Lola Josa: "'Cristianismo radical', el libro de Juan José Tamayo que te despierta o, como mínimo, te remueve la conciencia"
"Tamayo nos pide volver a la raíz evangélica no como nostalgia, sino como desafío. Nos pide un cristianismo menos doctrinal y cerrado, y más práctico en su capacidad liberadora"
Vivimos en una sociedad cada vez más violenta y menos sabia. Nuestro día a día se encuentra asediado por la beligerancia política; por guerras que se propagan con una facilidad aterradora; por feminicidios, por la persecución de mujeres que no están dispuestas a someterse al control del poder masculino, y por cifras económicas tan descomunales que, en un mundo acelerado hacia la desmesura, ya ni siquiera alcanzamos a comprender qué significan, aunque sí padecemos sus consecuencias: la desigualdad social, el desamparo, la intemperie.
Lo sintamos o no, nos rodea el exceso. El exceso de información, el exceso de ruido, el exceso de consignas. Y ese exceso nos daña en todos los aspectos humanos. Yen esta desmesura, los medios de comunicación participan sospechosamente: a veces amplifican lo estridente, otras veces trivializan lo decisivo, y con demasiada frecuencia convierten el dolor en espectáculo. No es extraño, entonces, que sintamos la existencia cercada: como si la vida estuviera sitiada por el miedo, por la prisa, por la polarización. Y, sin embargo, hay un gesto sencillo que todavía conserva algo de liberación. Me refiero a entrar en una librería en busca de interlocutores que nos cuenten con precisión, sin banalidades ni resentimiento, sin pesimismos ni auto referencialidades, qué es lo que ocurre en realidad. Y, sobre todo, qué comporta el ser humano no como sustantivo, sino como verbo.
En esa búsqueda, pocas cosas resultan tan decisivas como escoger un libro de Juan José Tamayo. Porque leerlo es un acontecimiento, te despierta o, como mínimo, te remueve la conciencia. Desde hace cincuenta años, Tamayo escribe obras que ponen palabras y argumentos a aquello que ha sido relegado por un paradigma sociopolítico y cultural donde el liberalismo económico se ha convertido en evangelio y en ley. Sus libros nos devuelven preguntas que el sistema intenta silenciar: ¿qué le debemos al prójimo?, ¿qué significa comunidad?, ¿qué valores nos singularizan como humanos precisamente cuando parece que podríamos prescindir de ellos?
Hoy nos convoca con la cuarta edición de su Cristianismo radical. Libro que, dentro de la fructífera trayectoria de Tamayo, podríamos leerlo como una síntesis de madurez porque en él convergen los temas principales que trabaja desde hace décadas (teología de la liberación, crítica al dogmatismo, giro intercultural e interreligioso, feminismo, ecología, utopía y memoria de las víctimas), pero con el pulso y el estilo próximo al manifiesto o programa. Se trata más bien de un itinerario experimentado por él, pensado y vivido; de una constelación de “cristianismos” que se proponen, ante todo, como praxis. En 2003, con su libro Nuevo paradigma teológico, Tamayo proponía despedirse del “paradigma dogmático” y abrir horizontes. Cristianismo radical recupera ese mismo trazo, pero lo traduce en clave práctica que exige no solo “cómo pensar la teología”, sino qué cristianismo nace de ese pensamiento. Algo decisivo, porque mueve a discernir un modo de vida. En este libro encontramos, a su vez, una coherencia ética que se fundamenta en un cristianismo “para los otros” y en la lectura crítica de las alianzas históricas entre Iglesia y poder.
Tamayo no escribe desde la comodidad; escribe desde la intemperie de quien sabe que el Evangelio pierde su nervio cuando se vuelve administración de privilegios. Y por eso su propuesta apunta a des clericalizar y despatriarcalizar, a limpiar el cristianismo de lo que le ha sido impuesto desvirtuando su espíritu. Se le ha convertido en un pretexto para un paradigma teopolítico obsesionado por el control, por la tentación del dogma como frontera y el miedo a la libertad. Resulta inevitable, asimismo, recordar la cicatriz doctrinal sufrida por el propio Tamayo cuando se le cuestionaron sus planteamientos y se le negó la legitimidad para enseñar teología. Ese conflicto, lejos de ser un detalle biográfico, explica la posición desde la cual escribe y convierte Cristianismo radical en una obra que ofrece una propuesta espiritual o ética, y en otra de sus obras donde reafirmar otro modo de hacer teología menos dependiente del control institucional y más vinculado a la necesidad real del momento histórico. Dicho de otro modo, la teología de Juan José Tamayo no pide permiso para mirar a las víctimas a los ojos.
Nuestro presente también pesa. En su etapa más reciente, Tamayo había insistido en el Sur Global, en la necesidad de escuchar las teologías que nacen en los márgenes. También entra de manera más directa en la coyuntura político-cultural, en el auge que vemos de la ultraderecha, los discursos de odio, la tentación de utilizar “lo cristiano” como identidad de choque. En este clima, el libro actúa como una bisagra capaz de recapitular a propósito de una trayectoria y, desde ella, poder legitimar una respuesta a una disputa urgente por el significado público del cristianismo. Tamayo lo dice sin rodeos: hay que evitar el secuestro de lo cristiano por lo que denomina “cristo neofascismo”. Y ofrecer, a cambio, desde la teología de la liberación, alternativas creativas a los grandes conflictos contemporáneos.
La propia construcción del libro lo confirma. Tras una introducción autobiográfica (“Mi itinerario hacia un cristianismo radical”), se suceden capítulos centrados en el cristianismo liberador frente a la pobreza estructural; alter globalizador; feminista; ecológico; intercultural e interreligioso; contrahegemónico; pacifista; hospitalario ante la xenofobia; utópico; laico; no dogmático; compasivo con las víctimas; simbólico e indignado y, finalmente, una reflexión sobre el mundo irreligioso y la resistencia política con referencia a Bonhoeffer. Un genuino mapa, una brújula que nos guíe en forma de esperanza. A lo largo de la lectura, encontramos que el autor rehabilita la palabra “radical” sin caer en el cliché del extremismo. Radical no como fanatismo, sino como regreso a la raíz. En un momento en que lo “radical” se asocia a violencia o sectarismo, Tamayo nos recuerda que la raíz del Evangelio no es el miedo, sino la liberación.
Por otro lado, ofrece un enfoque integral, casi interseccional, de los frentes que hoy se entrecruzan: economía y pobreza, feminismos, ecología, colonialidad, xenofobia, paz. La teología propuesta por Tamayo no se refugia en su torre teórica, sino que se compromete para leer el mundo, porque un cristianismo que solo habla de sí mismo termina por convertirse en un museo de lo sagrado. Junto a todo ello, merece ser destaca su capacidad de síntesis y pedagogía. El lector encontrará páginas escritas para abrir un debate enriquecedor, para acompañar a los no especializados, sin traicionar, por ello, la complejidad de la dialéctica propuesta, siendo capaz de ordena un ecosistema amplio de tradiciones y convertido en recorrido. Además, su diagnóstico histórico-político de la alianza con el poder tiene la función de incomodarnos y llevarnos a la pregunta de qué cristianismo hemos heredado y cuál estamos dispuestos a vivir. Que el prólogo sea de Leonardo Boff es una señal de pertenencia. Sitúa el libro en la genealogía profética y utópica de la liberación, en ese cristianismo que no se contenta con consolar conciencias, sino que quiere transformar la historia.
Llegados aquí, tal vez lo más importante sea entender lo que este libro nos pide. Nos pide volver a la raíz evangélica no como nostalgia, sino como desafío. Nos pide un cristianismo menos doctrinal y cerrado, y más práctico en su capacidad liberadora. Nos insta a salir del exceso (del exceso de seguridad identitaria, del exceso de indiferencia) para adentrarnos en lo esencial: en el prójimo, en la comunidad, en la justicia, la memoria de las víctimas, el cuidado de la tierra, la dignidad de las mujeres, la hospitalidad ante el extranjero, la paz frente a la guerra, la esperanza frente al odio. En un mundo que nos empuja a endurecernos, Tamayo nos invita a radicalizarnos de otra manera en nuestra búsqueda de la raíz de lo humano. De su ser. Y quizá por eso, en medio de esta época cercada, abrir Cristianismo radical es más que leer un libro: es ensayar una libertad. Es recordar, con lucidez, sin banalidad, sin pesimismo, que todavía podemos elegir qué hacemos con lo que somos. Y que aún podemos, con los otros, volver a empezar.