Hazte socio/a
Última hora
'Regularización Ya'... por fin

Carta abierta al futuro presidente de Chile

El cardenal de Santiago de Chile, Fernando Chomalí, escribe una carta abierta José Antonio Kast. Migraciones, educación, pobreza y equidad, ejes de los 'sueños' de Gobierno

Kast, en un acto organizado por Vox | EFE

Las elecciones pasaron, el gabinete ha sido anunciado, y en pocas semanas más asumirá la presidencia de la república don José Antonio Kast R. Ha sido un tiempo donde la democracia se ha mostrado esplendorosa y el Estado de Derecho ha hecho gala de muy buena salud. Estos hechos auspiciosos para Chile se dan en un contexto de grandes desafíos sociales, económicos y culturales en Chile y el mundo que requieren de mucha sabiduría. Algunos son inmediatos, otros a mediano plazo y otros de más largo aliento, pero no por ello menos importantes. Desde la mirada que me es propia, como arzobispo, quisiera esbozar algunos elementos que me parecen relevantes para el país.

En mi opinión, y de acuerdo a mi experiencia pastoral en colegios tanto privados, como subvencionados y públicos, lo primero que debiese promover el nuevo mandatario es una educación gratuita y de calidad para quienes lo requieran. Ello implica profesores y directores de excelencia. Para ello hay que reivindicar la labor del profesor como la más excelsa de todas las profesiones. Hoy muchos niños pasan más tiempo con ellos que con sus propios padres, están carentes de referentes morales y sobre todo de amor. Los jóvenes se quejan de que están muy solos y, muchos de ellos, no tienen con quien conversar. Los efectos de estas experiencias, sumado a las largas horas que pasan frente a las pantallas, recibiendo todo tipo de estímulos, son devastadores.

Cardenal Chomali recibiendo a los estudiantes

En lo propiamente educativo, el círculo vicioso de la pobreza se vence con educación, la que hoy es claramente desigual en calidad. Los resultados de la PAES lo confirman cada año. El sistema educacional chileno perpetúa la pobreza, mata los sueños de los jóvenes y empobrece los dones, talentos y habilidades que poseen. El sistema felicita una y otra vez a quienes han obtenido buenos puntajes y han ingresado a la carrera que querían, pero olvidan a quienes una y otra vez sienten el peso de puntajes insuficientes para cumplir sus sueños. Estas brechas se dan también con fuerza en el área de la salud donde hay largas listas de espera de personas que requieren atención médica. Muchas de ellas mueren esperando. No corren la misma suerte quienes disponen de recursos económicos para ir al mundo privado. Ello es muy doloroso toda vez que ser cuidado de manera oportuna es un derecho de todo ser humano, en virtud de la dignidad que le es propia.

Lo segundo es promover mayor equidad y justicia para disminuir la brecha cada vez más abismante entre los chilenos. Si bien es cierto que Chile ha crecido en estas últimas décadas y la pobreza ha disminuido, aún son muchos los compatriotas sumidos en la pobreza con dificultades para vivir dignamente. Para ello, el Estado debe asumir un rol más activo en la promoción de las pequeñas y medianas empresas y en la capacitación en todos los niveles, pues la formación es clave para acceder a mejores empleos y, con ello, a mejores ingresos. Un rol subsidiario es fundamental en aquellas zonas más apartadas y más golpeadas por la pobreza. La inmensa mayoría de los chilenos trabajan en pequeñas y medianas empresas. Hacia ellas debe haber una especial consideración. Chile requiere más empresas que generen bienes y servicios para las personas, y menos especulación. Poner al centro de las políticas públicas al trabajador y su familia será fundamental, especialmente frente a una tendencia cada vez más difundida que lo concibe sólo como una mera fuerza laboral. El nivel de frustración, el estrés y las enfermedades mentales asociadas a esta problemática, es alto. La tendencia cada vez más común de desvalorizar los feriados por festividades religiosas es una muestra más de cómo el crecimiento económico se valora más que el espiritual, humano y familiar. Esa tendencia daña el tejido social y menosprecia una de las fortalezas más grande que tiene Chile, su religiosidad.

Dar claras muestras de apoyo a la familia es una política pública que nos urge en Chile. Cada hijo debe ser acogido, querido y no un peso frente a la incertidumbre respecto del futuro

Lo tercero es mirar con mayor detención las políticas públicas en materia demográfica. Creo que este será el gran tema en Chile en los próximos veinte años. Ello exige promover la familia, como el núcleo de la sociedad y la gran educadora de las futuras generaciones. En Chile, los jóvenes valoran por sobre todo la familia, y lo que más les duele es su quiebre y su inestabilidad. Ellos están temerosos frente al futuro porque ven muy lejano el sueño de la casa propia, la estabilidad económica y garantizar una vida digna a su familia. La desesperanza se ha enquistado en la sociedad chilena y ello es motivo de análisis y preocupación. Las políticas públicas no pueden quedar al margen de este sentimiento que solo genera más desesperanza y perpetúa un pesimismo que no ayuda para construir una sociedad libre y próspera. Dar claras muestras de apoyo a la familia es una política pública que nos urge en Chile. Cada hijo debe ser acogido, querido y no un peso frente a la incertidumbre respecto del futuro. Si en algo la Iglesia quiere ayudar es a generar una gran corriente de esperanza en la sociedad chilena, movidos por la convicción de la presencia de Dios en la historia humana.

Otro tema relevante son las políticas migratorias. Con las actuales tasas de natalidad y el aumento de la esperanza de vida, Chile no tendrá posibilidades de valerse por sí mismo para proveer algunos servicios. Es por ello que debemos generar una política migratoria que permita que quienes lleguen a Chile cuenten con una ciudadanía de primera clase. Además, el aporte que realizan en nuestro país es evidente en muchos ámbitos de la vida en sociedad. El desarrollo económico que se quiere promover en Chile para que los chilenos sean más prósperos y se les asegure un futuro mejor exige la presencia y la colaboración de los migrantes avecindados en Chile, cuya contribución es innegable y que en honor a la justicia hemos de reconocer.

Obispos chilenos marcan la cancha a la derecha radical que asumirá el Gobierno

En el ámbito del nuevo contexto social y comunicacional que se vive será muy relevante promover en todas las personas un profundo sentido de solidaridad. De no vivir esa experiencia a la que se llega de manera admirable a través de la fe, tendremos un gran crecimiento económico, pero nos hallaremos cada vez más solos y será cada vez más difícil encontrarle sentido a la vida. Es importante recordar que todos los estudios sociológicos apuntan a que el drama de la soledad es un fenómeno extendido entre los jóvenes, los adultos mayores y las mujeres. Sin embargo, pese al individualismo y a la globalización de la indiferencia, lo que hoy estamos viviendo tras los incendios en el sur de Chile nos recuerda que las personas siguen respondiendo con generosidad y entrega. Sin esa experiencia, que la fe ayuda a cultivar, el crecimiento económico pierde sentido, y la soledad, que ya afecta gravemente a jóvenes, adultos mayores y mujeres, se vuelve cada vez más profunda. Es notable apreciar como todo un país se levanta para ir en ayuda de los damnificados. Allí se percibe una sociedad con sólidas raíces cristianas que tiene como fundamento el amor a Dios y al prójimo como máxima expresión de fe.

Al electo presidente de la República y a todos sus colaboradores más cercanos, les deseo lo mejor y espero, por cierto, que gobierne pensando siempre en el más débil, en el más desvalido, empezando por el niño que está por nacer y el enfermo terminal, así como por los migrantes, los encarcelados y enfermos que claman por una atención oportuna. La tarea es ardua, pero los chilenos aman la democracia, son nobles de corazón y esperan para ellos y sus familias lograr, por sus propios medios, una vida mejor. Hoy más que nunca, porque la falta de seguridad en las calles es la preocupación más relevante de los chilenos, se requiere del Estado comprensión y apoyo, comenzando por poder salir tranquilos a trabajar y educar a sus hijos de tal manera que su futuro sea promisorio. Una mano firme contra la delincuencia y el crimen organizado, sumado a adecuadas políticas públicas de educación desde la niñez son la garantía de un futuro prometedor.

Sin duda que su clara, pública y abierta devoción familiar a la Virgen María será un elemento fundamental durante su mandato. Las palabras de ella a los discípulos de Jesús, en las bodas de Caná “hagan lo que Él les diga” serán un gran apoyo a la hora de tomar decisiones complejas. Por último, siempre contará con el apoyo de la Iglesia en todo lo que sea justo, bueno y verdadero. Si bien existe separación entre la Iglesia y el Estado, la Iglesia ha demostrado en múltiples oportunidades que, ante las circunstancias que depara la vida del país, ha estado siempre dispuesta a colaborar. La visión del hombre, de la mujer y de la sociedad que brota del Evangelio es una luz segura para iluminar todo camino hacia el bien y la prosperidad que todo ser humano anhela, en un contexto de justicia y fraternidad.

También te puede interesar

Lo último

Comentario a las lecturas bíblicas del 4to domingo "A"

Jesús propone una vida nueva para los suyos