Luis Marín: "Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito"
"Soy consciente de que el servicio a los pobres remite al Evangelio. Ellos nos evangelizan", sostiene el nuevo limosnero papal
El Santo Padre ha tenido a bien nombrarme limosnero apostólico y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Este Dicasterio “es una expresión especial de la misericordia y, a partir de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, realiza en favor de ellos en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda en nombre del Romano Pontífice” (Praedicate Evangelium, 79).
Tras cinco años trabajando como subsecretario en la Secretaría del Sínodo, llega el momento de emprender otros caminos en el servicio a la Iglesia, Pueblo y Familia de Dios, a la que amo con todo mi ser y a la que deseo servir en lo que me pida, en lo que necesite de mí, como un hijo con su Madre.
Quiero expresar mi profundo agradecimiento al papa León XIV por su confianza. Reitero mi fidelidad al sucesor de Pedro y empeñaré todas mis fuerzas, lo que tengo y lo que soy, en esta nueva misión: con fidelidad, implicación y entusiasmo.
Los años vividos como subsecretario del Sínodo han sido de enorme riqueza para mí. Destaco la vitalidad de la Iglesia, que ahuyenta las sombras del pesimismo y la resignación. He conocido a muchos “santos de la puerta de al lado” que, con sencillez, coraje y alegría, viven y testimonian su fe y siembran Evangelio.
Mi agradecimiento al inolvidable papa Francisco, que me llamó a colaborar en este tiempo de renovación y esperanza
Recuerdo especialmente al cardenal Mario Grech y a mis compañeros de la Secretaría General del Sínodo. El Señor los bendiga abundantemente. Y mi agradecimiento al inolvidable papa Francisco, que me llamó a colaborar en este tiempo de renovación y esperanza. Con buena voluntad, he procurado fortalecer la comunión, desarrollar la corresponsabilidad diferenciada e impulsar la misión evangelizadora.
Quiero mirar siempre a Cristo. Él da sentido a mi vida. Reitero lo que dije el día de mi ordenación episcopal: “Hubo un tiempo, Señor, en el que te preguntaba: ¿Por qué me has elegido? ¿Por qué yo? Tan frágil e insuficiente. No te pregunto ya. Solo te sigo. Pero no en la distancia, sino a tu lado. Por favor, pon tu mano en la mía, pon tu brazo sobre mis hombros. Vamos juntos. Tengo necesidad de ti, porque tú eres el centro. ‘Esto sólo sé: que me va mal lejos de ti, no solamente fuera de mí, sino aun en mí mismo; y que toda abundancia mía que no es mi Dios, es indigencia’ (San Agustín, Confesiones, 13, 8, 9). Siempre juntos, Señor; siempre contigo”. Mi vida y mi servicio episcopal son una historia de amor. “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero” (Jn 21, 17).
Comienzo ahora mi andadura como limosnero apostólico y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Hermoso y exigente servicio. Espero continuar la esforzada y magnífica tarea realizada por el cardenal Konrad Krajewski en estos años. Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito, que es el de Cristo. Como cristiano, como pastor, debo revelar el verdadero rostro del amor divino. Como nos ha dicho el papa León XIV, “la santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad. Los más pobres entre los pobres —los que no sólo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad— ocupan un lugar especial en el corazón de Dios. Son los preferidos del Evangelio, los herederos del Reino (cf. Lc 6,20). Es en ellos donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica” (Dilexi te, 76).
Sé que no estoy solo. Soy hijo de la Iglesia, formo parte del Pueblo de Dios. Caminamos juntos. Por eso, con humildad y confianza, pido a mis amigos y a todos cuantos quieran ayudarme, que, por favor, recen por mí. Necesito el sólido apoyo de la oración.
Por lo demás, soy consciente de que el servicio a los pobres remite al Evangelio. Ellos nos evangelizan.
Gracias, amigos. Siempre en comunión.
Vaticano, 12 de marzo de 2026
+ Luis Marín de San Martín, O.S.A.