Herencia española en USA, antes e inmediatamente después de su independencia: Padre Eusebio Francisco Kino, S.J.
El pasado 4 de julio, 250 aniversario de la Independencia de Los Estados Unidos de América (Usamérica de aquí en adelante), Religión Digital publicó un artículo mío con el título que aparece arriba y que va a servir como introducción a una serie de monografías sobre personas o sucesos que son parte de esa Herencia y que se publicarán a lo largo del año. Serán trabajos puramente divulgativos, con la esperanza que a más de un lector le resulten como un ‘aperitivo’ que le lleve a investigar más profundamente sobre la persona o el suceso tratado en este medio. La primera de estas monografías va dedicada a un personaje bastante ignorado, más en nuestra propia historia que en la de Usamérica.
En el Capitolio de la capital, Washington, está el Hall de Estatuas en el que cada uno de los cincuenta estados de la Unión tiene dos dedicadas a los hombres o mujeres que considera más importantes en la historia estatal. Resulta interesante constatar que tres de ellas representan a otros tantos sacerdotes católicos: san Damián de Molokai o de los Leprosos, por Hawaii; san Junípero Serra, por California; y el P. Eusebio Kino, por Arizona. Otra estatua, por el estado de Washington, representa a la religiosa Madre Joseph Pariseau. Además, el estado de Maryland ha elegido como uno de sus ‘héroes’ para dedicarle una de las dos estatuas a Charles Caroll de Carrolton, el único católico firmante de la Declaración de Independencia. Cinco entre 100 es un porcentaje nada despreciable tratándose de un país con un pasado anticatólico considerable hasta no hace tanto tiempo.
Hoy dedicamos este artículo a uno de los cinco famosos: el jesuita PADRE EUSEBIO FRANCISCO CHINI, más conocido como Kino, debido a la transliteración de su nombre al español, y a quien se le aplicó el honroso título de El Apóstol de la Pimería, o sea la zona norte de los estados mexicanos de Sinaloa y Sonora y gran parte de lo que hoy es el estado usamericano de Arizona.
Cierto que el Padre Kino no nació en España, razón quizás por la que no es muy conocido en nuestro país, pero toda su formidable obra misionera, científica y literaria la desarrolló en tierras que en aquel tiempo eran españolas y usando como lengua el español.
Eusebio Chini (también conocido como Eusebius Kühn (o Kuehn) nació el 10 de agosto de 1645 en Pedraia, un pueblecito de las montañas del Tirol que era parte del principado episcopal de Trento, en aquel tiempo parte del Sacro Imperio Romano. Hoy esa zona es parte de Italia, pero recordemos que en 1645 Italia no existía todavía como tal.
Desde muy pequeño demostró ser muy inteligente, lo que motivó a sus padres a enviarle a los colegios de los jesuitas de Trento y más tarde al de Hall, cerca de Innsbruck en Austria, donde se distinguió por su gran capacidad intelectual, especialmente para las ciencias. Sufrió una grave enfermedad durante la cual se encomendó a san Francisco Javier, prometiendo hacerse jesuita, si sanaba, como ocurrió. A raíz de ese momento, añadió a su nombre de pila el del gran misionero jesuita navarro, pasando a ser conocido como Eusebio Francisco. A los 20 años solicitó su entrada en la Compañía de Jesús, siendo aceptado. Fue ordenado sacerdote en 1676, ofreciéndosele inmediatamente puestos de importancia para enseñar matemáticas en universidades de prestigio. Sin embargo, ya antes de su ordenación había indicado a sus superiores su deseo de ser enviado a China tras los años de formación, sin duda animado por los avances misionales y científicos que desde 1601 habían desarrollado en la corte imperial china el italiano Padre Mateo Ricci y el español Diego de Pantoja, ambos jesuitas. Por desgracia para él, y suerte para España, cuando llegó el momento de asignar destinos, solamente había dos posibilidades abiertas, Filipinas y México. Se echó a suertes y a Kino le tocó la segunda.
Acompañado por otros 18 jesuitas, en junio de 1678 embarcó en Génova rumbo a Cádiz, con intención de unirse a la flota española que levaría anclas el 13 de julio rumbo a América. Por equivocación, posiblemente debido a problemas meteorológicos, el barco genovés acabó en Ceuta y, cuando, una vez descubierto el desaguisado llegaron a Cádiz, la flota española acababa de partir. Los jesuitas tuvieron que esperar dos años para proseguir su viaje, lo que les dio la oportunidad de aprender bien el español. Finalmente, en julio de 1680 zarparon en el galeón Nazareno rumbo a México, con tan mala suerte que, a poco de haber levado anclas, el barco encalló en un banco de arena y acabó completamente destrozado. Esto obligó a Kino y sus compañeros a esperar otros seis meses en la Tacita de Plata, tiempo que nuestro héroe dedicó a estudiar un gran cometa que en 1680 se acercó a nuestro planeta y sobre cuyas observaciones publicó poco después un estudio. Finalmente el grupo pudo embarcar de nuevo, llegando a Veracruz en mayo de 1681 y el 1 de junio a la Ciudad de México, capital del Virreinato español de la Nueva España.
Tras dos años de preparación en la capital, el 17 de enero de 1683 y desde el puerto de San Blas, en Chacalá (en el hoy estado de Nayarit) embarcó rumbo a la península de Baja California, todavía considerada una isla en aquel tiempo. La península ya había sido visitada antes desde los tiempos de Hernán Cortés, pero sin éxito, debido, sobre todo a la beligerancia de los nativos. La expedición en que participaba Kino estaba dirigida por el almirante Isidro de Atondo y desembarcó en La Paz, Baja California, el año mencionado, si bien fue abandonada en 1685 debido al acoso a que continuamente los sometían los indios. Esta retirada a ‘tierra firme’ se llevó a cabo contra la opinión de Kino, que, en muy poco tempo, había tenido un gran éxito en su labor misionera. Además, como le ocurrió muchas veces en su labor posterior, no estaba de acuerdo en la forma como se intentaba llevar adelante la expedición, especialmente por el mal trato dado a los nativos, lo que le llevó a defenderlos ante los oficiales militares, que no estaban de acuerdo con él. Aparte su labor misional, encontró tiempo para escribir una Exposición astronómica, como crítica a la obra Manifiesto filosófico escrita por Carlos de Sigüenza en 1681, que, a su vez, respondió a Kino en su Libro Astronómico publicado en 1690 en el que rebatía al jesuita usando conocimientos científicos de los que Kino no disponía.
Ese mismo año de 1683, en el otoño, el mismo almirante De Atondo organizó una nueva expedición, de la que, nuevamente, Kino y algunos otros jesuitas formaban parte. A primeros de 1684, y tras muchas dificultades, los expedicionarios, llegaron a la costa oeste de la península, al océano que Núñez de Balboa había ‘bautizado’ como Mar del Sur el 25 de noviembre de 1513, fecha en que un europeo lo vio por primera vez, aunque dicho nombre lo había cambiado al de Pacífico Fernando de Magallanes el 28 de noviembre de 1520 al conseguir pasar a él desde el Atlántico a través del estrecho que lleva su nombre. El sueño de Kino era establecer una cadena de misiones en esa costa oeste de la Baja California, y de hecho se le considera fundador de tres, la de San Bruno, San José de Comondú y San Juan Bautista de Londó. Su informe sobre este tema al virrey Tomás de la Cerda originó la creación de una Junta de la que formó parte Kino. La Junta solicitó de la Compañía de Jesús que se encargase del proyecto, pero la Compañía lo rechazó, con lo que Kino y sus compañeros se vieron obligados a replegarse a Sinaloa. Con esto quedaba olvidado el sueño de nuestro héroe de evangelizar la costa oeste de la Baja California y comenzaba lo que sería su gran servicio a la Iglesia y a la Corona española. No obstante, misionar en la Baja California fue siempre uno de sus sueños, inclusive cuando, no mucho después, estuviese trabajando incansablemente en lo que iba a ser su principal campo de acción. Fue él quien a lo largo de sus viajes, logró probar que la Baja Caljfornia no era una isla, sino una península.
Se conocía como Pimería Alta lo que hoy día es el norte mexicano de Sonora y el sur de la actual Arizona usamericana. Y hacia esas tierras se encaminó Kino que, escarmentado de lo que había sido testigo en la Baja California, impuso condiciones: “Yo voy con la mejor fe del mundo a hacerles el bien a esos bárbaros de la Pimería Alta, incluso me he obligado a dar mi vida por ellos; por eso, no quiero allí atrocidades y crueldades con mis indígenas. Nada de encomenderos hipócritas que, bajo el pretexto de adoctrinar a los indios, los esclavizan. No quiero que la Pimería se convierta en otro Santo Domingo en donde, según fray Bartolomé de las Casas, los conquistadores arrasaron y aniquilaron a todos los nativos, de modo que los que vienen a esta isla pueden preguntar si los indios eran blancos o prietos”. Y así consiguió que el superior provincial jesuita, Manuel González, que estaba muy al día de los extraordinarios dones de Kino, le concediera el permiso de misionar en el inmenso territorio en el que este dejaría una impronta sumamente importante hasta el día de hoy y que le valió ser conocido como Apostol de la Pimería Alta.
Desde 1687, año en que llegó a Sonora, hasta 1711, fecha de su muerte, el P. Kino, caminando a pie o a caballo, exploró incansablemente un territorio mayor que la mitad de España. Se calcula que recorrió a caballo más de 30.000 kms. Un amigo pintor criollo mexicano residente en la capital del virreinato le había regalado un cuadro de Nuestra Señora de los Dolores, que Kino llevó consigo y lo depositó en la que sería su primera misión en la Pimería Alta: Nuestra Señora de los Dolores a los orillas del río San Miguel de Horcasitas, (que se consideraba como la frontera norte de los territorios visitados por los españoles) a la que seguirían las de San Ignacio de Cabórica y San José de Imuris. Estas misiones no solo eran centro de catequesis, sino que fueron verdaderos reductos en los que los indios aprendieron a vivir ‘urbanamente’, abandonando sus costumbres nómadas y aprendiendo en ellas oficios que les permitían vivir de su trabajo, además de también aprender a leer y a escribir y a conocer el catecismo.
También se encargó Kino de traer a su nuevo campo de acción vacas, caballos y ovejas para iniciar a sus indios en el manejo de estos animales. Naturalmente, tanto Kino como sus compañeros de misión, llevaban adelante este ingente trabajo comunicándose con sus indios en las lenguas de estos. De hecho, el Padre Kino escribió gramáticas de varias de estas lenguas para ayudar a otros misioneros a aprenderlas. Esta dedicación y defensa de los nativos, como les ocurrió a otros muchos misioneros en otras parte de los territorios ‘conquistados’, les enfrentó a menudo con las autoridades civiles, propensas a mirar hacia otro lado cuando Kino y otros llamaban a su atención los abusos de algunos de los soldados y de los encomenderos. Debido a esto, y en más de una ocasión, Kino se vio precisado a actuar como pacificador entre españoles e indios, que, para librarse de la opresión a que eran a veces sometidos, iniciaron guerras muy sangrientas.
Eusebio Kino fue el primer europeo en visitar partes de México y de la actual Usamérica de las que solo se tenían referencias a través de las tribus indígenas contactadas. En 1694 visitó lo que él llamó La Casa Grande de Arizona, que es como hoy se la conoce: una serie de edificios del siglo XIV que hoy día es uno de los sitios más visitados de ese estado y que, además de estar declarado como monumento nacional, es la primera reserva arqueológica de USA. Una de las misiones por él establecida, san Xavier del Bac (en honor del santo navarro) es de las más visitadas en la actualidad, si bien la construcción existente hoy no es la que Kino erigió aunque sí está en el mismo lugar. Debo añadir que algunas de las misiones por el fundadas se convirtieron a lo largo de los años en ciudades bien conocidas en la actualidad, como la de San Cosme del Tucson, hoy, con más de medio millón de habitantes, la segunda ciudad más grande de Arizona.
El Padre Eusebio Kino murió santamente el 15 de marzo de 1711 en el pueblo y misión por él fundado de Santa María Magdalena, hoy Magdalena de Kino, en Sonora, y allí fue sepultado. Por 250 años se desconoció el lugar exacto de su enterramiento. Finalmente, el 9 de mayo de 1966 sus restos fueron encontrados bajo la que era conocida como Plaza de Armas de Magdalena de Kino, siendo poco después trasladados al mausoleo que se le dedicó en el mismo lugar, que hoy se llama Plaza del Padre Kino. (La ciudad tiene tantos recuerdos históricos, gran parte de ellos relacionados con el Padre Kino, que es conocida como El Pueblo Mágico). Numerosos sitios geográficos, nombres de ciudades y pueblos, escuelas, bibliotecas, ¡y hasta un estadio en Magdalena de Kino!, tanto en Sonora como en Arizona, le están dedicados. También tiene erigidas varias estatuas en diferentes localidades. Finalmente, como se dice al principio, el estado de Arizona le eligió para ser recordado por una de las dos estatuas que honran a figuras prominentes de dicho estado en el Salón o Hall de Estatuas del Capitolio de los Estados Unidos en Washington.
Es de justicia mencionar que para muchos de estos trabajos contó con la ayuda de otros jesuitas; algunos de ellos, como el P. Juan María de Salvatierra, le fueron de gran apoyo. También debe mencionarse que los superiores generales de la Compañía de Jesús que ejercieron ese cargo durante las expediciones de Kino, le tuvieron en gran estima y que este, a pesar de la distancia y de las dificultades de la época en lo que a comunicaciones se refiere, mantuvo a esos generales informados de la labor que llevaba a cabo. En el Archivo General de la Compañía de Jesús se conservan 21 cartas enviadas por Kino. También es de justicia mencionar en estas líneas la ayuda de muchos oficiales y soldados españoles que le acompañaron a menudo en sus expediciones.
Su proceso de beatificación se inició en 2006 y el 11 de julio de 1020 el papa Francisco aprobó sus virtudes heroicas, lo que le convierte en este momento en Venerable Siervo de Dios. Esperemos que, no tardando mucho, podamos venerarlo como beato y santo.
Intentar seguir los pasos del P. Eugenio Kino exigiría no uno, sino varios libros, y muy voluminosos. Por suerte, tanto en México como en USA, existen muchas publicaciones sobre él. Como una simple comparación de su impacto como misionero y explorador, baste decir, entre otras cosas, que el otro gran misionero español por tierras usamericanas, el hoy san Junípero Serra, mucho más conocido que Kino, fundo 9 misiones en California entre 1769 y 1782, mientras que Kino erigió más de 20 ente 1683 y 1711, casi cien años antes. Y no olvidemos que, además de su labor misionera, supo combinarla con sus aficiones científicas. Aunque no sea más que como un pequeño recordatorio de su ingente labor, doy a continuación una lista de sus creaciones:
Misiones:
Nuestra Señora de Guadalupe, en Baja California, 1683.
San Bruno en Baja California, 1683.
San Juan de Comondú, Baja California, 1684
San Juan Bautista de Londo, Baja California, 1684.
Nuestra Señora de los Dolores, Sonora, 1687.
San Ignacio de Cabórica, Sonora, 1687.
San José de Himeris, Sonora, 1687
Santa María Magdalena, hoy Magdalena de Kino, Sonora, 1687, donde están sus restos.
Nuestra Señora del Pilar y Santiago, Sonora, 1689.
San Antonio de Padua de Oquitoa, Sonora, 1689.
San Pedro y san Pablo de Tubutama, Sonora, 1691.
San Cayetano de Tumacácori, Arizona, 1691.
Santos Ángeles de Guevarí, Arizona, 1691.
San José de Tumacacorí, Arizona, 1691.
Santa María de Suamca, Sonora, 1693.
San Marcelo de Xonoydag, Arizona, 1693.
Purísima Concepción de Caborca, Sonora, 1693
San Diego del Pitiquí, Sonora, 1694.
San Ambrosio de Busanic, Sonora, 1694.
Nuestra Señora de los Remedios, Sonora, 1695.
Santa Getrudis del Sáric, Sonora, 1697
Santa Teresa de Atil, Sonora, 1697.
San Xavier del Bac, Arizona, 1699.
A estas misiones, de las que varias están aún en funcionamiento, hay que añadir las estaciones o visitas, pequeñas ermitas o dependencias que funcionaban como anejos de las misiones más organizadas. Varias misiones existen hoy día y la mayoría de ellas están declaradas Monumentos Históricos.
Literatura y ciencia:
Exposición astronómica de el cometa que el año de 1680, por los meses de noviembre y diciembre, y este año de 1681, por los meses de enero y febrero, se ha visto en todo el mundo, y le ha observado en la ciudad de Cádiz. Publicado en México en 1681 por F. Rodríguez Lupercio.
Crónica de la Pimeria Alta. Favores celestiales, una especie de diario/autobiografía en que recuerda sus viajes, aventuras y fundaciones desde 1687 hasta 1706. Tres ediciones reeditadas por el Estado de Sonora en 1913, 1958 y 1985.
Arte y vocabulario de la lengua nebe de las Californias o Carolinas, el cual incluye la gramática y el vocabulario de la variante sureña del cochimi, recopilado durante las exploraciones en San Bruno entre 1683 y 1884, las cuales colindaban con la región de Loreto y la lengua guaycura.
Cartografía:
El Padre Kino, observador extraordinario, hacía apuntes de sus numerosos viajes, dibujando mapas, anotando localidades, recorriendo ríos, etc., que han servido de base a una gran parte de la cartografía de las tierras por él visitadas. Se le atribuye la autoría de más de 30 mapas (de los que se conservan algunos), unos pocos dedicados a la California Baja, la mayoría a la Pimería Alta, cubriendo una superficie de unos 130.000 km2.
Espero sinceramente que este artículo, y en este 250 aniversario de la Declaración de la Independencia de USA, ayude a los lectores de Religión Digital a conocer algo mejor a uno de los grandes misioneros españoles que, al mismo tiempo que extendían la fe católica por lo que en su tiempo eran tierras españolas, ayudaron indirectamente a la creación del inmenso país que este año celebra su Independencia. Es más, espero sinceramente que más de un lector se decida a ampliar sus cocimientos sobre el gran Eusebio Francisco Kino, para lo que tiene a su disposición una amplia bibliografía.