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Alzando la mirada: Una política joven desde la dignidad y la fe  

"Este documento recoge las conclusiones del encuentro promovido por la Red Fratelli que aglutina a jóvenes católicos vinculados a la diócesis de Madrid que militamos en distintos partidos y plataformas de la vida pública y que creemos que otra forma de hacer las cosas es posible"

El Papa, en el Congreso de los Diputados | RD/Captura

Los jóvenes nos sentimos agotados, asfixiados y, paradójicamente, aislados de la realidad. Vivimos uno de los mejores momentos de la historia en cuanto a derechos y libertades; sin embargo, algo falla

Y aun así, aquí estamos jóvenes de distintas ideologías, unidos por el compromiso y la fe

Hemos decidido encontrarnos, y en ese encuentro hemos descubierto algo que el ruido de la sociedad nos quiere ocultar: tenemos mucho más en común de lo que creemos. Con frecuencia construimos nuestra visión de los demás a partir de categorías simplificadoras: progre, pijo, facha, rojo. Sin embargo, cuando escuchamos y conocemos la historia concreta de cada persona, descubrimos una riqueza que desborda cualquier etiqueta. El encuentro auténtico humaniza porque nos permite ver rostros donde antes solo veíamos un contrario

Este documento recoge las conclusiones del encuentro promovido por la Red Fratelli que aglutina a jóvenes católicos vinculados a la diócesis de Madrid que militamos en distintos partidos y plataformas de la vida pública y que creemos que otra forma de hacer las cosas es posible. Desde una sociedad más humana, que reconoce la fragilidad de cada uno, podremos responder al problema de la soledad que nos aísla y polariza, a la realidad de las periferias geográficas y existenciales y al individualismo que nace de un mundo hiperconectado, pero profundamente desvinculado; todo para buscar “la mejor política”, en palabras de Fratelli tutti, desde la dignidad y la fe.  

1. Todos somos frágiles. Esta fragilidad puede adoptar formas distintas: enfermedad, soledad, dependencia, pobreza, duelo, fracaso, incertidumbre o sufrimiento emocional. Reconocer nuestra propia vulnerabilidad nos hace más capaces de comprender y acompañar la de los demás. La fragilidad compartida puede convertirse en un punto de encuentro y no de exclusión. 

El Papa, en el Congreso | RD/Captura

2. Una sociedad verdaderamente humana no puede medir el valor de las personas por su productividad, autonomía o capacidad económica. La dignidad humana no depende de eso. Por ende, las políticas que invierten en las personas no se pueden comprender como un mero gasto, sino como una expresión de justicia y humanidad. La verdadera calidad moral de una sociedad se refleja en la forma en que acompaña a quienes más necesitan apoyo. 

3. Nos enfrentamos a muchos problemas que nos afectan como personas jóvenes, que sentimos como una carga pesada. El Evangelio nos llama a no ser indiferentes, sino a comprometernos

4. Creemos que las familias continúan siendo un pilar fundamental de la cohesión social, siguen siendo el primer espacio de cuidado, solidaridad, educación y transmisión de valores. Por ello, el Estado tiene la responsabilidad de protegerlas y apoyarlas mediante políticas que favorezcan una vida digna, la cohesión social y ofrecer oportunidades a las personas jóvenes.

5. Existen periferias geográficas pero también emocionales, nuestras familias, amigos, trabajo… Queremos cuidar esas periferias, ya que son los lugares donde aprenderemos a dialogar y abrirnos a la diferencia del otro, y a conocer lo que nos une. La escucha activa, el respeto y la capacidad de reconocer al otro como igual se consideran condiciones esenciales para una acción política más cercana, humana y comprometida con la dignidad de todas las personas. 

León XIV, en la tribuna del Congreso de los Diputados | RD/Captura

6. Un aspecto a cuidar en nuestras relaciones son las redes sociales. Aunque nos permiten estar conectados y acercarnos a personas que están lejos, también pueden generar aislamiento, comparaciones constantes y una sensación de soledad que afecta a nuestro bienestar emocional. Compartimos la preocupación y el compromiso de promover un uso más humano y responsable de las redes sociales, favoreciendo espacios digitales que impulsen el crecimiento personal, las relaciones auténticas y el cuidado mutuo. 

7. Las enseñanzas de Jesús se encarnan en el día a día, y nos ayudan a reconocer una llamada común a acoger, proteger, promover e integrar, fomentando una política centrada en la persona. La fe nos ayuda a superar barreras ideológicas y sociales, favoreciendo una mirada más humana y reconciliadora, viendo al otro como hijo de Dios y por tanto buscando también su bien. Como cristianos no hemos de tener miedo de vivir nuestra fe en la vida privada y en la vida pública, sabiendo que Cristo nos recuerda que todos somos hijos de Dios, por lo cual podemos abrirnos a tender puentes entre individuos y grupos al recordar que hay personas siempre detrás de estos grupos. 

Debemos alzar la mirada hacia la realidad de los demás, esto nos permite descubrir sufrimientos ocultos, necesidades concretas y posibilidades de ayuda mutua

8. Se ha insistido en la necesidad de promover espacios seguros de encuentro y conversación donde sea posible escuchar, compartir experiencias que ayudan a superar la confrontación ideológica mediante el diálogo, el entendimiento mutuo y la búsqueda de objetivos compartidos orientados al bien común. Además, estos espacios ayudan a superar los prejuicios, pensando que sabemos ya cómo es el otro y lo que piensa. 

9. Necesitamos una pedagogía política basada en la realidad. La política no debería orientarse a la confrontación permanente, sino a la búsqueda del bien común y a la protección de los más vulnerables.  

10. No debemos encerrarnos en nuestras preocupaciones y en nuestros intereses. Debemos alzar la mirada hacia la realidad de los demás, esto nos permite descubrir sufrimientos ocultos, necesidades concretas y posibilidades de ayuda mutua. Los vínculos sociales nacen precisamente cuando dejamos de vivir como individuos aislados y comenzamos a reconocernos como miembros de una misma comunidad. 

La misión de la juventud es dar un paso adelante, siendo ejemplo y luz donde otros ven oscuridad, creando vínculos reales y mostrando la esperanza de la fe. Caminando juntos podemos construir "la mejor política", la más humana, la que busca siempre el buen común.

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