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El Mundial y las religiones: una cuestión de fe

"La luz" de la verdad. A propósito de la película “La luz”, de Fernando Franco

Fotograma de la película

“… y al deshacerse nuestra morada terrenal,  

adquirimos una mansión eterna en el cielo” 

Prefacio I de las Eucaristías de difuntos. 

Musicalizado por “Niño de Elche”, bajo el título: 

“El prefacio a la malagueña de El Mellizo” 

(Canción final de la película “La Luz”) 

1.- INTRODUCCIÓN 

Existe toda una teología de la Luz, que -basándose en la Palabra de Dios, sobre todo en los textos del Nuevo Testamento, pone de manifiesto que Cristo es LA LUZ, “el sol que viene de lo alto, luz para alumbrar a las nacionesy que ha vencido a las tinieblas. La liturgia de la Iglesia resulta especialmente luminosa en las tres noches santas, que son tres cantos potentes sobre la victoria de la luz frente a la tiniebla.  

* La Misa de Medianoche en la Natividad del Señor en donde se lee a Isaías: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombras y una luz les brilló” es toda ella una celebración luminosa en medio de las tinieblas de una humanidad dominada por muchos yugos, entre ellos el imperialismo de Roma.  

* La Misa de Pascua, la Vigilia Pascual, es toda ella un inmejorable canto a la victoria de Cristo Resucitado, la luz (el cirio pascual) que preside toda la celebración desde el lucernario y a cuyo paso se van encendiendo las velas de todos los participantes y también, progresivamente las luces del templo al triple canto “Luz de Cristo. Demos gracias a Dios”, hasta que -una vez entronizado- se canta el pregón pascual en donde se nos exhorta: “Alégrese la tierra inundada por la nueva luz, el esplendor del Rey, destruyó las tinieblas” y más tarde reconoce que esta luz, que es Cristo: “brilla sereno para el linaje humano”. Es la noche que recuerda y actualiza la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, orientados por una “columna de luz”.

* Por último, cincuenta días después, llega la noche de Pentecostés, celebra la luminosidad del Espíritu que se manifiesta como viento impulsor, como agua purificadora y como luz que alumbra una nueva creación: “Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos”. 

Podríamos seguir con multitud de textos bíblicos, de ritos litúrgicos, de himnos y cánticos… Resumo todos ellos con este texto del cual estoy especialmente enamorado, por su belleza y por su vocación totalizadora: “la noche no interrumpe tu historia con el hombre, la noche es tiempo de salvación” 

Consensuemos una cosa antes de seguir: si la luz simboliza y expresa a Dios Trinidad (Dios Creador del día frente al caos de la noche; Jesucristo luz del mundo y el Espíritu Santo iluminador); la noche (tinieblas, sombras…) quieren poner palabra a otra realidad antagónica a Cristo: al demonio, Satanás, al espíritu del mal, al pecado… ¿De acuerdo? Este es el universo simbólico del que partimos. Quiero recordar aquí, de antemano que uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II, la constitución dogmática, que marcó una nueva auto-comprensión del misterio de la Iglesia, se titula “Lumen Gentium” (“Cristo es la luz del mundo” 21 de noviembre de 1964). Mucho más tarde, y entrando ya en el tema de la película, el Papa Francisco tituló “Vos estis lux mundi” (Vosotros sois la luz del mundo, 25 de marzo de 2023) a la carta apostólica en forma motu Proprio en la que se regulan las normas a la hora de proceder ante los abusos perpetrados en el seno de la Iglesia católica y que la Conferencia Episcopal Española tituló “Para dar luz” (diciembre 2023), el informe en el que recoge toda la documentación normativa en la prevención, en el cuidado y en los protocolos de actuación. ¡La luz por todos los lados!, al menos en las nomenclaturas. ¿será porque hemos vivido demasiado tiempo bajo el imperio de las tinieblas?

2.- PARÉNTESIS 

Hago un pequeño paréntesis en el relato. Tómenlo como un anexo, o como una nota a pie de página. Por todo esto que voy exponiendo, no puedo comprender cómo se ha programado el encuentro del Papa León XIV -en su visita apostólica a España- con las víctimas de abuso sexual en el marco de la iglesia católica. Da toda la impresión y hablo con un poco de atrevimiento e ignorancia -lo reconozco-, de que ha sido un encuentro improvisado por la presión mediática, sin espacio para la agenda oficial. Si así fuera, cabe preguntarnos ¿no se habrá realizado -nunca mejor dicho- sin “luz” y sin “taquígrafos” (sin cámaras, sin periodistas…)? Da la impresión que se ha celebrado como “a la sombra” (las seis víctimas fueron transportadas en una taxi con las lunas tintadas) y en medio de una densa protesta de varias asociaciones de víctimas que tuvieron que contemplar esta escena, desde la acera de enfrente de la Nunciatura Apostólica de Madrid. Aunque los diversos encuentros del Papa León en España me están resultado francamente bellos y LUMINOSOS (discurso inaugural, encuentro en el centro de Cáritas de La Latina, la Vigilia de oración, la Misa en Cibeles, el encuentro “Tejiendo redes”, el encuentro en las Cortes, el encuentro con los obispos en la CEE, el encuentro con la Diócesis de Madrid en el Bernabeu, el encuentro con los voluntarios... Todo precioso, bien organizado y acentuando cosas verdaderamente trascendentes para el caminar de la sociedad y de la iglesia dentro de ella en estos momentos de la historia. Por tanto, dentro de un clima de alegría inmenso, permítanme que les diga que “esta ausencia” y este modo de realizar el encuentro con estas seis víctimas (que sí me representan y respeto profundamente el valor de su testimonio, tan valioso como el de cualquiera) me suena a “más de lo mismo”: ¿encubrimiento?, ¿falta de trasparencia?, ¿muros a la escucha sincera y sin restricciones (que es la que puede sanar)?… ¿“Modus operandi” consolidado?, ¿Para cuándo un cambio?... Por poner un poco de sentido del humor (no peleado con el amor) traeré aquí a colación aquel chiste en el que un aviso parroquial convocaba a una reunión para el grupo de “baja autoestima” y les informaba que la reunión sería en la sata “X” a la hora “tal” y les decía bien clarito que no entraran por la puerta principal, sino por la trasera. No es que quiera que el tema de los abusos sea monográfico (deliraría), pero hacerlo tan “simbólico”, me deja un sabor de “residual” o algo así… Entre que fuera “central”, a que parezca “residual”, me gustaría que hubiese habido “normalidad”. Nada más. Un poco de normalidad. Con eso hubiera sido suficiente. 

3.- COMENTARIO DE LA PELÍCULA 

Fernando Franco (Sevilla 1976), es el director y guionista de esta película -incómoda, pero luminosa- titulada “La luz” (2026), en la que narra el camino de arrepentimiento interior y la confesión pública del sacerdote Manuel Monsalve (Alberto San Juan) que ha sido acusado por abusar de tres niños cuando -siendo 30 años más joven- trabajó como sacerdote en un colegio de la Iglesia en su diócesis natal. Sobre él se practicó el “modus operandi” tópico y desafortunado de cambiarlo de parroquia (también de diócesis). 

Según he podido deducir después de verla con gran concentración reflexiva (quizá porque es un tema muy vivo en mi biografía y ante el que estoy especialmente sensible), creo que la película está montada sobre este universo simbólico del que venimos hablando: “la luz frente a las tinieblas”. La película es como una parábola impresionante de esa batalla (que fundamentalmente se juega en la conciencia, pero también en otros escenarios) entre la noche y la luz. Yo veo en ella, a través de toda la riqueza del lenguaje cinematográfico (planos, luz, música, relatos…) la historia de estas luchas: 

* La lucha entre la luz de la verdad contra la tiniebla del silencio. La verdadera luz sólo resplandece en la humildad de la verdad. 

* La contienda entre la luz del arrepentimiento frente la noche del encubrimiento;  

* El debate entre la luz de la verdad integral ante el imperio de la mentira que todo lo maquilla, lo distorsiona y lo envilece cuando se pone al servicio de otros intereses que no sea poner a la persona (víctimas y victimarios) en el centro. 

No esperen que el sacerdote que interpreta Alberto San Juan sea presentado como un monstruo, o un degenerado, o un hombre en ruinas… No. Nada de eso. Por lo menos en las apariencias Manuel es un hombre cabal, educado, sereno, cercano a la gente. Es un buen cura. Quiere ser honesto y coherente. Busca sinceramente una salida para su vida. Reza, celebra, acompaña al Pueblo de Dios… y lo hace -aunque con un perfil pastoral muy bajo y discreto, con solvencia y aplauso de la feligresía reconocida en varias ocasiones por sus dos obispos (el arzobispo Tamargo y el obispo auxiliar Alcalá ).

Este sacerdote manifiesta una ternura muy humana especialmente con tres personas: con su madre ya muy anciana pero cabal (María Galiana), con Víctor, su amante inmigrante (Santiago Mallorga) y con Jaime, su sacristán sordomudo ). Comprende que no es viable mantener una “doble vida” y ha tratado de poner medios -primero para superar una “enfermedad” (por llamarla de alguna manera comprensiva y benévola) que le hizo ser un devastador de la vida de tres niños y más tarde para dejar el ministerio y poder iniciar una vida de pareja con Víctor. Se abre a un proceso interior (oración, reflexión…) y también comete errores o salidas en falso (buscar el perdón de las víctimas para silenciarlas). Tiene una lucha interior que refleja en su cuaderno de bitácora. Trata de pedir ayuda a compañeros y superiores, pero esa ayuda es raquítica, insuficiente y no radical (no va a la raíz, ni afronta de manera integral el problema, porque, aunque trata de buscar una solución para el victimario, se olvida de las víctimas). Es un personaje complejo. El espectador pasa por diversos estados, desde la compasión al rechazo; desde la crítica a la admiración. En el fondo, el guionista y director ha querido presentarnos toda la complejidad humana y moral del asunto y a la vez ofrece una salida muy novedosa, inédita y tremendamente elocuente: la confesión y la lucha por una verdad sin defensa posible. 

* ¿Qué victimario en el mundo llama a un periodista (Iñaki, interpretado por Luis Callejo) y le cuenta la verdad sin tapujos?,  

* ¿Qué abusador rehúye de la legítima defensa de un abogado, porque no se cree con derecho a ella? * ¿Qué abusador se inmola de esta manera? (¿primero ante su feligresía en una confesión tan insólita como inaudita y luego, más tarde, ante toda la opinión pública y sociedad?) 

* En qué texto de la iglesia española -aunque sean textos explícitos sobre el tema de los abusos- se habla con tanta verdad, claridad y contundencia? 

Por el camino este cura abusador va dejando regueros de verdades, alimentados con personas y escenas con poderosas cargas simbólicas 

* La luz de la verdad que significa poner de manifiesto que en la iglesia ha habido mucho silencio encubridor, que es peor que la mentira. El peso narrativo que en la película tiene el juicio canónico y los posicionamientos de la jerarquía, dan mucho qué pensar. 

* La luz de la verdad que pone de manifiesto las vergüenzas y las contradicciones de los poderosos instrumentos que la iglesia siempre ha mantenido y en los que se ha refugiado: el derecho canónico y la política comunicativa de la iglesia, que siempre van con retraso y a rebufo de los hechos. Las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal suenan a “cuento chino”, pero tristemente ¡son tan reales! 

* La luz de la verdad que pone al descubierto una vida sacerdotal con frecuencia llena de soledades, descuidos, incomprensiones, de ausencia de talla humana (sacerdotes solos, silenciados, rotos…). El sacerdote que encarna Ramón Berea, que fue secretario y responsable del archivo y que también tiene “muertos en el armario” también es otro poderoso personaje cargado de verdades ocultas. 

* La luz de la verdad que hace que ésta (la verdad) sea el lenguaje más comprensible y necesario. En la película aparece por dos veces el deseo de adaptarnos a los nuevos lenguajes (nuevo lenguaje musical de alto impacto entre los jóvenes, el esfuerzo por adaptarnos al lenguaje de signos…) Pero el lenguaje que todo el mundo entiende y el más auténtico es la verdad y la humildad. 

* La luz de la verdad que significa pasar de ser victimario a ser víctima, como una especie de inmolación ante varios tribunales: el tribunal de la opinión pública que consume medios de comunicación sensacionalistas y de fácil opinión, el tribunal del miedo social que se toma la justicia por su cuenta… Todas estas noches, de nuevo ocultan la luz. 

* La verdad -finalmente- queda reservada a Dios y al juicio final. Es muy llamativa la llamada a la lectura escatológica de la historia. Es como si se validara la expresión del místico San Juan de la Cruz: “al atardecer de la vida nos examinarán del amor” Sorprende y conmueve que el final de la película se desenvuelva en esta clave.

4.- ATENTOS AL UNIVERSO SIMBÓLICO DE LA PELÍCULA 

Para terminar, quiero que estén ustedes atentos al potente universo simbólico que tiñe la película desde principio a fin. A mí me han resultado todos muy elocuentes (unos más que otros). En un cine fórum se podrían comentar y redimensionar uno a uno. Sólo los enumero y los defino escuetamente. Casualmente me salen siete, igual que el número de los sacramentos. Quizá sea esta una simple casualidad o la llamada a renacer todos a una nueva oferta de la Gracia. 

1.- El perfume: cuando a la víctima se le queda en la retina de su corazón el olor del perfume de su victimario. 

2.- La basura ordenada para reciclar: la preocupación por ordenar la basura, cuando la vida está desordenada. Es mejor reciclar la existencia que la basura. Su madre, persona cabal y sabia, no ordena la basura, pero tiene las ideas y la vida ordenadas. 

3.- La procesión de Semana Santa con las imágenes, la música y los cofrades ocultos en los capirotes. Ofrece el contrapunto de una religiosidad aparentemente sentida y profunda, pero “sin alma” y despiadada. 

4.- El cementerio, el nicho, la corona que se marchita. Todo muy poético. Quizá ese sea el juicio más suave que todos recibamos. Ese viento suave que marchita las flores de la corona, es un aviso de que necesitamos que el un “aire nuevo” desvele la verdad de lo que somos.  

5.- El prefacio primero de difuntos del misal romano, musicalizado por el Niño de Elche y ofrecido mientras van pasando los créditos al fin de la película: de gran calado estético y de una potencia emocional muy lograda. (la clave escatológica, a la que ayuda bellísimamente esta canción. La gente suele saltárselos, por la prisa de salir, pero -por favor- cierren los ojos y aguanten hasta el fin de la canción. 

6.- Los regalos que hace: al amante, al sacristán y al periodista. Son objetos instrumentales de su vida pasada de los que se va despojando, no porque no los valore, sino porque son los símbolos de una vida de la que ha decidido salir. 

7.- Las confesiones primero la del del confesionario, luego la confesión patética ante la víctima que le ha denunciado poniéndose de rodillas en un bar y -por último- la confesión ante los feligreses al terminar la misa. Tres confesiones de muy distinto calado, que en el fondo son el “live motiv” que sostiene todo el argumento 

Termino con la oración de postcomunión de la misa que ayer celebrábamos en la Iglesia católica de todo el mundo, correspondiente al domingo X del tiempo ordinario:  

“Que tu acción medicinal, Señor, nos libere,  

misericordiosamente, de nuestra maldad  

y nos conduzca hacia lo que es justo.  

Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Amén” 

 

*Sacerdote de la Diócesis de Salamanca, en León.

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