El autismo episcopal
El modelo de formación en seminarios aparta a los candidatos de las dinámicas comunes del mundo. A ello se suma una estructura estrictamente vertical y una tensión fundamental entre la misión que la Iglesia se asigna a sí misma y el ritmo de la modernidad, alejando…
En el debate público contemporáneo suele surgir una perplejidad recurrente ante la aparente desconexión con la que algunos miembros de la alta jerarquía católica perciben e interpretan los cambios sociales. Lo que a ojos del espectador común se percibe como un encierro en un universo propio, alienado de las tensiones cotidianas del ciudadano de a pie, responde en realidad a dinámicas institucionales, sociológicas y teológicas profundamente arraigadas a lo largo de los siglos. Esto no es raro, ya que el autismo tiene distintos grados y formas, y hoy muchos líderes mundiales tienen rasgos autistas.
Para comprender la brecha entre la jerarquía y la sociedad civil, diversos sociólogos y teólogos apuntan al concepto de "clericalismo", una cultura institucional centrada en el estatus autorreferencial del clero. Desde edades tempranas, el modelo de formación en seminarios aparta a los candidatos de las dinámicas comunes del mundo laboral, familiar y financiero. Este aislamiento progresivo moldea marcos conceptuales abstractos que priorizan la norma sobre la vivencia real de la gente.
A esta formación aislada se suma una estructura de gobernanza estrictamente vertical. A diferencia de las instituciones modernas basadas en la representatividad y la rendición de cuentas, el episcopado opera en un sistema cooptativo donde el laicado ejerce un rol meramente consultivo. Sin la necesidad de responder directamente ante las demandas directas de la comunidad, disminuye el incentivo para adaptar los discursos o cuestionar las formas tradicionales de autoridad.
Por otro lado, existe una tensión fundamental entre la misión que la Iglesia se asigna a sí misma y el ritmo de la modernidad. Desde la perspectiva episcopal, el obispo es un custodio de "verdades eternas" inmutables, lo que choca frontalmente con una sociedad civil que avanza con rapidez en materia de diversidad, derechos individuales y dinámicas familiares. Al privilegiar la doctrina dogmática por encima de la experiencia empírica, el discurso eclesiástico termina utilizando códigos y lenguajes que la sociedad percibe como anacrónicos.
Incluso dentro de la propia institución, esta "autorreferencialidad" ha sido identificada como un problema central. El papa Francisco ha advertido en reiteradas ocasiones sobre el peligro de una Iglesia "enferma por encerrarse en sí misma", impulsando el concepto de sinodalidad —un modelo de mayor escucha y participación— para intentar desmantelar el clericalismo.
La distancia que proyectan ciertos sectores del episcopado no responde a una condición particular, sino a la inercia de un sistema diseñado para preservar la tradición, donde el aislamiento del entorno se ha convertido, paradójicamente, en un mecanismo de autoprotección institucional. Esto genera nuevas generaciones de obispos que parecen autistas.
