León XIV, un Papa de crucifijo de madera, no de esmalte ni cristal
"León XIV no quiere una foto, busca un abrazo, una cercanía, un trato cálido que la jerarquía actual de la iglesia española, con pocas aunque honrosas excepciones, no ha aplicado en momento alguno"
Hay mucha curiosidad informativa sobre todos los detalles de la próxima visita del Papa León XIV a nuestro país. Curiosidad que se prolonga por el rumor de que el Santo Padre propondrá una cita fuera de agenda con víctimas y supervivientes de pederastia eclesiástica. Es evidente y seria burdo imaginar lo contrario, que si esa audiencia finalmente se lleva a buen término, estará presidida por un innegociable respeto de Prevost a las víctimas y por ello no es difícil argumentar los motivos de un secretismo, que en realidad no es tal, sino más bien la prudencia de un Papa cómplice con la causa, que busca dar consuelo y mostrar empatía, siguiendo con la senda que trazó Francisco durante su periodo de mandato.
León XIV no quiere una foto, busca un abrazo, una cercanía, un trato cálido que la jerarquía actual de la iglesia española, con pocas aunque honrosas excepciones, no ha aplicado en momento alguno de la gestión torticera y delirante desarrollada entre otras herramientas con el avieso Plan Priva, del que siguen llegándonos detalles, que tal vez un día habrá que relatar públicamente para que la ciudadanía sepa que bajo se puede caer sin, al parecer, sentir rubor.
Una visita pastoral y diplomática que León XIV realizará y que tiene entre sus puntos más relevantes la búsqueda de la unidad social, la reivindicación de derechos para los más vulnerables, el fortalecimiento de la espiritualidad para los creyentes y un ramalazo de fe y esperanza. Los y las que nos consideramos cristianos, hablo solo por mi, recibiremos a un Papa comprometido con la ecología, el reformismo y la lucha contra la pobreza en el mundo.
Un Papa de pisada en el barro, no en alfombras, un Papa de crucifijo de madera, no de esmalte ni cristal, un Pastor, no un príncipe. Un Papa al que muchos y muchas esperamos con los brazos abiertos, guiados por la creencia en el respeto del multilateralismo y del orden internacional marcado por la Carta de las Naciones Unidas.
León XIV recibirá a víctimas y supervivientes, y lo hará sin ruido, en armonía, sin condiciones y con el talante propio de un hombre de estado y un buen pastor. Su rol en el logro del acuerdo iglesia-estado es a día de hoy innegable, pese a los estériles intentos de Luis Argüello de negar lo evidente, actitud suya a la que tan acostumbrados nos tiene. El Estado español ya nos reconoció hace tiempo, a través del Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y del Congreso de los Diputados, con la única excepción de los iracundos ultraderechistas, trumpistas de verbo fácil y nulidad pragmática.
En el camino ya sin freno hacia el reconocimiento y la reparación, la dignidad humana y la luz interior, la de seres humanos con vidas destrozadas tras ser agredidos sexualmente por sacerdotes y religiosos, durante sus infancias y adolescencias, la más que probable recepción del Papa a las víctimas y supervivientes, será, sin duda, un trazo más en el dibujo definitivo de ese círculo a cerrar, en aras de una sanación. Un instante de luz, de pastoral cercanía, que desde ya, algunos y algunas celebramos.
Porque en esa reunión, estará León XIV, estarán las víctimas y de algún modo también Francisco. Porque los logros no son fruto de la magia o la suerte, son fruto del tesón y la dedicación constante. Como escribió el genial Julio Cortázar en la inmortal Rayuela : "¿A usted no le pasa que siente como si tuviera que haber vivido de otra manera, haber llegado antes a algunas cosas?"
Ad maiorem Dei gloriam.