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Una agente pastoral alemana responde a la prohibición de predicar en la Misa

Marianne Arndt es agente pastoral y predica. Lo hace en celebraciones de la Palabra, en catequesis… y también durante la Eucaristía. Y le gustaría poder seguir haciéndolo. katholisch.de conversó con ella tras la reciente prohibición del Vaticano de que los laicos pronuncien la homilía durante la Misa.

Foto: © Viola Kick

(katholisch.de).- «Los fieles laicos no pueden predicar durante la celebración eucarística en el momento reservado para la homilía». Así lo recordó recientemente el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Arthur Roche, en una carta dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el obispo Heiner Wilmer. La decisión afecta también a Marianne Arndt, agente pastoral en las parroquias de Höhenberg y Vingst, en Colonia, donde desde hace años predica en determinadas celebraciones. Hablamos con ella sobre esta decisión.

Pregunta. Señora Arndt, Roma ha sido clara: usted no puede pronunciar la homilía durante una celebración eucarística. ¿Cómo ha recibido esta decisión?

Respuesta. Con decepción y con indignación. No puedo aceptarlo sin más. Los llamados teólogos laicos recibimos una formación tan sólida como la de los sacerdotes. En Alemania cada vez hay menos presbíteros y quienes permanecen deben atender un número creciente de parroquias. Sería lógico y necesario que los agentes pastorales colaboráramos también en el ministerio de la predicación dentro de la Misa. En este aspecto, la Iglesia ya había avanzado más.

P. ¿A qué se refiere?

R. Llevo trabajando como agente pastoral desde los años ochenta. Entre 1974 y 1983 estuvo permitido en Alemania que los laicos predicaran durante la Misa. Yo viví esa etapa. Con la entrada en vigor del nuevo Código de Derecho Canónico esa posibilidad desapareció. Sin embargo, con el tiempo muchos compañeros y compañeras lograron recuperar ese espacio en distintas diócesis. Hoy, en algunos lugares, es habitual que teólogos laicos prediquen durante la Eucaristía. En 2020, la Asociación Católica de Mujeres de Alemania (kfd) puso en marcha el llamado «Día de las Predicadoras», invitando a mujeres a predicar durante la Misa. Fue un paso importante. Ahora temo que, tras esta carta de Roma, algunos obispos den marcha atrás por un exceso de celo.

P.¿Usted predica durante la Eucaristía?

R. Sí, por supuesto. Antes hablábamos de catequesis o de exhortación, pero desde la iniciativa del «Día de las Predicadoras» digo claramente que predico. A veces lo hago en misas familiares y otras en celebraciones dirigidas a adultos. También predico en celebraciones de la Palabra, funerales y exequias.

P.¿Por qué puede hacerlo? ¿Porque su párroco se lo permite?

R. Exactamente, y esa dependencia me parece un problema. No deberíamos depender de la buena voluntad del párroco, sino ser invitadas e instadas a ejercer el ministerio de la predicación. Mi párroco, Franz Meurer, siempre me ha apoyado con decisión y le estoy muy agradecida por ello. Durante los últimos diez años he podido predicar con normalidad. Pronto se jubilará y confío en que con el nuevo equipo pastoral pueda seguir haciéndolo. Sin embargo, también he vivido épocas en las que se me prohibió predicar. Como teóloga, aquello fue una profunda herida.

P.¿Cuándo pronunció su primera predicación?

R. En 1983, durante mis prácticas pastorales. Formaba parte de mi formación predicar en una Misa delante de la comunidad. Recibí mucho apoyo y aquello me dio fuerzas para seguir. Descubrí que tenía algo que comunicar cuando anunciaba el Evangelio.

P.¿Qué significa para usted anunciar el Evangelio?

R. Para mí, predicar es interpretar la Sagrada Escritura a la luz de la vida cotidiana. Pero el anuncio también pasa por la propia vida, la actitud y la fe. La comunidad me conoce: soy madre, abuela y formo parte de ella. Escucho a la gente, estoy presente y comparto su vida. Eso también es evangelización. Solo puedo dialogar con una comunidad si conozco a sus miembros y establezco relaciones con ellos. La Eucaristía es el centro y la fuente de nuestra vida eclesial. Sin embargo, seguimos identificando casi exclusivamente ese momento con la predicación y, oficialmente, vuelve a quedar reservado únicamente a los varones ordenados. Cuando un sacerdote celebra tres misas al día y va de una parroquia a otra, ocurre lo que señalaba el obispo Heiner Wilmer en su carta al Vaticano: muchas veces no conoce realmente las preocupaciones concretas de cada comunidad. Ese es un problema importante.

Foto: © Rudolf Wichert (KNA)

P.El Vaticano sostiene que solo la homilía durante la Misa está reservada al sacerdote y que existen muchas otras formas de anunciar el Evangelio abiertas a los laicos. ¿No es suficiente?

R. No. Durante toda mi vida profesional he considerado esencial predicar para ayudar a la comunidad a leer su propia vida a la luz de la Escritura y descubrir motivos de esperanza. Además, la predicación permite que la comunidad conozca a quien la sirve y, desde ahí, construir vínculos y vida comunitaria. No deberíamos renunciar a esa posibilidad. Hablamos constantemente de participación y corresponsabilidad. Eso significa implicar activamente a toda la comunidad, no limitarla a un papel pasivo. Y, por tanto, quienes tienen la formación y la vocación para ello deberían poder predicar también durante la celebración eucarística.

P.¿Es esta una cuestión exclusivamente alemana?

R. Viví un tiempo en Brasil, en los años ochenta. Allí muchas comunidades cuentan con catequistas porque el sacerdote solo puede visitarlas una o dos veces al año debido a las enormes distancias. Cuando llega, todos se alegran de escuchar su predicación. Pero la víspera se reúne con la comunidad para conocer qué cuestiones les preocupan y así puede predicar de manera realmente cercana a su realidad. Mientras él no está, son los catequistas quienes explican la Escritura los domingos. Hace poco asistí también a una misa de exequias en Tanzania que duró seis horas. En un momento determinado, una religiosa subió al ambón para dedicar unas palabras al difunto. El párroco la interrumpió diciéndole que ya había hablado bastante. Ella respondió que aún tenía mucho que decir para honrar su memoria y continuó. Me pareció un gesto muy significativo. En el marco del movimiento María 2.0 [N. del T.: iniciativa de mujeres católicas nacida en Alemania en 2019 que promueve una mayor participación de las mujeres en la vida y los ministerios de la Iglesia, entre otras reformas] y del Encuentro Mundial de Mujeres celebrado en Leipzig quedó patente que mujeres de distintos países reclaman una participación más plena en la liturgia y en la Eucaristía, también mediante la predicación. Por mi experiencia en la Iglesia universal, creo que ese deseo existe también en muchas otras partes del mundo.

P. ¿Qué haría si en el futuro un párroco le prohibiera predicar durante la Eucaristía?

R. Tendríamos que conversarlo. Allí donde ya existe una tradición consolidada, debería poder seguir desarrollándose. Los teólogos laicos tienen la preparación necesaria para predicar y también habría que formar para este ministerio a miembros de las comunidades que posean ese carisma. La Misa está al servicio del pueblo de Dios y Cristo nos invita a todos. Ya no es aceptable que las comunidades tengan que escuchar homilías que no comprenden, mientras en ocasiones algunos sacerdotes leen plantillas de sermón preparados por otras personas. Cada vez más fieles acuden allí donde las celebraciones tienen verdadera calidad, y eso me parece positivo. Tenemos muchos laicos bien preparados en nuestras parroquias. ¿Por qué impedirles hacer aquello para lo que han sido formados y enviados? Con este tipo de prohibiciones privamos a los jóvenes teólogos y teólogas de una parte de su futuro y corremos el riesgo de seguir perdiendo fieles.

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