¿España cristiana, no musulmana?
"¡Qué peligrosos son los eslóganes! Se convierten en pensamientos importados, sin pasar por la criba racional de la conciencia personal. ¿Han reflexionado, los que corean este eslogan, qué lleva consigo el ser cristiano o el ser español?"
¡Qué peligrosos son los eslóganes! Se convierten en pensamientos importados, sin pasar por la criba racional de la conciencia personal. ¿Han reflexionado, los que corean este eslogan, qué lleva consigo el ser cristiano o el ser español?
Detrás del: “España cristiana, no musulmana” se esconde una concepción de lo que es ser español, cristiano o musulmán, que se introduce irracional y peligrosamente en nuestro subconsciente individual y colectivo, un subconsciente que impulsa nuestras conductas, sin control de la conciencia, y puede generar violencias instintivas o autodestructivas.
Cuando se recurre a lo identitario para emocionarnos y dirigir nuestras acciones, algo grave está sucediendo y las consecuencias son peligrosas. Los tiempos de crisis, los cambios de época o las inseguridades son caldo de cultivo para que esto se pueda dar.
Lo religioso y lo patriótico tienen que ser algo más que un sentimiento. Sentimiento y razón crítica tienen que ir de la mano. Cuando a la vez que el sombrero me quito la cabeza en señal de reverencia para adorar a Dios o a la Patria, estoy equivocándome; eso no es respeto ni reverencia. Cuando lo religioso se convierte en un eslogan, puede degenerar en conductas violentas hacia los otros o en autolesiones.
El momento político y religioso que estamos viviendo tiene graves riesgos. Lo que llamamos polarización tiene mucho que ver con esto. Aunque lo político y lo religioso tienen mucha relación en sus mecanismos profundos, ahora quiero fijarme en el aspecto religioso.
Sin duda vivimos una época de crisis en el campo de lo religioso: secularización creciente, perdida de prestigio social de la iglesia, cambios profundos en nuestra manera de vivir la fe, nueva conciencia del papel de la mujer en la iglesia, caída del nacionalcatolicismo y otras muchas transformaciones que se han dado en los últimos sesenta años.
Ante esto podemos acentuar lo identitario, intentar hacernos fuertes para no diluirnos o, por el contrario, ser levadura en la masa y diluirnos como la sal que se deshace y da sabor. Creo que a nivel general, en la Iglesia, optamos por lo identitario y queremos hacernos notar hasta en el vestir del clero. Aunque, también, está presente, en personas individuales y comunidades cristianas, la otra opción.
¿El cristiano debe ser levadura y sal o presencia identitaria frente a los distintos? En un viaje recorriendo los caminos de Pablo de Tarso, precisamente en el pueblo donde nació, vivimos una experiencia gratificante de tres religiosas; eran las únicas cristianas del pueblo, el contacto con ellas y escuchar sus palabras nos conmovió a todos, ellas nos transformaron y dieron sabor, hasta hacer asomar las lagrimas de algunos. ¿Qué hacían allí esas religiosas en un pueblo musulmán? Nada más ni nada menos que seguir a Jesús, hacerle presente con sus vidas, dar sabor y transformar la vida de muchas personas, principalmente mujeres, abriéndoles los ojos, poniendo en acción sus manos y ayudando a desarrollar una vida comunitaria con un mismo corazón. ¿Será eso trabajar para que venga a nosotros su Reino? Eran levadura y sal que se diluye. No es extraño que Javier Cercas haya escrito que la reforma de la Iglesia debe consistir en vivir como misioneros. Él vivió en Mongolia, cuando acompañó al Papa Francisco, esta forma de misión.
Desgraciadamente no es este el camino que hemos tomado la mayoría de los cristianos. Creemos que es importante tener poder y medios para defender y, a veces, imponer lo que llamamos cultura, que no vida, cristiana. Cuando al fanatismo lo cubrimos con el barniz de una mal llamada cultura cristiana, lo estamos haciendo más duradero, impermeable y peligroso.
El Concilio Vaticano II intentó acercarse al mundo como luz y a Jesús de Nazaret como buena noticia de gracia y salvación. ¿Qué pasó después? Pues que no arrastró a las masas hacia la Iglesia, se nos olvida que tampoco las arrastró Jesús, y vinieron los miedos y la mayoría de los esfuerzos se dedicaron a intentar crear una cultura cristiana enfrentada a lo que llamaron peligroso laicismo y se potenciaron los nuevos movimientos de iglesia que intentaron ser fuertes para que la Iglesia no se diluyese. Cuanto más fuerte y menos diluida mejor, parecían pensar.
Cuando al fanatismo lo cubrimos con el barniz de una mal llamada cultura cristiana, lo estamos haciendo más duradero, impermeable y peligroso
Giussani, el fundador de Comunión y Liberación, uno de los movimientos más influyentes en marcar la línea de la Iglesia en esos momentos y en potenciar una cultura cristiana, nos decía en una entrevista realizada por Robi Ronza lo siguiente: “nuestra crítica se dirige igualmente a todas las culturas no cristianas e irreligiosas contemporáneas y, por consiguiente, tanto al liberalismo como al marxismo” (El Movimiento de Comunión y Liberación. Una entrevista en dos tiempos. Ed. Encuentro. Madrid 1990, página 84)
¿En manos de quienes están los medios de comunicación de la Iglesia o los responsables de cada diócesis?, ¿buscan que los cristianos sean levadura que se mezcla y hace fermentar la masa o sal que se diluye y da sabor o, por el contrario, están más ocupados en reafirmar nuestra presencia que no quiere diluirse?
¿Por qué, hoy en día, usamos tanto, para reforzar nuestra fe, la adoración al Santísimo, sobre todo con los jóvenes, y dedicamos pocos esfuerzos a que vivan la verdadera Eucaristía, la Fracción del Pan como encuentro con Jesús que se da y con la comunidad de sus seguidores que se sienten hermanos? Quizás hemos olvidado que la celebración de la Eucaristía, no simplemente oír misa, debe ser el centro de la vida cristiana y que la Adoración al Santísimo es una devoción que surge en el siglo XIII como acción de gracias del rey francés Luis VII por haber logrado la victoria contra los albigenses. Exhibir y adorar al Santísimo para celebrar la victoria y la muerte de los enemigos, aunque sean de la Iglesia, no me parece un buen comienzo para esta devoción.
¡Cuidado con confundir el barniz cristiano de las palabras con ser seguidores de Jesús, el Cristo!
“El España cristiana y no musulmana”, que gritaban hace unos días en un campo de futbol o el “ Que te bote Chapote” que algunos jóvenes cristianos españoles repetían, como un eslogan, en Lisboa con motivo de la visita del Papa, vemos claramente una reafirmación violenta contra el otro. Esto no se promueve directamente por la Iglesia; pero hay un humus en sus planteamientos pastorales que favorecen estas respuestas. Hay un dicho muy certero: “de aquellos polvos, estos lodos. ¡Cuidado con confundir el barniz cristiano de las palabras con ser seguidores de Jesús, el Cristo!
Alimentar los sentimientos, sin añadir el discernimiento racional y la voluntad de un seguimiento comprometido con lo que fue la vida de Jesús, es algo que hace inauténtica nuestra vida cristiana. Así parece haberlo entendido, al fin, la Conferencia Episcopal Española con un documento de Doctrina de la Fe titulado: “Cor ad cor loquitur” (el corazón habla al corazón). En esta nota doctrinal se habla del posible reduccionismo emotivista (nº 4) que puede llevar a una manipulación e incluso abusos (nº 10).
Ojalá no se quede en el papel y se vaya actuando en consecuencia. La apuesta de las estructuras eclesiales es, con excesiva frecuencia, colaborar con aquellos partidos políticos que, al menos de palabra, mantienen un barniz cultural cristiano. Se hace más caso a la ortodoxia de los planteamientos ideológicos que al considerar si la praxis social responde o no al estilo de vida cristiana que plantea el evangelio.
