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Cambio de época (III): Desafíos

Algunos desafíos de este legado maravilloso y profético que nos dejó el papa Francisco, en este aporte acerca de la necesidad de ser Iglesia viva y encarnada, sinodal y Pueblo de Dios en verdad

Papa Francisco

En este aporte acerca de la necesidad de ser Iglesia viva y encarnada, sinodal y Pueblo de Dios en verdad y no un compendio de doctrinas etéreas, mandatos indiscutibles y exigencias sin sentido, ignorando el Evangelio de Jesús, piedra angular de nuestra fe, luego de las entregas anteriores pretendemos ahora exponer a modo ilustrativo algunos desafíos de este legado maravilloso y profético que nos dejó el papa Francisco.

Decíamos que la expresión del título es toda una fotografía de la realidad que se hace necesario abordar a la hora de prolongar aquella invitación del Señor: ser levadura en la masa, luz que no se oculta, samaritano que detiene su camino, hijo atorrante que decide volver a un padre que está siempre esperando con los brazos abiertos sin preguntar demasiado, patrón que da trabajo hasta última hora y paga lo que es justo.

A reconocer como realidad que estamos en un cambio de época, mal que nos pese, es a lo que invita Francisco, no sólo en Evangelii Gaudium, donde utiliza por primera vez la expresión, sino también en un clarísimo discurso dirigido y apremiante para la curia vaticana, que es toda una muestra de su intención.

Aunque suene atrevido, esta expresión del papa podría proponerse como un cristal desde donde entender y encarar el mundo presente y el magisterio de estos años a la luz de la tradición.

Cambio de época

Este cambio de época -sugiere Francisco- exige una mirada nueva sobre el modo de ser Iglesia y el modo de ser cristianos: En salida, hospital de campaña, más gestos que discursos, con el servicio como esencia, indudable y necesariamente sinodal, dócil al Espíritu Santo y sobre todo Pueblo de Dios, donde todos nos diferenciamos solamente en el modo de servir según el carisma y no en prerrogativas de títulos pseudo nobiliarios e inexistentes derechos adquiridos.

Liderar no es mandar para que otros obedezcan. Es pastorear, orientar, no perder el centro y hacerlo participativamente y discerniendo lo mejor para todos, especialmente para los más desfavorecidos, pobres y descartados por los modos globales, desintegradores e inhumanos de esta nueva época.

A propósito, me atrevo aquí a sugerir la lectura de una columna publicada en Religión Digital en julio de 2023 cuya única intención fue contextualizar quiénes somos los que somos hoy (“Hijos del Vaticano II, educados en Trento”).

En esta oportunidad solo propondremos dos disparadores entre muchos otros que hoy se ven, y otros tantos que se verán en el futuro, a modo de desafíos personales y también comunitarios.

Obsecuencia

La clericalización fue insistentemente marcada por Francisco -y lo es por el papa León- como uno de los venenos más poderosos que matan la misión anunciadora de la Iglesia.

En nuestra cultura es permanente asistir a actitudes obsecuentes con aquellos que detentan o aparentan detentar más poder.

Las personas se respetan siempre. Y todas. Nadie por ser papa, cardenal, obispo, cura, diácono, religioso, teólogo, docente, escritor tiene merecido ser más respetado que el último mendigo.

Nuestra dignidad nace de ser creados por Dios. Y la de cristianos por el bautismo.

El verdadero respeto nace del testimonio de servicio, no de los títulos inertes que hoy están y mañana se olvidan.

Asusta ver sonrisas complacientes, inclinaciones de cuerpo, exageradas actitudes de servilismo a algunos que caminan, miran y se lucen como próceres por el sólo hecho de ocupar un espacio de autoridad cuando en realidad ésta consiste en el servicio.

El poder pone en juego la propia dignidad.

Hay que respetar a todos, a un obispo, a un cardenal, a todos… pero porque desarrollan su ministerio sirviendo, no pavoneándose ridículamente.

Es imposible acercarse a estos adefesios para sugerir lo mínimo. Parecería ser ofensa grave ensayar una opinión a tantos que se muestran como dueños absolutos de la verdad y de la voluntad de los demás. Allí nacen muchos de los abusos y de los abusadores: de conciencia, de espíritu y también sexuales.

Actúan como actúan “porque pueden”, en lugar de porque sirven según su estado.

Poder

Estos fenómenos anticristianos, dice Francisco, se deben a la “existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedor en algunas de nuestras parroquias y comunidades (también diocesanas, agrego) … hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización” (EG 63).

Enseñar a pensar y estar abiertos siempre a la opinión de los demás, de todos los demás, por eso “se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores” (EG 64).

“Hoy se puede advertir en muchos agentes pastorales –dice Francisco- incluso en personas consagradas, una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distención, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida (…) pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor, tres males que se alimentan entre sí” (EG 78).

Esto de haber sido educados en Trento –no porque Trento haya sido malo sino porque transcurrieron cinco siglos y el mundo cambió notablemente- hace que haya resistencias a esta nueva época, a esta nueva realidad, a este desafío, más que nuevo, necesario para estar a la altura de las circunstancias.

Globalización incompleta

Se han naturalizado notablemente y continúan ese proceso, modalidades que en nombre de la globalización, la tecnología y la eficiencia, no sólo profundizan la individualización enfermante sino que excluyen a no pocos a lo largo y ancho del mundo.

La exigencia del manejo de nuevas herramientas informáticas y tecnológicas se está ampliando de tal manera que se ha llegado a que sea el único modo de acceder… ¡a todo!

Trámites, acceso a aprendizajes, interacción y otros aspectos sólo pueden ser realizados si se manejan métodos y herramientas tecnológicos e informáticos de determinadas y específicas características: condición sine qua non.

Muchas personas en el mundo, sobre todo de las generaciones más grandes se descubren impotente e inexorablemente por fuera del nuevo sistema mundial.

Lo grave no es esto, sino que se presenta como el ÚNICO modo de acceder, excluyendo sin piedad a quienes no tienen recursos para aprender.

Esta es una globalización incompleta, que miente cuando dice que el mundo ahora es así y que no hay otro modo. Allí hay una contradicción.

Y allí está el problema: No hay alternativas. Y eso no es avanzar. Eso es otro modo de exclusión, de marginación, de descarte.

Quizás uno de los modos más peligrosos de perder el horizonte del anuncio sea el mantenerse estáticos en las zonas de confort personales e institucionales.

León XIV está enseñando con su accionar que no sólo se trata de trabajar por la paz, sino también de condenar la guerra, de denunciar los intereses personales y espurios de poder insano, de poner en evidencia que con respeto y sin obsecuencia es posible exponer los caminos del bien común, es decir aquel que no ofrece un solo camino sino que abre posibilidades para todos. 

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