Hakuna: El modelo de negocio detrás del fenómeno del pop católico
"La iglesia no ha visitado fraternamente este movimiento emotivo, que silencia la razón, que apela a las emociones intensas y genera una extraña vida interior (...). Lo que a simple vista parece un mero fenómeno musical e intelectual entre la juventud universitaria y profesional, oculta una estructura financiera diversificada, profesionalizada y autosostenible que desafía los métodos tradicionales de financiación de la Iglesia"
En una sociedad crecientemente secularizada donde el porcentaje de jóvenes católicos practicantes se sitúa en mínimos históricos, un movimiento laical ha logrado romper todos los esquemas: Hakuna. Con convocatorias masivas que llenan recintos de la talla del WiZink Center de Madrid o la Plaza de Cibeles, la iniciativa creada por el sacerdote José Pedro Manglano ha pasado de ser un grupo parroquial a convertirse en una sólida maquinaria económica y organizativa. Lo que a simple vista parece un mero fenómeno musical e intelectual entre la juventud universitaria y profesional, oculta una estructura financiera diversificada, profesionalizada y autosostenible que desafía los métodos tradicionales de financiación de la Iglesia.
El motor de Hakuna radica en un organigrama que combina hábilmente el derecho canónico con el derecho mercantil privado. Su engranaje se sostiene sobre una triple estructura organizativa que abarca la Asociación Privada de Fieles(que articula los grupos pastorales dentro de la Iglesia), Hakuna Group Music (su cara más visible y comercial) y la Fundación Hakuna Revolution. Esta última, registrada como entidad sin ánimo de lucro, constituye el brazo legal, contable y ejecutivo del movimiento fuera del ámbito eclesiástico. Se gestiona de manera profesional desde su sede central en Las Rozas (Madrid) a través de un equipo de jóvenes cualificados que dirigen áreas como finanzas, e-commerce, comunicación y su academia Soul College.
A diferencia de otras entidades o delegaciones diocesanas, la Fundación Hakuna Revolution no depende de la asignación tributaria o presupuestaria directa de la Conferencia Episcopal. Su modelo de ingresos se sostiene sobre varios pilares estratégicos fuertemente diversificados. Por un lado, destaca la monetización musical de Hakuna Group Music a través de conciertos multitudinarios sold-out y los royalties en plataformas de streaming como Spotify, Apple Music o TikTok, con temas como Huracán. Por otro lado, generan ingresos constantes mediante la venta online de ropa y accesorios corporativos adaptados a la estética juvenil (behakuna), las matrículas de la academia Soul College, el cobro de inscripciones en retiros espirituales (God Stops, Soul Week) y las donaciones privadas coordinadas por un Patronato integrado por empresarios y banqueros.
El verdadero hallazgo de Hakuna no es únicamente financiero, sino cultural y comunicativo. Mediante una clara estrategia de rebranding, el movimiento ha sabido empaquetar la experiencia religiosa tradicional con la estética del bienestar personal (holistic wellbeing), el uso del lenguaje juvenil y el consumo de ocio moderno. Propuestas como los Revolcaderos (grupos de debate) o la Soul Weekentrelazan el mensaje católico con dinámicas de la psicología positiva y la autoayuda. Esta fórmula permite conectar especialmente con un perfil socioeconómico de clase media-alta, cosmopolita y digitalizado, capaz de financiar sus propios viajes internacionales (Hakuna AllMeeting) y consumir activamente sus productos de marca.
La pregunta final radica, la intencionalidad ultima de Hakuna es económica y financiera o evangelizadora. Mas cuando existe un mecanismo muy bien diseñado desde el marketing para posicionar al movimiento como una “marca” religiosa. Es llamativo que la asociación privada de fieles es muy pequeña y las fundaciones que la rodean son las que verdaderamente manejan el negocio multimillonario.
El movimiento es plausible de muchas críticas por el estilo de gestión y la enorme riqueza que ha acumulado estos años. Es llamativo que es criticado por izquierdas y derechas y aun la iglesia no ha visitado fraternamente este movimiento emotivo, que silencia la razón, que apela a las emociones intensas y genera una extraña vida interior.
