertenece o está “más allá de” todo cuando nosotros – los humanos – podemos pensar o decir. Porque cuando pensamos o decimos, en realidad lo que hacemos es “objetivar” (convertimos en un “objeto mental”) lo que pensamos o decimos.

Lo que de verdad pensamos o decimos no puede ser trascendente. Lo que pensamos o decimos es siempre “inmanente”. Es decir, lo que pensamos o decimos es una “representación” humana de Dios. Pero eso no es Dios. Por eso, hasta el mismo Jesús tuvo que decir: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed en estas obras” (Jn 10, 37). Esto quiere decir: si no os fiais de “lo que digo”, creed en “lo que hago”. La conducta, la forma de vida, el proyecto de vida.

La conducta, que llevó Jesús y la llevó a la muerte violenta, es decir, antepuso la “ejemplaridad” a la “elocuencia”, por eso Jesús es “la Palabra”. Lo que Jesús le dijo al mundo no se reduce a lo que dijeron sus labios. Jesús le dijo al mundo lo que hizo, lo que vivió y como vivió. Por eso Jesús fue el Dios liberador. Jesús no oprimió a nadie. Jesús liberó del sufrimiento, la opresión y la marginación a todos los oprimidos por el sufrimiento.En esto consistió su revelación.

Exactamente lo contrario de lo que ahora están haciendo los “judíos” con los “palestinos”. Es verdad que entre los palestinos hay grupos fanáticos y violentos. Pero precisamente por eso – y si es que este asunto de piensa desde la Religión” – precisamente por eso, el camino de solución tiene que llamarse “Yo soy”: El Dios que baja – y nos enseña a bajar – para sacar de sus esclavitudes y opresiones a todos los oprimidos que en el mundo van tirando de la vida como pueden: todos los “esclavos” que en el mundo quedan.

Si somos coherentes, se acabaron los “predicados”, que en el mundo existen. “Yo soy” es lo único que se puede “ser”. Dios tiene razón. Pero, ¿se la estamos dando? Entonces, ¿a qué viene quejarnos tanto de que la política está fatal? Y lo que decimos de la política, lo repetimos al hablar de la economía, la sanidad, la educación, la sociedad, la religión y, en definitiva, todo lo que se nos viene a la cabeza.

Necesitamos, más que unca, al “Yo soy”. Un Dios que existe y al que no podemos decir en qué consiste. De semejante Dios, solamente sabemos una cosa: QUE NO SOPORTA EL SUFRIMIENTO DE LOS OPRIMIDOS. Por eso su nombre afirma la existencia. Pero, ¿en qué consiste? Está en la conducta de todos los que no soportan el sufrimiento que se puede evitar o suprimir.

Yo creo en “Yo soy”; en el de la zarza ardiendo, en el de la cruz que inclinó la cabeza al expirar por última vez… Y en el dolor de todos los que sufren sin esperanza. Sin duda alguna, CREO EN “YO SOY”, con lo que eso lleva consigo.

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